Que llueva y se apague el fuego

Opinión

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Sumando Voces

Dino Palacios

Dino Palacios

Mientras levanto la vista con la esperanza de ver esas nubes negras señal de que la lluvia llega, la señora que cuida el edificio de al lado lava la acera muy feliz con agua potable. Tengo ganas de decirle lo que pienso, pero sé que solo reaccionará con cara de ‘y a usted qué le importa si no paga la factura’.

La humareda por chaqueos pone en riesgo la salud de todos, desde ojos rojos y dificultad respiratoria hasta la alerta para no realizar actividades físicas en espacios abiertos. La producción agrícola en varias regiones está amenazada críticamente; hay una larga sequía y el ganado está en riesgo por la escasez de agua que vive el país.

No solo la salud de la población y la seguridad alimentaria están amenazadas, sino también los ingresos de los productores, afectando a numerosas familias, es decir, nuestra economía.

Se trata de una crisis ambiental global que se manifiesta de diversas maneras en todo el planeta, pero hoy nos afecta en nuestra vida cotidiana a todos. Hay numerosos responsables en diferentes grados, pero todos nosotros tenemos nuestra cuota de responsabilidad.

Mientras en el altiplano boliviano, comunidades enteras peregrinan hacia los apus para rezar por las lluvias, los lavadores de autos desperdician el agua en las ciudades. De igual forma, las empresas constructoras utilizan indiscriminadamente agua potable para sus fines, como burlándose sin darse cuenta de su contribución a la crisis. No hay duda de que rezar por las lluvias no es suficiente, pero tampoco es suficiente hacer cumbres y escribir artículos que no resuelven nada.

Mi hija menor me contó que leyó un artículo sobre una tribu en la parte más al norte de Namibia, que tenía 11 diferentes formas de lluvia, cada una con género e intención; la primera lluvia, la lluvia para las plantas, para limpiar los campos, la lluvia para las flores, la última lluvia, y así sucesivamente. Cada una de esas lluvias tenía un personaje y una personalidad. Cuando no llovía era porque las actitudes humanas habían hecho algo para enojar a esos personajes de las lluvias.

Si las organizaciones mundiales, los gobiernos, sus políticos y todos nosotros en última instancia no comenzamos a hacer algo ahora, la ira de las lluvias nos dejará sin agua en el mundo y el fuego sin el verde que tanto necesitamos. Que llueva y se lleve el fuego y que sea porque los humanos entendemos que estamos jugando a aprendices de brujo ‘desatando fuerzas que no podremos controlar.

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