Rodrigo Paz: más allá de los tiempos que le toca vivir

Opinión

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Patricia Cusicanqui

Así, como quien nada hace, me pregunto: ¿Será que Rodrigo Paz quiere quedarse para siempre? ¿Querrá irse lo más rápido posible? No es fácil pasar de ser amado a ser rechazado. Hay que decir que durante los bloqueos mostró templanza. Pero ya entonces mostró algunas hilachas populistas.

Si nos guiamos por lo que dice podríamos concluir que quiere cumplir su mandato de cinco años. Pero si vemos lo que hace o deja de hacer tenemos derecho a dudar, sobre todo si vemos cómo va creciendo su club de amigues en la región. Ya lo sé, es lo que hay, pero mi espíritu materno se pregunta si estará vacunado contra el autoritarismo o por el contrario será fiel al tiempo que vivimos. Su aún discreta presencia en el Escudo de las Américas hace temer que no le será fácil resistir el peso de Trump, los arrumacos de la Keiko y si para sus adentros no quisiera gobernar carajeando como Milei.

Anne Appelbaum, en su magnífico libro El Ocaso de la Democracia (2020), concluye que “dadas las condiciones adecuadas, cualquier sociedad puede dar las espaldas a la democracia”. Una condición estudiada por ella es la “predisposición autoritaria” de la que Evo Morales fue y aún es beneficiario. El desprecio por las reglas de la democracia hace mucho que forma parte de nuestra cultura. Durante su largo gobierno nos inyectaron resignación. Estamos pisando un terreno que hizo florecer muy pronto el desencanto.

En un mundo cada vez más veloz, la derrota electoral del MAS y el entusiasmo que generó la llegada de Paz parecen historia vieja. La nostalgia por el masismo se está reactivando y puede llevar a repetir pedidos de renuncia y otras maldades, aunque quizás (eso deseo) esta vez las protestas adquieran forma de comedia. El riesgo podría atenuarse si el acuerdo con el FMI se concreta y supera la tranca legislativa. Y aquí me aparece otra pregunta: ¿No prometió el presidente ignorar al Fondo? Fingir demencia respecto de esa promesa, en este caso, tiene su lado bueno. La necesidad tiene cara de hereje.

Me preocupa “la integración de Bolivia en el mundo” en un momento en el que Trump se cree el amo y señor del planeta. Desde Venezuela hasta la Argentina viejos izquierdistas como Ortega y nuevos libertarios como Bukele se están agrupando repitiendo una retórica librecambista, libremercadista, antiestatista, militarista y antifeminista, la que es suficiente para ganar votos pero no para hacer cambios estructurales. En ese contexto sería bueno que el gobierno se deshaga de los extremos. Si hasta el FMI acepta financiar programas sociales, hay espacio para pensar pragmáticamente una política de estabilidad con empleo y con igualdad de oportunidades.

Es bueno recordar que la derecha dura está ganando especialmente allí donde la izquierda populista ha gobernado, en algunos casos, por décadas y en tiempos de vacas gordas. Basta ver la tragedia venezolana para pedir que aquí no llegue ninguna tragedia que ponga al desnudo la corrupción del masismo que gobernó seduciendo, cooptando y corrompiendo líderes políticos y de movimientos sociales.

Somos una sociedad con valores democráticos endebles, fragmentada por pugnas identitarias reales e inventadas que si no se superan podrían facilitarle a Paz una salida autoritaria que, a diferencia de las dictaduras militares, se viene construyendo poco a poco.

Oscar Martinez periodista salvadoreño en el exilio y autor del Rey desnudo (https://www.anagrama-ed.es/libro/nuevos-cuadernos-anagrama/bukele-el-rey-desnudo/9788433948861/NCA_100) acaba de recorrer varios países donde se ha encontrado con admiradores de Bukele como los que hay en Bolivia. A la luz de la experiencia comparte su miedo ante la idea extendida de imitar al dictador de su país. Parece que no sabemos el precio que el pueblo salvadoreño ha pagado. Aquí se escucha a políticos, periodistas, taxistas y pasajeros de minibuses que por un lado dicen “con Evo estábamos mejor» y por el otro quieren a un Bukele. El sentido común los ha igualado.

Tengo la impresión que entre los cercanos al presidente Paz conviven de los unos y de los otros y que si no fortalecemos las voces ciudadanas no podremos detener las pulsiones autoritarias. Esto siempre que el actual gobierno ejecute una reforma institucional y judicial que llegue hasta el fondo. Rodrigo Paz podría vestirse con un traje democrático diferenciándose de sus nuevos mejores amigos. Tendría que ir más allá del tiempo que le tocó vivir.

Sonia Montaño Virreira es socióloga jubilada y feminista por convicción.

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