Comunidades del Beni adoptan el chaqueo sin quema y duplican su rentabilidad, afirma ecóloga

Desarrollo

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Yenny Escalante

A la izquierda el chaqueo con quema, a la derecha el chaqueo sin quema, fuente: Ecotop Bolivia.

Tres comunidades del municipio de San Borja, en la Reserva de la Biósfera Estación Biológica del Beni, demuestran que es posible producir alimentos sin incendiar el bosque y obtener mejores ganancias. Se trata de Aguas Negras, Puerto Belén y la comunidad Cero 8, que desde 2024 implementan parcelas de “chaqueo sin quema”, una alternativa que mantiene la fertilidad del suelo, reduce el trabajo de deshierbe y aumenta los rendimientos.

«El objetivo de esta experiencia que voy a compartir fue iniciar la transformación del chaqueo, que como ya todos sabemos consiste en la roza, la tumba y la quema, en sistemas alimentarios más seguros y sostenibles en comunidades tsimanes de la Reserva de la Biósfera Estación Biológica del Beni», manifestó la ecóloga boliviana Alejandra Roldán Flores, magíster en ecología e integrante del Centro de Estudios en Biología Teórica y Aplicada (Biota) y del colectivo Bolivia Indaga.

Roldán participó como expositora en el conversatorio «La conservación como alternativa al extractivismo», organizado por la Plataforma Multiactor para la Implementación de la Meta 30×30 del Convenio sobre la Diversidad Biológica, realizado la tarde del 23 de septiembre en las instalaciones de la Liga de Defensa del Medio Ambiente (Lidema), en La Paz.

Exposición de Alejandra Roldán, vía Zoom. Foto: Sumando Voces

El proyecto se financió con un fondo de 3.500 dólares, proveniente de un premio que recibió Roldán en 2023, como reconocimiento regional a su producción de materiales educativos científicos.

«El primer paso fue la consulta de las comunidades, en la cual los guardaparques fueron clave. Ellos fueron los que visitaron las comunidades, hicieron la consulta para ver si querían participar del sistema de chaqueo sin quema. Para ellos era toda una novedad», contó Roldán. Los locatarios aceptaron y el año pasado instalaron cinco parcelas piloto.

El proceso inicia con la selección de barbechos o bosques secundarios, nunca primarios. Luego se realiza la “roza” —corte de hierbas—, pero en lugar de quemar el material, se deja sobre el suelo como cobertura orgánica.

Posteriormente, la comunidad siembra maíz, frijol y otras especies mediante dos métodos: al voleo (semillas esparcidas) o con punzón (abriendo pequeños orificios en el suelo). También se plantan hijuelos de plátano en filas. Una vez finalizada la siembra, se tumban y pican los restos leñosos, que se esparcen sobre la superficie para enriquecer el suelo.

El resultado, según Roldán, es un crecimiento más vigoroso de los cultivos y un suelo protegido de la erosión. “Toda esa materia orgánica que normalmente se pierde con el fuego se transforma en nutrientes. Además, mantiene la humedad y disminuye el crecimiento de malezas”, afirmó.

Los beneficios no son solo ecológicos, sino también económicos. Datos proporcionados por la Fundación Ecotop muestran que producir arroz en sistemas sin quema cuesta casi la mitad que en sistemas con quema (3.460 bolivianos frente a 6.140 por hectárea). Además, el rendimiento es mayor: 36 quintales por hectárea frente a 25. Esto se traduce en una ganancia de 4.500 bolivianos por hectárea en el primer año, mientras que el método tradicional apenas genera 110 bolivianos.

Las comunidades también han dado pasos hacia la autonomía: la comunidad Cero 8 instaló su propio vivero para producir plantines de cacao y diversificar las parcelas. «Ellos se han hecho cargo del ingreso del técnico y de su alimentación, lo cual muestra que ya hay un compromiso e interés en proseguir con este sistema», destacó Roldán.

El siguiente paso en el proceso es la diversificación agroforestal: las parcelas se enriquecen con cacao, açaí, copoazú, rambután y otras especies de interés comunitario. Esto permite mejorar la dieta local y abrir oportunidades de comercialización de productos.

Roldán agradeció el apoyo de los guardaparques de la Estación Biológica del Beni, del técnico Benjamín Mamani y de las comunidades participantes. Está convencida de que lo más valioso es que ya no son solo parcelas piloto, pues las familias están convencidas de que el chaqueo sin fuego funciona y es rentable.

«Con los chaqueos sin quema se produce una diversidad de cultivos que mejoran la soberanía alimentaria y no se usan agroquímicos. Ojalá podamos luchar por una Bolivia sin fuego», enfatizó la especialista.

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