Bolivia en el mundo

Opinión

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Sonia Montaño V.

“Bolivia en el mundo y el mundo en Bolivia”, repite el presidente Paz desde la campaña electoral y hace unos días, después de negar tres veces a Fernando Cerimedo, su asesor hoy preso en Chonchocoro, dijo que su “cooperación, en su momento, era por la capacidad que tenía, junto a un sistema internacional, y fue una decisión del Gobierno al querer poner Bolivia en el mundo». Luego agregó: «Pasamos de no ser vistos por nadie a reunirnos con presidentes de todo el continente».

Hoy vemos que “su” capacidad y el sistema internacional son fuerzas opacas por decirlo suavemente. ¿Qué hacía el canciller mientras tanto? Mantenía a masistas en cargos relevantes y poco porque quería ahorrar. El paso de Fernando Aramayo de la Cancillería al Ministerio de la Presidencia hace pensar que así como dejó a Cerimedo que nos lleve a su mundo, también mantendrá en su nueva pega la misma ineficiencia que lo caracterizó en relaciones exteriores.

La verdad es que durante los gobiernos del MAS, Bolivia se sentó en la mesa de una parte del mundo: ocupó un lugar junto a Chavez y Maduro, a los Kirchner, Lopez Obrador y los dictadores cubanos. O sea, Morales era la letra de ese coro cada vez más desorejado que sigue “amando al indio” como decía Lula. Otro mundo donde Bolivia tenía un lugar fue en el traspatio de chinos, iraníes y rusos apoyándolos con su voto en Naciones Unidas y haciendo negocios.

Paz ha querido salir de ese mundo antidemocrático para entrar al mundo donde todavía hay elecciones —cosa no menor— pero donde sus gobernantes incurren en diversas violaciones a los principios democráticos y los derechos humanos. Es el caso de Trump, hoy dedicado a cambiar mapas y nombres mostrando una cierta vocación perruna para marcar lo que considera su territorio. Al paso que va pronto querrá que Tiahuanacu se llame Central Park. No solo eso, sino que su embestida contra los inmigrantes ya está sirviendo de modelo al recientemente electo presidente de Colombia Abelardo de la Espriella.

Bukele, por su parte, está desde hace tiempo, ofreciendo espacio en sus cárceles modelo, donde desaparecen personas expulsadas desde Estados Unidos mientras aquí muchos aplauden su modelo. Todos buscan acabar con los derechos de las mujeres.

Ni bien comenzó a gobernar Paz lanzó una señal restableciendo las relaciones con Israel interrumpidas por el MAS. Hemos pasado de un mundo a otro como quien cambia de terminal, pero aún no tenemos una política exterior que se relacione abiertamente con todos los países sin sesgos ideológicos. Bolivia ha pasado del Grupo de Puebla al Escudo de las Américas.

Quien ha llevado a Bolivia al mundo del poder ha sido María Elena Urquidi que funge de Primera Dama, y quien como Cerimedo tampoco tiene contrato. Se reunió con Melania Trump el 24 de marzo de 2026 en una reunión sobre tecnología y oportunidades para nuevas generaciones. Se trata de uno de esos espacios donde las esposas de algunos presidentes quieren hacer cosas buenas mientras sus maridos hacen cosas malas. Una iniciativa tan importante debiera contar con el liderazgo de especialistas en tecnología y educadores.

Lo más preocupante de estas volteretas no es que se cambie de eje sino que se mantengan alianzas y prácticas políticas sometidas a poderes fácticos vinculados al crimen organizado. El caso Beller—Cerimedo está mostrando la profundidad de los vínculos entre el narcotráfico, la corrupción y el nepotismo que han contaminado todas las esferas de la Patria, Patria, Patria.

Habiendo Bolivia estado en el mundo de los enemigos de Trump ahora forma parte del escudo de las Américas, iniciativa regional promovida por el gobernante pelirrojo como parte de su doctrina DONROE una combinación de la vieja política de América para los americanos, que ya consideraba la región como su patio trasero, con la necesidad de un control territorial frene a los rusos y principalmente a los chinos. Quieren evitar que las potencias extrahemisféricas tengan carta blanca en la región.

Bolivia ha entrado de bruces al mundo de la nueva derecha. La extrema. Pero Paz prefiere acusar a un conglomerado de fuerzas y de fundaciones a nivel internacional que busca encasillarlo como de derecha. Es una conspiración destinada a desprestigiarlo —dice—. Yo le creo, en un momento en que la derecha y la izquierda tienen fronteras pegajosas entre sí y no sirven para un análisis riguroso. Estoy convencida que su debilidad política convierte su retórica en un teatro ante un público cada vez más decepcionado.

En resumen cambiamos de barrio, pero en este siguen conviviendo personajes de ayer y de hoy, agarrados de la mano para seguir con sus fechorías.

Sonia Montaño Virreira es socióloga jubilada y feminista por convicción.

Las opiniones de nuestros columnistas son exclusiva responsabilidad de los firmantes y no representan la línea editorial del medio ni de la red.

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