Bolivia: declaran emergencia por sequía extrema y pronostican incendios en la Amazonía

Desarrollo

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Yenny Escalante

MONGABAY

Datos clave:

  • Bolivia empieza a enfrentar temperaturas superiores a las habituales, un mayor riesgo de incendios forestales y cambios significativos en el comportamiento de las lluvias.
  • La región del Altiplano es la más afectada por las sequías, donde 26 municipios declararon alerta roja debido a la falta de agua.
  • En la Chiquitania comenzaron a trasladar agua potable en camiones cisternas para abastecer a la población.
  • Expertos advierten que tanto en la Chiquitania como en la Amazonía los incendios pueden volver a extenderse.

Algunas zonas de Bolivia ingresaron en un periodo crítico por sequías. Al 24 de agosto, 26 municipios se declararon en estado de emergencia o de alerta roja por sequías extremas. Este fenómeno ya golpea a seis de los nueve departamentos del país. Aunque la situación crítica está en el Altiplano boliviano, en la Amazonía y el Chaco la sequedad todavía es moderada, pero la previsión apunta a una época dura de incendios y falta de lluvias. Los expertos pronostican que estos escenarios de deben a la llegada de El Niño, el fenómeno climático que provoca el aumento de la temperatura del océano Pacífico.

Los primeros efectos de la sequía por la ausencia de lluvias, fenómeno que está en fase inicial en Bolivia, afecta principalmente cultivos y ganado.

Oruro es el departamento más afectado por la escasez de agua. En esa región, en pleno Altiplano y es frontera con Chile, existen 17 municipios que están en emergencia por la sequía entre severa y extrema, según la herramienta Monitor de Sequías de Bolivia, del Servicio Nacional de Meteorología e Hidrología (SENAMHI). Los otros municipios afectados están en La Paz, Potosí y Chuquisaca. En la Amazonía hay zonas donde la sequía todavía tiene un grado moderado, pero el pronóstico es que empeore. Lo mismo, para el Chaco.

Las zonas rojas son las afectadas por la sequía. El Altiplano es la región más afectada, pero hay sequías moderadas en la Amazonía. Fuente: Monitor de Sequías Bolivia

Esta herramienta detalla a julio de 2026 que la situación más compleja está en la región del Altiplano, “donde se observa una cobertura casi total de condiciones de déficit hídrico, con una fuerte concentración de sequía débil, en el sector este y norte sequía moderada y múltiples núcleos de sequía”.

Jorge Molina, docente, investigador del Instituto de Hidráulica e Hidrología de la Universidad Mayor de San Andrés (UMSA) de La Paz y especialista en Variabilidad y Cambio Hidroclimático, explicó a Mongabay Latam que las sequías en diferentes zonas están asociadas con el fenómeno de El Niño. Debido a este factor, dijo que el escenario es crítico para Bolivia con sequías de “niveles catastróficos” en el departamento de Potosí y un “alto riesgo” de incendios forestales en la Amazonía.

“El problema con Potosí es que en esa región es donde se manifiestan las sequías más fuertes, podrían llegar a ser hasta catastróficas. En los llanos amazónicos generalmente no hay sequía en diciembre, enero, febrero, que es el núcleo de la temporada de lluvias, pero sí puede haber sequía antes, en septiembre, octubre, noviembre”, detalló Molina.

El experto afirmó que la combinación de sequía con altas temperaturas en los meses de septiembre, octubre y noviembre crea condiciones favorables para los incendios, puntualmente en el caso de la Amazonía. Sobre el bioma del Chaco, Molina dijo que es un caso complejo, ya que es una zona seca, pero que a fin de año tiene lluvias.

Según el SENAMHI, en el último trimestre de este año, Bolivia sentirá el impacto de El Niño con una categoría “muy fuerte”, con incremento de la temperatura de forma general, lluvias escasas y sequías en el occidente, en las regiones de Altiplano y Valles. Pero los impactos de este fenómeno climático podrían ser muy diferentes en el oriente del país: se pronostican torrenciales aguaceros e inundaciones.

Incendios y sequías: una combinación que se repite con El Niño

Bolivia ya empezó a arder. El fuego consume hectáreas de bosque en la Chiquitania, Chaco y amenaza con extenderse hacia la Amazonía. El país atraviesa una de las transiciones climáticas más complejas de su historia reciente y las comunidades indígenas y campesinas empiezan a sentir los efectos de las sequías, según detalló el Centro de Investigación y Promoción del Campesinado (CIPCA). Jean Carla Rivero, del equipo de CIPCA Regional Norte Amazónico, afirmó a Mongabay Latam que quienes cultivan la tierra en los Valles y el Altiplano están presenciando cómo las grietas se abren en el suelo, cómo las fuentes de agua se reducen drásticamente y cómo los cultivos se pierden por el déficit hídrico.

Rivero detalló que, de acuerdo al SENAMHI, Bolivia ingresa a una etapa de sequía. La experta explicó que las regiones del Altiplano, los Valles, Yungas-Chapare, la Chiquitania y sectores de la Amazonía presentan suelos “extremadamente secos” y esto significa, dijo, que la humedad del suelo está muy por debajo de lo normal. “Ahora, la vegetación, los árboles, arbustos, pastizales, tienen un contenido de agua mínimo”, remarcó.

Hay zonas donde la sequedad llegó al extremo y afectó la producción de cultivos y ganado. Foto: cortesía El Deber

“En la Amazonía enfrentan una realidad igualmente crítica: los ríos, que en la temporada de lluvia amenazaban con desbordarse, ahora enfrentan una sequía hidrológica. Pando, Beni y el norte de La Paz son testigos de cómo la sequía y la humedad se alternan con una velocidad que no deja tiempo para la recuperación”, resaltó Rivero.

Según la experta, esta heterogeneidad en el clima no es casual y la califica como “la expresión de un clima que ya no responde a patrones predecibles, es el reflejo del cambio climático que se manifiesta con más contundencia cíclica”. Al cambio climático, explica, se suma El Niño, cuyos impactos pocas autoridades anticiparon.

El pronóstico del SENAMHI para agosto y septiembre de este año es alarmante. La entidad pública, según Rivero, reporta “cero milímetros de lluvia” en todas las regiones críticas y temperaturas máximas de hasta 36 °C. También se pronostica humedad relativa que desciende hasta el 30 % en los valles de Tarija, al sur de Bolivia, y vientos en el noroeste que pueden superar los 30 kilómetros por hora en el Norte Integrado de Santa Cruz.

Óscar Paz Rada, investigador emérito del Instituto de Ingeniería Sanitaria y Ambiental de la Universidad Mayor de San Andrés (UMSA) de La Paz y experto en cambio climático y resiliencia, explicó a Mongabay Latam que la presencia de El Niño en Bolivia genera preocupación debido a que ocurriría en un contexto de cambio climático más cálido que el experimentado durante eventos históricos anteriores. El experto detalló que los últimos 11 años fueron los más cálidos registrados, lo que implica sequías más graves en varios puntos del país.

“Una complejidad adicional a considerar es que, durante períodos de sequía asociados a El Niño, los glaciares funcionaron históricamente como reservas estratégicas de agua. Sin embargo, su reducción ya denunciada desde hace muchos años por importantes investigaciones de la UMSA tendería a limitar cada vez más esta capacidad de amortiguación y resiliencia”, destacó Paz Rada.

En 2016, Bolivia sufrió su peor año de sequías en varias zonas del país. En el Chaco hubo grandes perdidas de ganado y cultivos. Foto: cortesía Nativa

Mientras, Mónica Guzmán Rojo, hidrogeóloga con doctorado en Ciencias de la Ingeniería por la Vrige Universiteit Brussel, profesora e investigadora de la Universidad Católica Boliviana (UCB), sede Santa Cruz de la Sierra, afirmó a Mongabay Latam que la sequía reduce la humedad del suelo y de la vegetación y seca la materia orgánica que funciona como combustible natural del fuego. “Por eso, aunque la ignición tenga muchas veces un origen humano -como ocurre en buena parte de la Chiquitania-, en condiciones de sequía un foco [de incendio] puede propagarse con mayor facilidad y alcanzar mayor intensidad”, detalló.

Una círculo de retroalimentación

La experta añadió que existe la posibilidad de generar una especie de círculo de retroalimentación entre fuego y escasez de agua. “En un artículo que publicamos sobre incendios y recarga de aguas subterráneas encontramos que, después de un incendio, la disminución de la humedad del suelo puede favorecer incendios posteriores al secar aún más los combustibles orgánicos. Es decir, la sequía favorece condiciones para el fuego, pero el propio incendio puede deteriorar después las condiciones hidrológicas del territorio y aumentar su vulnerabilidad futura”, explicó Guzmán Rojo.

La hidrogeóloga boliviana detalló que en un estudio realizado en el municipio de San José de Chiquitos, departamento de Santa Cruz, se estimó que mediante modelación un incendio hipotético de alta severidad podría reducir la recarga de agua subterránea aproximadamente en un 39.5 % durante el primer año posterior al incendio. “Esto no significa que todos los incendios produzcan esa reducción, pero muestra que en un territorio ya expuesto a escasez de agua incendios severos pueden profundizar la vulnerabilidad hídrica”, dijo.

Justamente en San José de Chiquitos, el gobierno municipal activó el envío de camiones cisternas para proveer agua potable ante el descenso de la presión en los grifos. La Alcaldía atribuyó la escasez de agua a la pérdida de caudal en los pozos como consecuencia de la sequía. Esa entidad informó a medios locales que continuará con el abastecimiento mediante camiones cisterna mientras concluyen los trabajos destinados a incrementar la provisión de agua potable.

En el municipio de San José de Chiquitos empezaron a distribuir agua en cisternas para abastecer a la población. Foto: cortesía El Deber

Lo mismo sucede en algunos municipios de los departamentos de Oruro, Chuquisaca, Potosí y La Paz. En Chuquisaca, por ejemplo, hay nueve municipios que trasladan agua en camiones cisternas para la población. Según la Asociación de Gobiernos Autónomos Municipales de Chuquisaca (Agamdech), en ese departamento hay 40 000 familias afectadas.

La viceministra de Recursos Hídricos, Riego, Agua Potable y Saneamiento Básico, Viviana Mariscal, informó a Mongabay Latam que el gobierno de Rodrigo Paz trabaja en la consolidación de una “agenda nacional para la gestión de sequías y la resiliencia hídrica” con el fin de unir esfuerzos entre los tres niveles del Estado para enfrentar la época de sequedad, incendios y, en algunos puntos, inundaciones”.

“Es necesario construir experiencias y no trabajar de manera aislada, sino fortalecer la coordinación entre las instituciones. No hay que mirar solamente la emergencia, necesitamos fortalecer nuestros sistemas de monitoreo, alertas tempranas y capacidad de tomar acciones oportunas”, afirmó Mariscal.

La funcionaria recalcó que su viceministerio organiza talleres en diferentes zonas del país junto a gobiernos departamentales y municipales y entidades descentralizadas con el objetivo de llevar adelante planes para atender y enfrentar las sequías. “Es importante que se entienda y quede bien claro que lo que sucedió en 2016 [cuando la sequía provocó varios impactos severos en Bolivia] no va a volver a suceder”, dijo.

*Imagen principal: la región del Altiplano boliviano se encuentra el alerta por la sequía extrema en algunos de sus municipios. Foto: cortesía UMSA

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