Comunidad Esse Ejja. Foto: Dialogue Earth
La comunidad indígena Esse Ejja de Puerto Salinas atraviesa una crisis que combina contaminación ambiental, precariedad sanitaria y falta de atención estatal, denuncian de sus propios dirigentes, de acuerdo con una nota de ANF.
De acuerdo con el presidente comunitario, Nagli Gonzales, la situación pone en riesgo la continuidad de su pueblo. El principal problema radica en la presencia de mercurio en el río Beni, atribuida a actividades mineras en zonas cercanas a Rurrenabaque. La población —alrededor de 86 personas— depende directamente de estas aguas para beber, cocinar y pescar, lo que agrava su exposición a sustancias tóxicas.
“Consumimos agua y peces contaminados”, advirtió Gonzales, al describir una realidad cotidiana que ya estaría generando consecuencias visibles en la salud de los habitantes. Entre los casos más preocupantes, mencionó a niños nacidos con complicaciones físicas, presuntamente relacionadas con la exposición al mercurio durante el embarazo.
Estudios realizados en 2023 por instituciones especializadas confirmaron niveles elevados de contaminación en la población, a partir de análisis de sangre y cabello. Sin embargo, la comunidad asegura que no ha recibido respuestas efectivas por parte de las autoridades.
A la problemática ambiental se suma una crisis sanitaria persistente. Enfermedades comunes como gripe, diarrea e infecciones pueden resultar mortales debido a la falta de medicamentos y atención médica oportuna. La comunidad no cuenta con un centro de salud adecuado; apenas dispone de un pequeño espacio que funciona como depósito.
Las dificultades continúan incluso cuando los habitantes logran trasladarse hasta el hospital de Reyes, donde denuncian escasez de insumos y entrega de medicamentos vencidos.
Gonzales también denunció discriminación institucional. Según indicó, la comunidad no es considerada en la planificación pública ni en la distribución de recursos. Incluso, afirmó que se les ha negado ayuda de manera explícita en varias ocasiones.
El abandono se hace más evidente durante emergencias. Los pobladores aseguran no haber recibido asistencia en eventos recientes como incendios forestales e inundaciones.
Las condiciones de vida reflejan un panorama de exclusión: no hay acceso a electricidad ni agua potable. Algunas familias han optado por instalar paneles solares con recursos propios, mientras que su producción agrícola —basada en cultivos como plátano, yuca y maíz— se ve limitada por la falta de caminos en buen estado, lo que impide su comercialización.
En el ámbito educativo, aunque existen maestros, la infraestructura es deficiente y escasean los materiales. Además, la falta de docentes que hablen la lengua originaria dificulta la transmisión cultural a las nuevas generaciones.
“Estamos desapareciendo lentamente”, expresó Gonzales, al señalar que la combinación de pobreza estructural, contaminación y falta de políticas públicas amenaza seriamente el futuro de su comunidad.
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