Un feriado a la boliviana

Opinión

|

|

Sonia Montaño V.

Esta columna se publica cuando se han cumplido cinco semanas de bloqueo. Parecía que Paz había enmudecido, pero apareció con el rostro demacrado, cómo no, anunciando el envío del proyecto de ley para reglamentar el estado de excepción “humanitario” . Ya se ha aprobado en senadores y espera que los diputados hagan lo mismo. Parecemos suizos.

Simultáneamente, varios municipios y grupos de la sociedad civil han logrado desbloquear carreteras. Primero las topadoras, luego los militares y la gente cuidando a ambos grupos. Mientras tanto, los irreductibles dicen: “no siempre” y el innombrable se pasea impune en el trópico. Eso es Bolivia.

El gobierno decidió ampliar el feriado de Corpus Christi para “fomentar el turismo”. Bajo el azul cielo, el sol quema y la sombra te congela. En esa espiral del clima paceño decidí ir a vacacionar al mercado. Son más de diez personas muertas debido a la imposibilidad de llegar a los centros de salud y muchos más los incidentes derivados del bloqueo. Hay alerta sanitaria en varios departamentos.

Muchas mandarinas y kilos de plátanos verdes esperan a las compradoras, que, como yo, los llevarán a casa hasta que maduren. Mientras hacía fila para comprar lentejas, una mujer conversaba con su hija: «No te preocupes, mamita. Yo no me quedaré quieta, mis jefes están pensando llevar la empresa a Santa Cruz. Nos vamos allá y estaremos bien”. Más allá la frutera se pintaba las uñas y conversaba con un joven que lucía un lindo tatuaje: «Andate, joven, qué vas a hacer aquí” . Me quedé con ganas de decirles que en el vecindario, no serán bienvenidos porque la mayoría de los países están cerrando sus fronteras mientras abren sus bancos. Aquí no hay dólar.

Un día me embarga la tristeza y al día siguiente también, pero gracias a mi entorno logro recuperar el optimismo y recordar que la democracia es, en primer lugar, aceptar las reglas del juego y que Rodrigo Paz ganó las elecciones y debe terminar su mandato. Han proliferado los creativos que quieren solucionar la crisis, pero ya no los escucho.

Mientras tanto, estos días han ocurrido dos hechos que nos muestran una sociedad hecha pedazos gracias al despilfarro consumista y la política de abrazos del MAS con el crimen organizado. Un taxista apareció muerto en Viacha, la policía detuvo a tres muchachos quienes fueron sacados de las celdas policiales por pobladores y arrastrados hasta la plaza principal. Allí los golpearon, los dejaron semidesnudos, mientras una multitud exigía quemarlos vivos. En medio de la tensión, obligaron al padre de uno de los menores a castigar a su hijo con chicotazos. Los jóvenes de entre 15 y 18 años fueron rescatados por la policía. Noticia en desarrollo le dicen; ¿pagarán o los liberarán como al dirigente Argollo de la COB que encabeza la sedición?

Dos días antes, en Pocoata, tres hombres no tuvieron la misma suerte. Acusados del robo de un vehículo, los presuntos autores también fueron sacados de “dependencias policiales” se los llevaron y los quemaron. El único policía a cargo no llegó a tiempo debido a los bloqueos. Estos se cuentan por decenas en estos días. No los ajusticiamientos por mano propia. El proyecto LAPOP ha situado a Bolivia y Guatemala como los países con mayor incidencia de linchamientos en la región. Lo que es más dramático es que esta es una práctica aceptada por una parte significativa de la población.

Es de todas conocido el hecho de que uno de los mayores desastres institucionales en Bolivia está en la justicia, sometida al poder político y aquejada por la corrupción. La constitución reconoce el ejercicio de la jurisdicción indígena originaria campesina a través de normas y procedimientos propios. Esta justicia ha tenido un derrotero similar al de la justicia ordinaria. No funciona. Mientras la justicia ordinaria está muriendo, la indígena no llegó a nacer. La primera ha llenado los bolsillos de muchos operadores y la otra ha sido sustituida con frecuencia por actos delincuenciales que los propios medios de comunicación confunden.

Como se ha visto en el caso de los bloqueos, algunos dirigentes operan en dos carriles: cuando les sirve claman justicia y cuando quieren cierran los ojos. Casi siempre ignoran las reglas.

Sonia Montaño Virreira es socióloga jubilada y feminista por convicción.

Las opiniones de nuestros columnistas son exclusiva responsabilidad de los firmantes y no representan la línea editorial del medio ni de la red.

Comparte:

Noticias

más leídas

Miriam no llegó a su quimioterapia: la muerte de una niña con cáncer que no pudo llegar a La Paz debido a los bloqueos

Con negociación y vigilia en los puntos de bloqueo, 5 municipios mantienen las vías despejadas en el norte de La Paz

“Challa respira su propio aire”: la tarde en que un pueblo indígena por fin logró su autogobierno

Ante bloqueos, personas con discapacidad exigen alimentos e incremento del bono; además rechazan el proyecto de Ley 388

¿Por qué esperar muertos y estar al límite del abismo?

Ciudades cercadas: cuando el conflicto encierra derechos y profundiza desigualdades