Todos dependemos de la naturaleza; su cuidado es una responsabilidad ciudadana

Opinión

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Sumando Voces

El cuidado del medio ambiente no es exclusivo de quienes se consideran “ambientalistas”. Es el lugar donde vivimos, respiramos, comemos, bebemos agua y construimos nuestras comunidades, todos dependemos de la naturaleza.

Por eso comprender cómo funciona y aprender a protegerla no debería ser preocupación de unos pocos ni una cuestión asociada a determinada ideología. Debería formar parte de nuestra educación y de nuestra manera de entender el ejercicio de la ciudadanía.

Hablar de medio ambiente es hablar de salud, economía, cultura, territorio y sobre todo de futuro. Porque aquello que ocurre con nuestros bosques, nuestros ríos, nuestros suelos y nuestro aire, todo eso determina las condiciones en las que viviremos nosotros y las generaciones que vienen.

La educación suele enseñarnos matemáticas, lenguaje, historia o ciencias, pero muchas veces no nos enseña algo tan básico cómo funciona el lugar del que depende nuestra vida. La “educación ambiental” en los colegios no debería reducirse a enseñar a reciclar, plantar un árbol o no botar basura. Debería ayudarnos a comprender que somos parte de un sistema vivo y que nuestras decisiones tienen consecuencias, porque difícilmente podremos proteger aquello que no conocemos y será muy difícil asumir una responsabilidad sobre aquello que nunca aprendimos a comprender.

Pero también necesitamos conocer el otro lado de la realidad. No se trata solamente de mostrar la belleza de sus paisajes, sus bosques, sus ríos, y toda la diversidad de nuestro país. Debemos preguntarnos qué está pasando con esos territorios; quiénes o qué actividades están poniendo en riesgo aquello que nos sostiene.

En Bolivia los incendios, la deforestación, la minería, el avance de frontera agrícola y la contaminación de los ríos están afectando a comunidades y ecosistemas enteros.  

En este contexto, desde hace años la CONTIOCAP (Coordinadora Nacional de Defensa Territorios Indígenas Originarios Campesinos y Áreas Protegidas) viene denunciando la afectación de los ríos y de las fuentes de agua por la actividad minera. Y hablar de agua es hablar de la vida. Y aquí es importante entender que el problema no termina en las comunidades que viven cerca de una actividad minera, el agua conecta territorios, comunidades y ecosistemas. Lo que ocurre con un río, una fuente de agua o una cuenca puede tener consecuencias mucho más amplias y terminar afectando a otras poblaciones.

Por eso, cuando hablamos de contaminación del agua, no estamos hablando solamente de un problema ambiental o de la preocupación de quienes viven en esos territorios. Estamos hablando de un problema que nos concierne como país. El agua es indispensable para nuestras actividades económicas y nuestra propia vida. 

Como sociedad deberíamos prestar verdadera atención a estos temas, informarnos, escuchar a las comunidades que están viviendo estas problemáticas; preguntarnos qué está ocurriendo con nuestros territorios también es una forma de ejercer ciudadanía.

 No podemos mirar la destrucción de un bosque, la contaminación de un río o la afectación de una comunidad como algo lejano simplemente porque no sucede frente a nuestra casa. Lo que hoy afecta a una comunidad puede mañana afectar a muchas otras.

Por eso, el cuidado del medio ambiente en el que vivimos no puede ser responsabilidad solo de un sector, es una responsabilidad colectiva, Cuestionarnos que estamos haciendo como sociedad frente a esa realidad debe ser nuestro deber; porque la naturaleza no es algo que está fuera de nosotros: somos parte de ella.

Fátima Ruíz es integrante de la Plataforma de lucha por la Amazonía Boliviana (LxA).

Las opiniones de nuestros columnistas son exclusiva responsabilidad de los firmantes y no representan la línea editorial del medio ni de la red.

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