Justicia indígena originaria apuesta por el diálogo y la reparación para fortalecer una cultura de paz

Desarrollo

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Yenny Escalante

El conversatorio «Conversatorio Uno Todo, Todo Uno para una Cultura de Paz «reunió a autoridades y representantes de pueblos indígenas originarios para reflexionar sobre las prácticas ancestrales de resolución de conflictos y su posible aporte a una cultura de paz en Bolivia. Los participantes destacaron que la justicia indígena originaria busca principalmente el diálogo, la reparación y la reintegración de las personas a la comunidad, y no debe ser confundida con la denominada “justicia comunitaria” asociada únicamente al castigo.

En el marco de las actividades por el Día Internacional de la Paz, que se conmemora cada 21 de septiembre, el proyecto Kacha Kausakunapaq, de la institución ISALP, organizó un conversatorio dedicado a analizar la justicia indígena originaria campesina desde los saberes ancestrales de los pueblos indígenas.

Durante el encuentro, autoridades y exautoridades de comunidades de Taquichiri, Chiracoro, Tauca Tomave y otras regiones compartieron experiencias sobre las formas tradicionales de resolver conflictos y coincidieron en que el diálogo y la participación comunitaria constituyen elementos centrales de estas prácticas.

Carmen Rosa Taquichiri, representante de la comunidad Taquichiri, del departamento de Potosí, explicó que antiguamente los conflictos familiares y comunitarios se resolvían mediante reuniones en las que participaban las autoridades, las familias y otros integrantes de la comunidad.

“La justicia originaria se aplica a través de un diálogo y la comunicación para resolver cualquier problema que ha existido dentro de una familia y para eso las autoridades se prestan para resolver el conflicto que existe en el ayllu, y eso siempre parte del diálogo”, señaló.

Según Taquichiri, una de las principales diferencias respecto a la justicia ordinaria es la rapidez con la que se atienden los conflictos. Mientras un proceso judicial puede prolongarse durante años y con varias audiencias, en las comunidades las partes pueden ser convocadas y escuchadas en una misma reunión con el propósito de alcanzar una solución.

Durante el conversatorio, el abogado indígena Raúl Cruz Rocha remarcó que la justicia indígena originaria tiene un carácter restaurativo y correctivo. Esto significa que, además de establecer una responsabilidad por la falta cometida, procura reparar el daño, reconciliar a las partes y preservar la unidad familiar y comunitaria.

«En el derecho positivo, cualquier hermano que te ha hecho daño quiere verte en la cárcel, detrás de las rejas. Con eso se conforma y dice que se ha hecho justicia, pero no ve el interés del niño, de la niña, de la familia. El papá entra a la cárcel, tal vez no tienen a la mamá, ¿y dónde quedan los niños? Mientras que en la justicia indígena pensamos velamos por la familia», manifestó el jurista.

Los participantes explicaron que las normas propias contemplan diferentes niveles de faltas —leves, graves y muy graves— y que las autoridades, junto con la comunidad, determinan las medidas correspondientes.

La exautoridad del Ayllu Tauca Tomave, Bernardino Colque Choque, dijo que históricamente existieron instrumentos como el cepo, utilizado principalmente para mantener a una persona bajo custodia mientras se esclarecía un conflicto y se obtenía su declaración. Asimismo, mencionaron prácticas de juramento y ceremonias vinculadas con las creencias y valores espirituales de cada pueblo.

«Los castigos (dentro de la justicia indígena) tienen que ser razonables, uno no se puede exceder, y el cepo es un instrumento», expresó Colque.

No obstante, durante el encuentro se insistió en que estas prácticas deben comprenderse dentro de su contexto cultural y que las sanciones no pueden vulnerar la dignidad ni los derechos fundamentales de las personas.

Los exautoridades participantes destacaron que la resolución de conflictos no corresponde únicamente a una autoridad individual. En numerosos casos interviene la comunidad, que analiza las circunstancias y busca equilibrar las diferentes posiciones. También resaltaron el papel de las mujeres en este proceso. Según explicaron, actualmente la participación femenina en las autoridades originarias busca mantener un equilibrio entre hombres y mujeres al momento de analizar los conflictos y adoptar decisiones.

Otro elemento señalado fue la dimensión espiritual. Los participantes sostuvieron que la justicia indígena originaria tradicionalmente está acompañada de rituales y valores espirituales que buscan brindar sabiduría y equilibrio a quienes ejercen la autoridad.

Proponen acercar estas prácticas al área urbana

Uno de los principales planteamientos del conversatorio fue la necesidad de socializar y explicar mejor la justicia indígena originaria en las ciudades, debido a la existencia de percepciones que la relacionan exclusivamente con castigos físicos o actos de violencia.

José León, integrante del proyecto organizador, sostuvo que algunas de estas prácticas podrían aportar elementos útiles para otros contextos, especialmente por su carácter gratuito, participativo, rápido y orientado a la restauración.

Los participantes plantearon que esta socialización podría realizarse mediante encuentros entre autoridades originarias, organizaciones sociales, juntas vecinales, instituciones públicas y representantes de la justicia ordinaria.

La propuesta, aclararon, no consiste simplemente en trasladar mecánicamente las prácticas comunitarias al ámbito urbano, sino en conocer sus principios y rescatar aquellos elementos compatibles con una convivencia pacífica y respetuosa.

La cultura de paz comienza en la familia

El conversatorio también abordó la relación entre justicia indígena y cultura de paz. Los participantes coincidieron en que la construcción de una sociedad pacífica no depende únicamente de las instituciones, sino que debe comenzar en la conducta individual y familiar.

Entre los valores considerados fundamentales mencionaron la honestidad, la responsabilidad, el respeto, la capacidad de reconocer los errores, el diálogo y la disposición para pedir y aceptar disculpas.

Bernardino Colque, uno de los participantes, sostuvo que la formación académica debe estar acompañada de principios y valores, mientras que otros asistentes señalaron que la familia tiene un papel fundamental en la recuperación de estos principios.

José León resumió esta perspectiva al señalar que el cambio debe comenzar en cada persona y reflejarse posteriormente en su entorno, desde las relaciones familiares y vecinales hasta el respeto por la naturaleza y los animales.

El encuentro concluyó con un llamado a recuperar los saberes ancestrales que contribuyan a la convivencia y a promover espacios de diálogo entre el área urbana y rural. Los organizadores anunciaron además la realización de un segundo conversatorio como parte del ciclo dedicado a la cultura de paz.

Isalp también desarrollará las siguientes actividades:

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