Turiros de la precariedad

Opinión

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Sumando Voces

Carolina Méndez Valencia

Voy a inaugurar este espacio haciendo una confesión. Estoy aquí con un poco de temblor en las piernas y con la voz titubeante porque no sé muy bien qué quiero decir. Cuando recibí la invitación para trasladar mi columna de opinión que se quedó sin casa tras el cierre de Página Siete me emocioné tanto con este nuevo espacio de acogida que prometí un texto semanal para cimentarlo. ¡Un texto semanal es un montón!

¿Sobre qué podría escribir?, ¿qué tan relevante puede ser mi voz en medio de tanto contenido circulando en internet?, ¿tengo que tener una opinión sobre lo más importante de la coyuntura?, ¿quién decide qué es lo más importante de la coyuntura?

Después de atormentarme con estas preguntas, tengo algunas respuestas: aún no sé muy bien sobre qué quiero escribir pero confío en que algo se me va a ir ocurriendo mientras tipeo; sé que mi voz no va a cambiar nada pero capaz que al menos puede ser un intento de apuesta contra la impostura y no, por supuesto que no tengo que tener siempre una opinión sobre “lo más importante” (puede que a veces ni lo entienda o que discrepe con la valoración de que eso es lo más importante).

Les confieso que una vez que contraje este compromiso, empecé la semana haciendo un ejercicio de radiografía de coyuntura. Revisé un par de portales de noticias nacionales e internacionales y diariamente me fui haciendo una lista de temas que fueron apareciendo en la agenda. Anoté por ejemplo algunas impresiones sobre el conflicto Israel-Palestina, escribí que el divorcio del MAS parece cada vez más irreversible y que es impresionante cómo ha crecido la figura nefasta de Javier Milei al punto de que es casi predecible que irá a segunda vuelta en Argentina. También apunté que la senadora Barrientos fue agredida por el alcalde en Sipe Sipe, que desde el lunes se empezó a pagar el Juancito Pinto y que nuestro país está sufriendo cada vez más las consecuencias del cambio climático y la deforestación imparable del extractivismo agroindustrial. A esto último se suma la sentencia criminal (0076/2023) que atenta contra el patrimonio natural del país.

Como ya se podrán imaginar, al final de la semana en vez de tener claridad sobre un tema para escribir tenía una ensalada de opciones y un espeso caldo de preguntas sin respuestas. Entonces me senté a escribir sin saber muy bien sobre qué y ahí me acordé de un tema que salió en la agenda y que tocó mis fibras sensibles. El anuncio de la demanda laboral de los experiodistas de Página Siete contra la empresa editora Luna Llena, cuyo principal accionista es Raúl Garafulic. Me llenó de bronca la respuesta indolente que han dado los dueños del periódico tras el cierre al comprometido grupo de periodistas que dieron todo en la cancha hasta el último segundo. Una de las periodistas me confesó que trató de ocultar a su madre la situación por la que estaba pasando para no preocuparla. La señora se enteró en los medios que su hija estaba siete meses sin salario, gastando ahorros y padeciendo en silencio la situación.

Esta cuestión me hizo pensar en la cada vez más tolerada y normalizada precariedad laboral de los periodistas en Bolivia. Es de conocimiento dentro del gremio que esperar el pago el primer día del mes siguiente es casi una quimera y que las deudas de salarios son cada vez más recurrentes. Eso sin mencionar que los sueldos no son los más altos y que en algunos casos no hay beneficios sociales. Estamos ante una situación cada vez más crítica que está dando como resultado que los periodistas tienen que abandonar la cancha de la fiscalización al poder para trabajar en el otro bando: en el de los partidos políticos, las ONG´s o que, incluso tienen que buscar una pega paralela que no tiene nada que ver con periodismo.

Toda esta situación tiene como correlato los recortes del personal en los medios, la contratación de pasantes a quienes no se les paga o se les paga miseria, deteriorada producción periodística, nula posibilidad de las redacciones para dedicar equipos exclusivos a investigaciones profundas y por supuesto, el deterioro de uno de los cimientos de la democracia: la libertad de prensa.

Entonces, este problema que parece ser sólo una cuestión gremial y de nicho, es en realidad una afectación social a los ciudadanos a quienes cada vez más se les priva de información de calidad sobre asuntos públicos, fiscalización y transparencia. La libertad de prensa y la calidad de la información son pilares de la democracia, y es nuestra responsabilidad como ciudadanos estar atentos a estos problemas y buscar soluciones.

Es verdad que este complejo panorama de la prensa no es exclusivo del contexto boliviano pero no por eso deberíamos dejar de pensar posibles salidas para hacerle frente. A lo mejor la semana que viene podamos seguir pensando en esto pues definitivamente es una amenaza latente que está erosionando la democracia.

Antes de cerrar quiero recomendarles el episodio “Un padre, un hijo y un abismo: el ascenso de Javier Milei en Argentina” que alerta sobre cómo la figura del candidato está pegando sobre todo a las nuevas generaciones que en simultáneo no descartan en irse del país a la primera de cambio.

Nos vemos la semana que viene.

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Carolina Méndez Valencia es periodista.

Las opiniones de nuestros columnistas son exclusiva responsabilidad de los firmantes y no representan la línea editorial del medio ni de la red.

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