La Paz está viviendo más de 40 días de asedio por parte de quienes dejaron de lado sus pliegos y se concentraron únicamente en pedir la renuncia del presidente Paz. Es un pedido político, pseudo fundamentado en el hecho de que el presidente traicionó a sus votantes y por ello, apenas a siete meses de haber accedido a la presidencia, debe irse, para que se convoque a elecciones en 90 días y vuelva el “mesías” prófugo y escondido en El Chapare. Todo ello contra toda norma legal y contra toda lógica.
A lo largo de este asedio hemos visto y oído cosas que no podemos dejar pasar. Por ejemplo, la iracundia de marchistas y bloqueadores que agredieron a quien encontraron en su camino, como sucedió con pasajeros de un minibús o con niños con síndrome de Down que se encontraban en otro. Las provocaciones de varios marchistas a la Policía, la destrucción de la propiedad, el asalto a las caseritas y a una óptica, a la que siguió la repartija de monturas, el uso indiscriminado de dinamita…
También hemos visto la negativa de bloqueadores a permitir el paso de ambulancias o de vehículos que transportaban oxígeno para enfermos que lo necesitaban para seguir viviendo. “Que se muera el enfermo, carajo”, se escuchó en una ocasión, expresión que fue avalada por un asambleísta “porque estamos en bloqueo”. ¿Cuántos muertos cargan sobre sus hombros estos “pacíficos”? ¿Qué tal los policías cobarde y salvajemente agredidos en una estación del Teleférico celeste?
El asambleísta que, además de aplaudir que no se deje pasar ambulancias, se jacta de ser el promotor de la protesta (porque pidió rebaja de sueldos de los servidores públicos). Dijo después: “Estamos en bloqueo, no puede pasar nadie, ni una ambulancia, ni siquiera si está llevando un enfermo”. Dijo, además: “Los bloqueadores son muy racionales, son profesionales, son licenciados, tienen posgrado, tienen maestrías, doctorados”.
Expresiones risibles abundaron en estos días, como la del senador que no sabía que el estado de excepción debe ser regulado por ley y se comprometió a consultar con sus colegas si eso era verdad. Lo mismo que el experto con varias maestrías que “se olvidó” de ello, pero que, a pesar de ello, encandiló a un periodista con su explicación sobre el procedimiento legislativo para la abrogación de la “Ley Copa”. Mismo periodista que hace algunos años quedó boquiabierto cuando escuchó al “maestro” del “90 x 3 son 180”, hablar del “centralismo democrático”. En esa maravillosa entrevista se escuchó decir al entrevistador. “¡Qué difícil entender la abrogación de una ley!”; y al entrevistado hablar de “solventar la conmoción interna”.
Otro periodista dio cuenta de su desconocimiento de las cosas, cuando entrevistando a un exministro del Interior y de Defensa de algún gobierno neoliberal, le pidió encarecidamente que le explicara (“sencillito y con chuis”) cuál era la diferencia entre tomar la estructura de gobierno y la de poder.
No faltó quien, ufano, escribió un artículo titulado “Pueblo enfermo terminal”; y no faltaron sus adherentes entusiastas. Apoyando a este escribidor, que dijo que Arguedas se quedó corto. Alguien escribió: “Estos ignorantes son el cáncer de los bolivianos; deberían desaparecer” y en un muro en La Paz se pintó: “Haga patria, mate un indio”.
Del otro lado, un “Poncho rojo” dijo: “Vamos a alfombrar el camino de La Paz a Oruro de cadáveres. Se han equivocado, Les vamos a enseñar a gobernar”, luego de que hubo un muerto en el intento de abrir un corredor humanitario. Un muerto, sobre el cual callaron los bloqueadores, cuando se descubrió que murió por “fuego amigo”.
Están los gringos de siempre. Los que publicaron su libro sobre el 2019 titulándolo “Ruptura (palabra edulcorada, tibia) en los Andes”, mientras en el exterior lo titularon “Golpe: Una historia de violencia y resistencia en Bolivia”. Junto a ellos, el brasileño que deshonró a la CIDH. Y el Grupo de Puebla. Todos hablando de masacres, asesinatos … mintiendo como en 2019.
La ONG que postergó la publicación de su informe sobre las torturas infligidas a Marco Antonio Aramayo, que ahora salió a denunciar torturas por parte de la Policía.
Siguiendo los pasos de su cliente, uno de los abogados del prófugo dijo, iracundo como él: “El problema no es quién venga a mediar. Puede venir el mismo Papa, la actitud soberbia, tozuda del presidente Rodrigo Paz ha hecho que en este momento incluso la dirigencia no tenga la capacidad de decisión, porque ya la base movilizada no le cree”. Ahora el cliente de referencia reconoció que está en reuniones en las que se planifican las movilizaciones y dijo que se quedará en el Chapare para resistir, combatiendo, cualquier intento de capturarlo. Y remató: “No me voy a escapar: Agárrenme aquí o mátenme aquí”.
Reapareció un nefasto exdirigente de la COB, para decir que “las bases” no quieren diálogo, lo único que quieren es que el presidente se vaya. Los que no tienen gasolina bloquean como diciendo que no solo ellos pueden estar fritos; tienen que joderse todos.
Los promotores del conflicto, guardan silencio, manipulan a otros, derrochan su dinero financiando las movilizaciones.
Hay más, mucho más. Pero, el espacio no da para más.
Carlos Derpic es abogado.
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