Tentamí, donde las promesas no llegan

Opinión

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Gabriela Canedo V.

El Chaco, ese “infierno verde”, concede de vez en cuando una tregua, un día templado, lo suficiente para recorrerlo y esta vez llegar a Tentamí; una de las quince comunidades guaraníes que conforman la Capitanía de Zona Macharetí.

Partir desde Villa Montes a las ocho de la mañana es, más que un viaje, una aproximación a una realidad que incomoda, sobre todo cuando la política anda de campaña.

La queja es la de siempre, la falta de agua. Tras menos de una hora de camino, en el que el paisaje seco y agreste se imponía y evocaba la carencia de agua, y apenas dejamos la carretera central, la ruta se bifurca en un camino secundario. Pasamos Tigüipa Pueblo y poco después, arribamos a Tentamí. Eran las nueve de la mañana. La señal de celular se desvaneció y la batería del móvil descendía sin esperanza de recarga, pues Tentamí no cuenta con luz eléctrica. Entonces me vino a la memoria el satélite Tupac Katari y su promesa incumplida de comunicar a los más alejados. Y me resultó inevitable contrastar esa carencia con los discursos electorales que, desde las ciudades, hablan de modernizar Bolivia: bitcoins, inteligencia artificial, digitalización; palabras que en Tentamí suenan huecas, ¿de qué sirve la retórica de la modernización cuando comunidades como Tentamí permanecen al margen de la infraestructura más básica?

En pleno siglo XXI y, tras veinte años de un gobierno que se proclamó indígena, Tentamí sigue sin luz eléctrica, sin agua potable y sin comunicación satelital. ¿Cómo entender esa paradoja? La explicación que se asoma parece un laberinto institucional. Un alcalde encarcelado por acusación de malversación de fondos, cables tendidos, pero sin electricidad, competencias disputadas entre municipio y gobernación. El resultado es el mismo, los años pasan y Tentamí permanece a oscuras.

¿Y el agua? Una vertiente cercana a la comunidad de Tigüipa Pueblo es administrada por ella misma y comparte el agua cuando le alcanza. Tentamí se gana el derecho a un poco de agua, limpiando las acequias que parten de la comunidad vecina y cuidando las propias. En tiempos de sequía, Tentamí queda relegada; Tigüipa Pueblo prioriza su propio consumo y entonces los conflictos se multiplican. A veces, la alcaldía envía cisternas, pero la falta de diésel vuelve los viajes esporádicos. No son pocas las ocasiones en que los propios comunarios pagan el combustible. En Tentamí se bebe, quizás, el agua más cara de Bolivia.

Una de las pocas Organizaciones No Gubernamentales presentes en la zona, Acción Loyola (ACLO), construyó un tanque de 50.000 litros para almacenar y distribuir el agua. De modo tal que los comunarios puedan beber, asearse y regar sus huertos agroecológicos. “Si Dios nos bendice con su lluvia, producimos; si no, caminamos kilómetros con bidón y carretilla”, dijo la líder Roberta, en la ceremonia de la inauguración del depósito. Reciclan y cuidan cada gota de agua que reciben, pero saben que la verdadera solución es perforar un pozo, que posiblemente sea otra promesa incumplida. Pese a todo, Tentamí no se rinde, la Capitanía Machareti a la cabeza de la Urubichá Roberta Chambae se preocupa por las quince comunidades y se constituye en la instancia más cercana a los comunarios y sus problemáticas. Ésta es la que les permite avanzar.

Las comunarias de Tentamí han incursionado en el tejido de lindos “boco”, modelan cerámica, cultivan hortalizas orgánicas como la lechuga, el tomate, el repollo, y las variedades de ajíes, que les posibilita diversificar su dieta. En suma, muestran la persistencia y ahínco que le ponen a cada actividad y ni duda cabe, construyen “comunidad”.

Hace apenas unos días acudimos a las urnas para elegir presidente, vicepresidente y la composición de la Asamblea Legislativa. Las campañas prometían transformación, desarrollo y derechos, la misma cantaleta de siempre que se recicla cada cinco años. Hoy, al mirar a Tentamí, queda el sabor amargo de la repetición de la historia. Las élites políticas arriba, enfrascadas en sus peleas intestinas; abajo, las comunidades, resolviendo solas lo que el Estado abandona. Gobierno tras gobierno, Tentamí se salva sola. Esta comunidad no pide imposibles, sino solo agua, luz y comunicación; tres cosas básicas para cualquier vida digna.

Tentamí es un ejemplo del trozo de país olvidado donde las promesas no llegan.

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Gabriela Canedo es socióloga y antropóloga

Las opiniones de nuestros columnistas son exclusiva responsabilidad de los firmantes y no representan la línea editorial del medio ni de la red.

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