Santa Cruz: las máscaras del “poder político” regional

Opinión

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Sumando Voces

Hernán Cabrera M.

Ni experto político, ni académico en ciencias políticas, ni doctor en leyes necesitas ser para observar y opinar el devenir del poder político cruceño y de su casta o clase política, dirigencial o líderes regionales. ¿Tiene Santa Cruz o construyó un proyecto de poder político nacional?

Los estudiosos tienen sus formas y metodologías para escribir sendas tesis, libros o informes, hilando teorías marxistas, liberales, gramscianas, arguedianas, morenianas para decirnos lo que todos sabemos, lo que el ciudadano de las calles, el profesional de clase media, las vecinas y vecinos, los campesinos y los indígenas de este pujante departamento boliviano, Santa Cruz, que esta región hace mucho tiempo, pero mucho tiempo no construyó ni hizo perdurar un proyecto político nacional, así como lo hizo el MNR, partido que llegó al gobierno en varias ocasiones; el MIR que emergió de la dictadura banzerista también llegó al poder; ADN, al mando del general cruceño, primero dictador luego demócrata, que fue Presidente Constitucional y el propio MAS, que paso a paso elaboró y concretó su proyecto político y nos gobierna hace 15 años.

Pero Santa Cruz no hizo nada parecido. A su clase política y dirigencial no le interesó asumir un liderazgo nacional con hambre de poder político, con ambiciones de trascender, luchar y llegar a la silla presidencial. Son muchas las opiniones e interpretaciones de intelectuales, académicos, historiadores, periodistas sobre este enorme vacío, aunque la mayoría de ellas, acusan o califican de responsable al “centralismo andino” de evitar que surja desde Santa Cruz caudillos o políticos de alto calibre.

Eso sí, que la élite dirigencial tuvo claro su propósito: preferible, saludable y más enriquecedor es alimentar a un departamento en desarrollo, que sea la locomotora del desarrollo nacional, que sea la región de las oportunidades, donde tus sueños sean realidades. Así se hizo.

De forma reiterada ponen como ejemplo lo ocurrido con Andrés Ibáñez, que impulsó la revolución igualitaria, pero que la casta económica y política cruceña aliada con los collas, lo tuvieron que sacrificar para evitar que siga creciendo su voz y su liderazgo, y con él la lucha de un pueblo hambriento, pobre y marginado.

Lo ocurrido en las dos últimas décadas en Santa Cruz nos reafirma la preocupación y el sentido común que miles de ciudadanos nos animamos a lanzar: Sin proyecto político, sin liderazgo político, sin un caudillo y sin un partido político, Santa Cruz seguirá como está, aunque en esta dinámica a la clase empresarial le conviene que Santa Cruz no levante cabeza en lo político, porque es mejor hacer negocios con el poder andino, que meterse en afanes de la política. Así lo sentenció el entonces vicepresidente de Bolivia: “O hacen negocios con el Estado o hacen política”. Pues, claro, optaron por lo primero. Y muchos lograron millonarios contratos en obras, servicios, transportes, etc.

Dos proyectos políticos emergieron en Santa Cruz arropados por el Comité pro Santa Cruz, cuyos presidentes en cada época, Rubén Costas y Luis Fernando Camacho, tuvieron el olfato de levantar a las masas populares a través de multitudinarios cabildos, con reivindicaciones justas para la región.

Los cabildos cruceños parieron dos proyectos políticos de corta duración, cuyos liderazgos lo dieron todo por sentado, de que los millones de participantes en los cabildos iban a ser sus fieles militantes, que se expresaron en las urnas dos veces consecutivas para Costas y una vez para Camacho, coronándolos como los gobernadores de Santa Cruz.

Pero ahí ve usted, amable lector, en qué quedó Demócratas, partido que gobernó 14 años Santa Cruz, que tuvo vigencia mientras estaba en el poder; pero que a estas alturas ni Costas ni sus colaboradores han alzado cabezas, al contrario, se dividieron. CREEMOS fue el otro proyecto político que tuvo de aliado a los cabildos enormes de 2019, cuyo jefazo, que fuera presidente del Comité Pro Santa Cruz, Luis Fernando Camacho, creyó expresar o adueñarse de la voz de los millones de bolivianos de Santa Cruz. Si bien ganó las elecciones de 2020, su agrupación política es protagonista de una guerra sucia interna y de de divisiones, lo que le llevó a perder la gobernación, ya que el titular está en Chonchocoro y desde ahí se negó a que el subgobernador, Mario Aguilera, lo reemplazara, llegando al fallo de un Tribunal Constitucional para este efecto, a pesar que así lo establece el Estatuto Autonómico Departamental.

CREEMOS y Demócratas son dos proyectos políticos abortados y fuera del juego del poder político.

Rumbo a las elecciones generales surgen intentos de liderazgos cruceños con proyección nacional, como el del rector de la UAGRM, Vicente Cuéllar; Agustín Zambrana, el abogado que supo usar el periodismo en las redes sociales  a través del Bunker, para posicionarse como una opción política desde Santa Cruz. Que la calentura les perdure y no se queden a mitad de camino, con juicios de por medio, como sabe hacer el poder con sus fiscales.

Juan Carlos Urenda, abogado, autor de “Autonomías departamentales” y otros, plantea una reforma radical del Estado, no parchecitos, proceso que Santa Cruz debería haber liderado. Urenda fue candidato a gobernador el 2015, con baja votación. Le hicieron gata parida.

El agudo y crítico historiador José Luis Roca, en “Fisonomía del regionalismo boliviano, la otra cara de la historia”, fue bastante claro e interpelador del tema que abordamos: «En un país de las características fisiográficas y geopolíticas de Bolivia, la cuestión regional merece un tratamiento distinto al que tradicionalmente se le ha otorgado. Su estudio ha sido superficial, como un problema de segunda importancia y como uno de los tantos males, enfermedades o lacras que debilitan o frenan el avance de Bolivia”. Agrega que entre los escritores bolivianos no advierte una toma de conciencia sobre la gravitación decisiva del problema regional de cara al país.

Es como si solo en el Altiplano gravitara en la lucha por el poder, y no las regiones, particularmente el oriente.

La Nación Camba hizo estremecer los cimientos de la élite política, de la clase empresarial, uno de sus fundadores, el arquitecto Sergio Antelo, alertó en su libro “Los cruceños y su derecho a la libre determinación”, de sacarnos las máscaras, porque “y los falsarios siguen construyendo su propia patria con su propia máscara, que no es la nuestra. Es hora de hablar con nuestro propio rostro, el rostro que nos robó la máscara”.

La Nación Camba quedó solo en papeles, pero con profundos mensajes, que con seguridad han sido archivados por quienes usan esas máscaras.

¿En qué andan hoy los historiadores, intelectuales, académicos de las ciencias políticas, jurídicas y sociales? ¿Están aportando a elaborar, plantear y construir un proyecto político de poder nacional o la están mirando de palco?.

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Hernán Cabrera es periodista y licenciado en Filosofía

Las opiniones de nuestros columnistas son exclusiva responsabilidad de los firmantes y no representan la línea editorial del medio ni de la red.

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