Por una navidad menos machista

Opinión

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Sumando Voces

Carolina Méndez Valencia

Ponerse en modo navideño durante diciembre es una cuestión casi ineludible independientemente de las creencias, convicciones y/o decisiones personales. Por todos lados vemos lucecitas que se encienden y se apagan, papanoeles rojos barbones y sonrientes, decoraciones simulando nieve aunque tengamos 40 grados, intercambio de regalos secretos en las oficinas y mensajes positivos que prometen un tiempo familiar de amor y paz. Este pintoresco y reiterado escenario, solapa año tras año bajo las luces y arbolitos navideños, las sombras de la repartición desigual del trabajo doméstico que ocurre cada día pero que se vuelve más evidente con el ruido de los villancicos.

La disparidad en la distribución de las tareas recae siempre negativamente sobre las mujeres independientemente de si son mamás, abuelas o tías. Mientras los hombres disfrutan de las festividades, las mujeres a menudo se encuentran abrumadas por la carga adicional de la preparación de comidas festivas, la decoración y la organización de eventos familiares.

Aunque algunos hombres no lo crean, el ritual navideño jamás empieza en la cena de noche buena. Antes habrá que definir qué comer, ir a comprarlo, prepararlo, decorar la casa, desempolvar y montar el arbolito, desenredar las luces, comprar y envolver regalos, incentivar para que los niños escriban cartas, alistar los atuendos de ese día, invitar a los familiares, coordinar con otras mujeres para ver si alguna trae una ensalada o arroces complementarios. Toda esta faena que empieza al inicio de mes, en paralelo va acompañada con el escenario de los hijos en vacaciones a quienes hay que atender y/o llevar y traer de cursos vacacionales.

La noche buena tiene pegada inevitablemente la ceremonia de lavado de platos y vajillas que asumen casi absolutamente siempre las mujeres. Esta “condicionante histórica” está tan naturalizada que no se discute. Es una cuestión “tradicional” y hasta “natural”. Recuerdo que de niña solía pasar la navidad en la casa de mi abuela materna quien tenía el peso de esperarnos con todo muy bien ambientado y con la comida deslumbrante. Si alguna vez la comida especial era comprada de afuera, de todos modos eran las mujeres comandadas por mi abuela, las que organizaban el diligente ejército de lavadoras, enjuagadoras, secadoras y guardadoras de la vajilla. Este es parte del trabajo reproductivo no remunerado e invisible que hacen las mujeres y que no aparece en ninguna estadística nacional de actividad económica.

Según los resultados de la reciente Encuesta Urbana de Uso del Tiempo en Bolivia, elaborada por CEDLA, las mujeres realizan el doble de trabajo del hogar que los varones, incluso si están insertas en el mercado laboral. Es decir, aunque las mujeres salen a trabajar a oficinas o empresas, de todos modos duplican esfuerzos al interior de los hogares. El estudio también reveló que, entre los hombres, la mayoría cree que hace lo que debe hacer (62,8%) o más de lo que debe hacer (26%). Solo 1 de cada 10 percibe que hace menos de lo que debe hacer.

El fenómeno de la repartición desigual del trabajo doméstico durante las festividades refleja patrones arraigados de roles tradicionales. A pesar de los avances en la igualdad de género, la Navidad actúa como un recordatorio agudo de que, incluso en momentos festivos, persisten las expectativas culturales sobre el papel de las mujeres en el hogar. Este escenario no solo afecta a las mujeres adultas, sino que también impacta a las jóvenes, quienes desde temprana edad son testigos de la desigual distribución de las responsabilidades familiares.

La situación se agrava al considerar la invisibilidad y la falta de reconocimiento que rodea al trabajo doméstico. Las mujeres no solo enfrentan la carga física de las tareas, sino que también sufren la carga emocional y psicológica de ser responsables de que las festividades sean perfectas. El mito del «espíritu navideño» a menudo contribuye a la minimización de estas labores, perpetuando la idea de que el trabajo de las mujeres en estas fechas es un acto de amor y servicio, en lugar de una carga desigual e injusta.

Sabemos que esta no es una cuestión que va a aparecer resuelta envuelta en regalo bajo el arbolito sino que es un tema que hay que poner en evidencia para desnaturalizar. La solución a esta problemática no recae únicamente en cambiar las dinámicas familiares, sino también en fomentar una reflexión profunda sobre la igualdad de género en todos los niveles de la sociedad.

¿Quién cocinará en Navidad?, ¿quién lavará los platos?, ojalá llegue un momento en el que las respuestas a estas preguntas no sean obvias.

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Carolina Méndez es periodista.

Las opiniones de nuestros columnistas son exclusiva responsabilidad de los firmantes y no representan la línea editorial del medio ni de la red.

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