Los Diálogos de Tarija arrojan una hoja de ruta para un futuro ético, con inteligencia artificial y reinvención democrática en Bolivia

Democracia

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Yenny Escalante

Conclusión de las jornadas Tarija Dialoga. Foto: Ecosies Tarija

El evento «Democracia y Futuro: hacia una agenda común para Bolivia», organizado por el Movimiento Tarija Dialoga dejó una serie de reflexiones y propuestas que buscan orientar el desarrollo social, político y económico hacia un horizonte más justo, ético y sostenible. A través de un proceso de diálogo plural, los participantes coincidieron en la necesidad de construir nuevas formas de relación entre el Estado, el mercado y la sociedad, bajo principios los derechos fundamentales y el respeto por el medio ambiente.

«Esta es la propuesta preliminar de agenda de futuro que se ha ido concertando. Hemos tenido un encuentro con dos jornadas que han tenido cuatro mesas de diálogo y expositores del país y fuera del país», sostuvo el coordinador de la plataforma, Sergio Lea Plaza. «Ha habido el intercambio de ideas, por ejemplo, para repensar la democracia desde lo local», explicó.

El evento se desarrolló en Tarija entre el 14 y 15 de mayo, pero las conclusiones están orientadas a toda Bolivia. La primera conclusión hace referencia al diálogo y la gobernabilidad sistémica. «La viabilidad del país depende de instaurar una lógica urgente de diálogo, tendiendo puentes y construyendo una gobernabilidad sistémica, con visión temporal (corto, mediano y largo plazo) y espacial (de lo local a lo global)», refiere el documento.

Los participantes también destacaron que es fundamental entender las complejas interrelaciones entre los contextos locales, regionales y globales, superando la idea de que es posible abstraerse de lo externo.

Otra de las conclusiones centrales fue la importancia de impulsar una relación equilibrada entre Estado y mercado, que contribuya a lo público y se rija por un marco ético basado en los derechos humanos y la conservación de los bienes ecosistémicos. Esta visión busca romper con lógicas excluyentes y poner en el centro el bien común. «Buscando en lo productivo alternativas frente al extractivismo, como fortalecer la economía naranja, el turismo y los productos de alto valor», añade el documento.

Otro eje fundamental fue la necesidad de entender la sociedad en clave de red. Esto implica reconocer que las acciones e instituciones están interrelacionadas, y que ese entramado impacta en la política, la economía y las relaciones sociales. En este marco, se propuso priorizar la educación, la digitalización y el desarrollo de la inteligencia artificial como herramientas para el bienestar colectivo, siempre con una mirada ética.

Frente al surgimiento de un nuevo orden mundial dominado por el capital financiero y las grandes corporaciones tecnológicas, los participantes enfatizaron la urgencia de fortalecer la voz y el poder del sur, tanto a nivel global como regional y nacional. «Esta articulación es clave para lograr equilibrios y avanzar hacia una mayor justicia global», puntualizó Lea Plaza.

Repensar las democracias desde lo local fue otro de los temas destacados. Se abogó por revitalizar las dinámicas comunitarias y territoriales desde una interacción crítica con la globalización, generando un flujo que conecte lo local con lo global y viceversa.

Los diálogos cerraron con la convicción de que otro futuro es posible si se apuesta por la construcción colectiva, el diálogo sincero y el compromiso con los valores fundamentales que sostienen la vida en comunidad.

«Esta agenda es una primera base para seguir construyendo, enriqueciendo y aterrizando en los temas clave. A esto faltan las miradas al extractivismo, por ejemplo en la economía naranja», finalizó Lea Plaza.

Finalmente, se propuso reimaginar la educación como un motor transformador basado en el pensamiento crítico. «Frente a la alta polarización, la cultura digital, la inteligencia artificial y la baja credibilidad del sistema democrático, se insiste en romper con el adultocentrismo y escuchar las voces jóvenes con seriedad y apertura», dice el último punto del documento.

En tiempos de digitalización acelerada, se subrayó la necesidad de que la educación contribuya a rehumanizar las interacciones y a formar ciudadanos capaces de enfrentar los desafíos del presente y del futuro con conciencia y responsabilidad.

Los participantes también destacaron que ningún proyecto de futuro puede construirse desde el aislamiento. En un mundo interdependiente, los contextos locales, regionales y globales deben ser considerados de forma conjunta. El futuro, señalaron, no se construye como islas, sino desde la comprensión profunda de las conexiones.

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