El boom de las microempresas no mejora el empleo y consolida la precariedad, según el CEDLA

Derechos Humanos

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Patricia Cusicanqui

Entre 2008 y 2025, el número de empresas unipersonales creció sostenidamente en Bolivia, un fenómeno que, sin embargo, no se tradujo en mejores condiciones laborales. Por el contrario, la precariedad se constituyó en el sello del mercado laboral en el país, una tendencia que —según el Centro de Estudios para el Desarrollo Laboral y Agrario (CEDLA)— se ha concentrado en el comercio y los servicios, sectores que se caracterizan por su escasa o ninguna protección de los derechos laborales y la baja productividad.

De acuerdo con el más reciente boletín del CEDLA, titulado “Precarización laboral, ¿dónde más?”, el crecimiento de estas unidades económicas tiene rostro de micro y pequeñas empresas, las cuales proliferaron durante los gobiernos del Movimiento Al Socialismo (MAS) y fueron frecuentemente destacadas por sus autoridades como una señal de la buena salud de la economía.

Sin embargo, el CEDLA advierte que “durante 20 años, el modelo rentista del gas promovido por el gobierno del MAS no logró transformar la base productiva, la composición del empleo ni la estructura social del país”.

La institución subraya que la estructura económica sigue mostrando un reducido número de grandes y medianas empresas que comparten espacios del mercado con un gran número de micro y pequeños establecimientos en todos los sectores de la actividad económica.

Un crecimiento del 81%

Los datos del documento de análisis elaborado por el CEDLA dan cuenta de que entre 2008 y 2025, el número de micro y pequeñas empresas pasó de 59.787 a 245.299, lo que representa un crecimiento del 81,1%.

Como muestra el cuadro principal de esta nota, las sociedades de responsabilidad limitada crecieron solo en 18,1% y las sociedades de diversa índole (anónimas, constituidas en el extranjero, mixtas, en comandita y entidades financieras de vivienda) únicamente en 0,18%.

“Se trata de la persistencia de una estructura económica escasamente productiva, que sigue demandando empleos que requieren pocas capacidades técnicas de los trabajadores, que genera empleos de baja calidad con magros salarios e ingresos, con un escaso o nulo acceso a mecanismos de protección social. Estos rasgos potencian las condiciones de precariedad laboral y social que sustentan la pobreza y la desigualdad en la sociedad boliviana”, se lee en el boletín publicado con motivo Día de los Trabajadores.

A diferencia de los establecimientos económicos que componen el sector productivo (agropecuaria, minería, industria manufacturera y la construcción), las micro y pequeñas empresas se caracterizan por ser establecimientos de servicios y comercio. Por tanto, el mercado laboral se ve dominado por ocupaciones “inestables, mal remuneradas y sin protección social”, alerta el CEDLA.

La institución recuerda que durante dos décadas, el MAS instaló la narrativa del crecimiento y el desarrollo, centrándose en destacar las bajas tasas de desempleo urbano sin mencionar la precariedad de millones de bolivianas y bolivianos ocupados en algún oficio.

“Resulta importante constatar cómo un escenario de bonanza económica no tuvo finalmente ningún impacto en el mejoramiento de la calidad del empleo, como consecuencia de un modelo que por su matriz rentista fue incapaz de transformar la estructura económica y social del país”, dice.

Qué es la precariedad laboral

Según el CEDLA, la precariedad laboral se define a partir de tres condiciones: la magnitud de los salarios e ingresos del trabajo, la estabilidad en el empleo y la cobertura de las prestaciones de la seguridad social a largo plazo.

Con base en estos criterios, se definieron tres tipos de empleo: empleo o trabajo no precario, que es el que cumple con las tres condiciones señaladas; empleo o trabajo precario, que es el que no cumple con dos de las condiciones señaladas; y empleo o trabajo precario extremo, que es aquel que no cumple con ninguna de las tres condiciones.

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