Quisiera no decir adiós, pero…

Opinión

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Esther Mamani

Esther Mamani

El periodismo boliviano tradicional enfrenta un momento apocalíptico, de transición y reconfiguración inevitable al que ha sido arrojado por la fuerza de otros eventos. Muy pocos ejemplos han tenido el tino, la resignación y la aceptación de transicionar lo antes posible para que eso no implique tantas consecuencias.

La pandemia, el boom de las redes sociales y la globalización que trajo llevaron a las y los responsables de medios tradicionales a cambiar. Incluso hacerlo sin creer ni entender ese futuro y menos aún queriendo ir a ese punto. Decenas de periodistas nos vimos de un día para el otro sin empleo debido a esas dinámicas tanto empresariales como editoriales. Empezó así la fase de prueba y error que dejó saldos.

Decenas de periodistas que no querían decir adiós, tuvieron que marcharse a otros ámbitos laborales para sostener a sus familias y otros tantos pasamos a la comunicación institucional según nuestros principios y creencias.

Fue así que hacer periodismo se volvió un camino de incertidumbres con algunas alegrías cuando una puerta nos daba el sí a una subvención para nuestra crónica o reportaje. Es cierto que nunca dejas de ser periodista, pero también es verdad que aceptas ser periodista solo bajo ciertas condiciones y te resignas a que eso ocurre con menor frecuencia, aunque con mayor satisfacción. En el periodismo tradicional las cosas fueron diferentes.

Grandes medios optaron por reemplazar a los periodistas que se fueron por reporteros/as y practicantes en quienes no invirtieron ni tiempo ni recursos extras para su capacitación. En consecuencia, la calidad de los servicios noticiosos bajó y las críticas de la audiencia subieron porque lo que cuenta es lo que sale al aire, lo que se publica y se escucha.

A la audiencia no le interesa conocer las penas de los medios. Es un servicio gratuito con altas exigencias. Con mucho sacrificio algunos medios mantuvieron los estándares, otros perecieron pese a los esfuerzos porque en periodismo no todo es periodismo sino también temas empresariales y de sostenibilidad.

Así, el espectro de periodistas se vio reducido, pero no por ello los que quedaron tuvieron más opciones para elegir. Actualmente hay una treintena de medios nativos digitales haciendo periodismo y honrando la calle como fuente primaria de nuestro trabajo según el mapeo de SembraMedia. Por eso no hablo de los equipos digitales que comparten solo refritos.

El periodismo que estamos viviendo rompe cualquier previsión y deja espacio solo para los mejores porque un buen periodismo siempre será necesario. Aunque ahora andemos de capa caída tengo la certeza de que esto va a continuar, pero para nuevos inicios hay que cerrar otras puertas. Quisiera no decir adiós, pero debemos marcharnos porque este escenario como lo conocíamos antes ya no existe. Si en el trayecto más colegas dicen, o decimos adiós, tengan por seguro que no es el final del camino sino solo de la forma. La nostalgia a veces gana, igual que esa canción de Gilda que acepta marcharse. Nosotros no nos queremos ir, pero quizás irse es el camino para volver con más fuerza.

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Esther Mamani es periodista, workaholic, especialista en género

Las opiniones de nuestros columnistas son exclusiva responsabilidad de los firmantes y no representan la línea editorial del medio ni de la red.

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