Caimanes, perezosos y boas: jóvenes rescatan especies amazónicas y las devuelven a su hábitat en Pando

Desarrollo

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Yenny Escalante

Jóvenes rescatistas de Pando. Foto: Shimanú

Con cuidado, pero también con firmeza, Clever Gilarde Olivar intenta introducir a un perezoso dentro de una bolsa. Naturalmente, el animal se resiste, lo percibe como una amenaza, pero esto todo lo contrario. El oso emplea sus largas y fuertes garras como defensa, lucha durante varios minutos para evitar ser removido. Clever lo sostiene por el lomo mientras otros voluntarios ayudan en la maniobra. Tras casi media hora de esfuerzo, el equipo finalmente logra ponerlo a salvo. El perezoso había quedado atrapado en una vivienda del área urbana de Cobija, en el departamento de Pando, después de una inundación. Horas después sería liberado en un corredor biológico.

Escenas como esa forman parte de la rutina del «Programa de Conservación en la Amazonía Shimanú«, una organización integrada por 12 jóvenes voluntarios que rescatan fauna silvestre atrapada por las inundaciones, los frentes fríos o la expansión urbana en la capital pandina.

Desde su creación en 2022 y su consolidación en 2023, el grupo ha intervenido en decenas de emergencias que involucran osos perezosos, caimanes, lagartos, boas, puercoespines y otras especies amazónicas que terminan dentro de viviendas al buscar refugio del agua o perder parte de su hábitat. “Cuando el río desborda, los animales buscan la parte seca. Por eso, al bajar el agua, quedan dentro de las casas y nosotros acudimos a los rescates”, explica a Sumando Voces Clever Gilarde, uno de los fundadores del colectivo.

Las inundaciones del río Acre representan uno de los mayores desafíos. Cuando el agua cubre barrios enteros, las familias abandonan sus hogares y los animales se refugian en techos, habitaciones y estructuras elevadas. Cuando el nivel baja, muchos quedan atrapados y expuestos al contacto con las personas.

Clever Gilarde Olivar, miembro de Shimanú.

Solo durante tres días de inundaciones, los voluntarios llegaron a rescatar alrededor de 16 animales. A lo largo de un año, calculan que atienden al menos una treintena de casos, aunque la cifra puede ser mayor.

Este trabajo implica un importante riesgo para ellos, ya que, al ser un grupo voluntario, no cuentan con las herramientas necesarias y mucho menos con recursos para costear su movilización ni la compra de insumos para los diferentes rescates.

El Programa de Conservación en la Amazonía Shimanú combina su labor de rescate con capacitación en los colegios, donde enseñan a los estudiantes a cuidar la fauna silvestre.

Gilarde, de 33 años, suele desplazarse en su propia motocicleta y costear el combustible de su bolsillo para responder a los llamados de emergencia. “Yo voy en mi moto, compro mi gasolina. Es un trabajo ad honorem”, afirma.

Liberación de los animales que fueron rescatados.

Su vínculo con la fauna comenzó cuando trabajaba en el Museo de Historia Natural de la Universidad Amazónica de Pando. Allí aprendió de los biólogos, veterinarios y especialistas que despertaron su interés por la conservación. Con el tiempo, ese interés se convirtió en una misión compartida. Hoy, junto a otros jóvenes profesionales de distintas áreas, integra un equipo que combina capacitación, experiencia y compromiso para devolver a la selva a los animales que terminan atrapados en medio de la ciudad.

Aunque han recibido apoyo para adquirir algunas herramientas y capacitarse en manejo de fauna silvestre, los rescatistas reconocen que todavía necesitan más equipamiento y recursos para continuar su labor. Mientras tanto, siguen atentos a cada llamada, porque detrás de una puerta cerrada, sobre el techo de una casa inundada o en el patio de una vivienda, puede haber un perezoso, una boa o un caimán esperando que alguien llegue a ayudarlo.

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