En democracia no solo se trata de exigir, pedir, gritar y asumir que tenemos derechos y que el Estado está en la obligación de hacerlos cumplir. Hay un componente fundamental que pocas veces se menciona: los deberes que cada uno debe cumplir. Derechos y deberes, la dupla inseparable.
Del Art. 13 al 107 la Constitución Política del Estado se consagra un ramillete de derechos humanos y un solo artículo, el 108, nos dice los deberes que tenemos los bolivianos, que son generales: conocer y cumplir la CPE, respetar los derechos, defender la paz, trabajar, formarse, tributar, asistir, alimentar a los niños, proteger el medio ambiente, prestar el servicio militar, y otros.
En menos de un año, hemos asistido a cuatro procesos electorales intensos: elecciones nacionales en la primera y segunda vuelta; elecciones departamentales, primera y segunda vuelte y elecciones municipales. De las cuales han salido electas las principales autoridades: presidente, vicepresidente, diputados y senadores; nueve gobernadores, asambleístas departamentales y más de 334 alcaldes y concejales.
El poder ya está constituido vía elecciones democráticas, proceso en el que como ciudadanía hemos ejercido nuestros derechos políticos, no solo al voto, ir a las urnas y elegir a nuestras autoridades; cada uno ha ejercido su derecho a la opinión, a la libre expresión, a la denuncia, a la participación social, hasta hubo bloqueos y marchas en determinadas regiones del país.
Hemos gritado, pedido y exigido que las autoridades electas hagan una gestión decente y para todos, pues ellos tienen por delante esa misión, y deberán responder de acuerdo con las expectativas de la gente, que es el sustento de la democracia, porque esta la construimos entre todos: gobernantes y gobernados. Nuestros derechos políticos y sociales a la orden del día.
Si bien en términos formales la democracia es una forma de gobierno, de organización del Estado —en el cual las decisiones colectivas son adoptadas por el pueblo mediante mecanismos de participación directa o indirecta que le confieren legitimidad a la autoridad electa—, en el sentido más popular, democracia es una forma de convivencia social en la que todos sus habitantes son libres e iguales ante la ley y las relaciones sociales se establecen de acuerdo con mecanismos contractuales. Es decir, la democracia la hacemos, la practicamos, la gozamos entre todos. Sin privilegiados, ni excluidos, ni adulados.
Y es en esta lógica que tenemos que hablar de derechos y deberes, dos niveles inseparables para el ejercicio democrático y la plena vigencia de un Estado de derecho, porque en Bolivia la política es demasiado importante como para dejarla solamente en manos de los políticos. Somos una sociedad en permanentes contradicciones, donde confluyen una serie de conflictos protagonizados por una diversidad de movimientos sindicales, sociales, empresariales, cívicos, vecinales, indígenas, campesinos, mineros, colonizadores y muchísimos otros. Cada cual exige sus derechos, pero cuando se trata de recordarles sus deberes, denuncian discriminación o abusos.
Bolivia está movilizada. Hoy, el ciudadano exige sus derechos, está presente en las manifestaciones, en los cabildos, va a las urnas y vota, interpela a sus autoridades departamentales y nacionales, no se deja engañar tan fácilmente, se inquieta, se preocupa y se cuestiona. Grita y busca su espacio. Opina y se hace sentir a través de los medios informativos y hace uso de las plataformas digitales y de las redes sociales a través del internet.
Usted, amable lector es un animal político, un sujeto social y un ser de comunicación, no es una bestia ni dios para vivir aislado o solo, y a usted le debe importa el bienestar y la felicidad de cada uno de nosotros, de la familia, los parientes, los amigos, los conocidos, hasta de los enemigos. Le debe importar su país, su municipio, su departamento y no puede mirar de palco lo que está pasando. Eso nos demanda involucrarnos en las decisiones de nuestra comunidad y del gobierno en sus tres niveles.
Una de las maneras de involucrarnos y participar es cumpliendo con nuestros deberes, desde los más complejos a los más sencillos: No estacionarse en doble fila, ni a la izquierda. No coimear cuando un funcionario pone multas. No corromper a los que pidan coimas o diezmos. No seguir malos ejemplos como el del Mutualista. No evadir impuestos municipales. No falsear licencias ambientales. No insistir a que el funcionario reciba su “premio”. No infringir normas sanitarias y de sonido en los boliches nocturnos. No vulnerar los derechos de la ciudad y su entorno natural. No avasallar y lotear el cordón ecológico del río Pirai. Ser ciudadano es ser responsable y consciente de sus obligaciones. No corromperse con las arcas del Estado,
No es nomás esperar en tu hamaca a que te lluevan los derechos. O marchar gritando “hasta las últimas consecuencias”.
En nuestra democracia, que siempre está asediada, amenazada por poderosos y empoderados que se creen dueños de una parte del país, el gobierno tiene la obligación de exigirles compromiso para tomar conciencia de que Bolivia se construye con el esfuerzo de todos, no a plan de bloqueos, caprichos y violencias.
Hernán Cabrera es periodista y licenciado en Filosofía.
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