La Madre Tierra nos convoca hace siglos a protegerla

Opinión

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Hernán Cabrera M.

Desde hace 100, 50, 20, 10, dos años, científicos, intelectuales, escritores, poetas, filósofos se han preocupado por este único espacio que tenemos los seres humanos y que nosotros mismos estamos destruyendo poco a poco: la TIERRA o como dicen otros la Pachamama.

Pero al parecer el poder en todas sus instancias: el económico que lo único que le interesa es explotar y extraer hasta la última gota de su savia o de su sangre. Este poder está representado por transnacionales mineras, petroleras, constructoras, tecnológicas, agroindustria, de alimentos, etc. El político que impulsa política que favorecen la visión capitalista y destructora de la Madre Tierra y de sus seres vivos, con el argumento que debe generar divisas, plusvalías, fuentes laborales, inversiones. Para no nombrar otros interesados en esta dinámica.

Bolivia es parte de ese circuito, lo ha sido hace 30. 20, 10 años y en la actualidad. Pero el objetivo de estas reflexiones es recordarnos lo que ya nos alertaron y nos hicieron reflexionar mentes iluminadas que usaron su imaginación y su escritura para lanzarnos las siguientes provocaciones, que lamentablemente, no han sido escuchadas por los poderosos del mundo, que tienen sus satélites en los países pobres, subdesarrollados o desarrollados.

La lucha por la Madre Tierra y sus derechos comenzó hace más de un siglo y medio y fue una mujer que lideró. Eunice Newton Fooce en 1856 en Nueva York, le explicó al mundo que una atmófera cargada con dióxido de carbono está provocando un amento en la temperatura. Vean ustedes y eso sin contar con modernos equipos tecnológicos, ni satélites, ni IA para advertir de este grave problema desde hace más de 100 atrás.

Pero como ocurre hoy no le prestan atención y siguieron con sus políticas del dióxido de carbono. Y el cambio climático se venía germinando. Pasó un siglo y otra vez se alertó al mundo. El turno fue del oceanógrafo Roger Revelle que repitió las advertencias de Eunice Newton con más propiedad.

Y así fue el mundo, la humanidad y la Tierra desarrollándose con  grandes y graves peligros naturales, provocados por la ambición desmedida del ser humano, de los poderosos. Uno de los mayores ideólogos, Bruno Latour, en la conferencia “Esperando a Gaia”, en Londres en 2011, llegó a preguntarnos: ¿Qué hacer cuando se nos dice, día tras día y de maneras cada vez mas estridentes, que nuestra civilización actual está condenada y que hemos alterado tanto la tierra misma que no hay manera de que vuelva a ninguno de los diversos estados estacionarios del pasado?

Las respuestas no llegaron y siguen sin ser respondidos por los aludidos, aquellos que generando enormes ganancias explotando ríos, bosques, parques, cuencas, mares, etc.

James Lovelock, fue considerado un  excéntrico, por quienes no les gustaba lo que investigaba y difundía, quien nos recuerda esto: “Gaia, la Tierra viva, está vieja y no es tan fuerte como  hace dos mil millones de años. Lucha por mantener a la Tierra lo suficientemente fría para su miríada de formas de vida contra el ineluctable aumento del calor del sol. Pero, para hacérselo más difícil, una de esas formas de vida, los humanos, conflictivos animales sociales con sueños de conquistar incluso otros planetas, han intentado gobernar la Tierra solo para su propio beneficio”.

Mas claro y contundente la afirmación, que eso hemos hecho los humanos animales sociales. Somos corresponsables de la vida en el planeta y no solo de los seres que seguimos con vida, sino del conjunto, del “todo” y debemos ser conscientes de la dimensión de efectos nocivos de nuestra presencia humana sobre la Tierra.

El escritor mexicano, Jorge Volpi, nos lanza este desafío: “En el sistema Tierra, quienes más padecen son sin falta los mismos: esas mayorías sometidas a la avidez de unos cuantos. La inminente catástrofe climática nos une, en cambio, de forma irrefutable: ricos y pobres, hombres, mujeres y niños, artistas y científicos, empresarios y políticos, migrantes y desplazados, víctimas y verdugos, todos, con nuestras infinitas identidades y fantasías a cuestas, estamos a punto de transformarnos en desposeídos. -quizás esta postrera ficción, la imagen de una Tierra devastada y estéril, poblada solo por bichos monstruosos, sea la que, después de tantos sueños intranquilos, logre hacernos despertar”.

Pero ellos siguen sordos, mudos y ciegos ante el descontrolado avance del cambio climático, pero tienen tiempo y pasión ir lanzando sus misiles, drones y destruyendo lo que les das la gana.

Desperté y el dinosaurio seguía, ahí nos contó el guatemalteco Augusto Monterroso. Podríamos parafrasearlo: Desperté y la Tierra ya no estaba ahí.

Hernán Cabrera es periodista y licenciado en Filosofía.

Las opiniones de nuestros columnistas son exclusiva responsabilidad de los firmantes y no representan la línea editorial del medio ni de la red.

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