Qhas Qut Suñi. La gente de los lagos y las aguas

Opinión

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Rodolfo Huallpa

“Las aves han puesto sus nidos en la parte baja de los cerros. Es señal de sequía” -. Así vaticinó el tiempo el anciano de la comunidad. No llueve, no hay agua, la cuenca del Poopó es un desierto, un cementerio de peces y de ranas, de esqueletos de botes y de balsas de totora. Los patos o chocas se han ido, ya no surcan sus cielos las parihuanas rosadas ni las gaviotas. El agua ya no alcanza para regar el forraje y no es posible criar ganado. La gente también se está yendo, se están desintegrando las comunidades.

No llueve, el Poopó es un desierto

Todas las mañanas el anciano espera que las cigüeñas salgan del lago y caminen la mayor extensión posible antes de levantar vuelo, porque la tradición les ha enseñado que hasta ese lugar va a crecer el lago. Pero las cigüeñas no aparecen y los pequeños charcos que quedan como oasis acogen a los pocos karachis, boguitas, ispis, mauris y pejerreyes sobrevivientes.

Al ponerse el sol la comunidad sale a ofrendarle dulces y coca a la Cochamama (Madre Agua) para resarcirle, para curar sus heridas esperando que vuelva el agua. Y le piden a la diosa Luna que vuelva a iluminar sus jornadas de pesca y de caza nocturna. Piden porque vuelva la vida. No pierden la ilusión, porque “el agua sabe volver”. Desde sus orígenes, el lago Poopó ocupa una depresión de la cordillera del Altiplano y junto con el Uru Uru y los salares de Coipasa y de Uyuni forman un sistema acuífero endorreico, es decir, sin salida al mar. Es una masa de agua muy sensible a las fluctuaciones del clima por su altura promedio de 3.700 msm, por su entorno árido y porque su profundidad promedio, antes de su evaporación, era de solo 3 metros.

El anciano de la comunidad recuerda que entre los años 1932 y 1935, en paralelo a la Guerra del Chaco, apareció un remolino que se llevó las aguas del lago Poopó. Se estima que en los años ochenta del siglo pasado abarcaba cerca de 4.000 km2. El año 1994 se evapora y vuelve a nacer. El año 2000 una fisura del ducto Sica Sica – Arica derramó petróleo que ocasionó que el lago se contamine igual que todos los ríos de la zona, para acabar secándose en gran parte de su territorio. Ya en el presente siglo su extensión se había reducido a unos 2.000 km2. Pero el espejo de agua volvió a iluminar la vida en el lago y sus riberas, hasta que llega la evaporación más severa, casi total, el 2015, renaciendo el 2018 para volver a evaporarse muy pronto. Y ahora quedan tres charcos, está desapareciendo. Ya ha pasado mucho tiempo sin recuperarse. Incluso, oficialmente se ha declarado su evaporación. ¿Qué será?

La Cochamama está herida

Lo que se vive en la cuenca del lago Poopó es una tragedia. Se ha afectado su ecosistema (ecológico y humano), la Cochamama está herida. Las empresas mineras echan sin medida sus desechos en la cuenca del Poopó contaminándolo. Cada vez se desvían más sus aguas para la agricultura, para las minas y para la industria. Así mismo el río Desaguadero que transita agua desde el lago Titicaca y el Márquez desde Pampa Aullagas están mermando sus caudales. A estas causas se suma el cambio climático, producto del desajuste mundial que por su angurria capitalista ha calentado como nunca el ambiente, lo que ha acelerado la evaporación del lago.

Un estudio sobre la degradación ambiental del lago Poopó, realizado por Víctor Zabaleta y Michael Bremer, muestra que la presencia de metales como cobreplatacadmiocobaltoníquelcromoestañohierromanganesoantimonio y zinc provenientes de la minería es excepcionalmente alta, tanto que por ejemplo el plomo está 300 veces más alto en el lago Poopó que en el promedio de los lagos mundiales. Por otra parte, se tiene que lamentar la pérdida de unas 200 especies de aves, peces, mamíferos, reptiles y plantas. El lago era un punto de descanso de muchas de estas especies, las cuales, debido a la sequía, se vieron obligadas a migrar, las que pudieron volar o caminar, o los peces a morir en el lugar.

La población originaria es la Nación Uru, la más antigua del continente. El año pasado celebraron 7.522 años (Apaza, 2022). Se instalan en la zona después de la última gran glaciación, cuando se generan lagos y terrenos habitables en el año 5500 a.C. En el censo realizado por Francisco Toledo el año 1573, eran 80.000 habitantes y en el censo de 1697 ya eran solamente 6.400, porque el 92% de su población fue exterminada por sucesivas invasiones. Según Nathan Wachtel (1990), son los sobrevivientes históricos y míticos de los Chullpas, anteriores a la salida del sol, que se refugiaron en el agua. Por esto, la Nación Uru es Qhas Qut Suñi o gente de los lagos y las aguas (Albó, 2013)

En la actualidad, en Bolivia existen tres grupos. Los Uru Hirohito que habitan la naciente del río Desaguadero. Los Uru Chipaya que viven cerca del salar de Coipasa y domestican las aguas del río Lauca. Y los Uru Murato que habitan en las riberas del lago Poopó. Este grupo perdió su lengua materna que era el Chholo y hablan aimaraquechua y castellano. Viven en tres asentamientos al lado oriental del Poopó: Llapallapani cerca de Santiago de Huari, Huila N´iqui cerca de Challapata y Puñaca cerca del pueblo de Poopó.

El área de influencia del Lago Poopó se caracteriza por la pobreza extrema (76%, índice que supera a la media departamental y nacional). La esperanza de vida es 58 años, menor que el promedio nacional (63.3). La mortalidad infantil promedio es 89%, mayor que la media del departamento (82%) y el país (66%). El analfabetismo rural es 16% mayor que el promedio departamental y el promedio de años de escolaridad es menor (5.9 años) comparado a la media nacional (7.4 años). Dadas las condiciones sociales extremas, la cuenca tiene un índice de desarrollo humano bajo (0.56) menor que el promedio nacional (0.663 en 2011)

Luchando por su existencia

El agua es el espacio vital de los Uru Murato, son pescadores, cazadores de aves acuáticas, navegantes, hombres del agua, habitantes de las riberas y zonas de influencia del lago. El Poopó es su hábitat. No tienen propiedad de la tierra, aunque desde el siglo XIX, a la cabeza de sus líderes Sunas y Moricios luchan por legalizar su posición como guardianes naturales del agua, ese es su territorio. El antropólogo Marcelo Lara dice que es un pueblo que ha sufrido sucesivos avasallamientos y su refugio ha sido siempre el lago, ya que en las tierras de labranza se convierten en inquilinos en su propio territorio. El frío en la zona aumenta porque ya no está el lago que al evaporarse sus masas de agua atenuaba el ambiente. Están viviendo en condiciones de extrema vulnerabilidad, que los está obligando a migrar, con el riesgo incluso de su desaparición forzada, junto con el lago.

El descenso de las aguas los ha hecho incursionar en la siembra de quinua, han desarrollado tecnologías para la conservación de los peces secándolos al sol, así como en la caza de aves silvestres y la recolección de huevos de pato. Los hombres son hábiles constructores de balsas de totora y las mujeres son expertas tejedoras. También han incursionado en la promoción del turismo comunitario.

Sus putukus (casas circulares), donde no se siente ni la lluvia ni el viento, ahora son testigos de un profundo silencio en su entorno. Están abandonados pese a que son Patrimonio Cultural, Histórico, Etnológico y Viviente del departamento de Oruro y tienen estatus de nación indígena dentro de la Constitución Política del Estado Plurinacional. Están luchando por su existencia con el apoyo de aliados como el Centro de Ecología y Pueblos Andinos (CEPA). Es necesario que se sumen los gobiernos locales y nacional, los medios de comunicación, las universidades, los organismos internacionales, todas y todos. Con la desaparición de su lago, el Poopó, que fue reconocido como humedal o sitio Ramsar, de importancia internacional, se les está yendo la vida. El Poopó y los Uru Murato quieren seguir viviendo para renacer Qhas Qut Suñi.

Adalid Contreras Baspineiro es sociólogo y comunicólogo boliviano

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