Escuchemos la voz de la Amazonía

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Editorial Sumando Voces

La voz de la Amazonía ha sido dicha: No más destrucción, no más deforestación, no más minería, no más combustibles fósiles, no más extractivismo, no más persecución a los defensores de derechos, no más pueblos indígenas arrinconados, no más mujeres violentadas.

Y esta misma voz ha exigido: Acuerdo por la vida para reemplazar los pactos presidenciales,  autonomía indígena sin tutela estatal, restitución del ciclo del agua, cese de la criminalización a los defensores, reconocimiento de los derechos de la naturaleza y los ríos, transición energética justa, soberanía alimentaria, turismo comunitario y justicia para las mujeres.

La voz de la Amazonía, que está sucintamente resumida en esos dos párrafos, ha sido expresada en el XI Foro Social Panamazónico (FOSPA), celebrado en Rurrenabaque y San Buenaventura, del 12 al 15 de junio, donde han confluido pueblos indígenas, campesinos, comunidades negras, quilombolas (afrodescendientes de Brasil), defensores de la naturaleza, organizaciones sociales, instituciones de la sociedad civil, activistas y pobladores amazónicos y no amazónicos comprometidos son la defensa del medio ambiente y la vida.

El FOSPA, una articulación de la sociedad civil de los nueve países amazónicos que por segunda vez se reúnen en Bolivia, tiene 22 años de trayecto, en los que ha asumido un posicionamiento político en favor de los pueblos y ha marcado la hoja de ruta para frenar la depredación de la naturaleza.

La pregunta es cuánta incidencia genera este evento en los estados y los gobiernos. Los organizadores no son completamente escépticos ni completamente optimistas, pero creen que la Organización del Tratado de Cooperación Amazónica (OTCA), que reúne a los presidentes y gobiernos de esta parte del planeta, ha acogido buena parte de la agenda del FOSPA, aunque no con la intensidad y profundidad con la que la sociedad civil quisiera. Por ejemplo, se han establecido metas para reducir la deforestación, pero no se ha llegado al punto de proponerse la deforestación cero, como quisieran los participantes del FOSPA.

El FOSPA 2024 ha sido un encuentro vibrante, diverso y, sobre todo, comprometido con la Amazonía. La multitudinaria marcha de inauguración fue una expresión de la vitalidad del movimiento. Los debates estuvieron cargados de intensidad, los testimonios de la depredación fueron elocuentes y las conclusiones pusieron una altísima vara en defensa de la Amazonía.

No hay matices ni medias tintas, la sociedad civil quiere cortar de cuajo la destrucción de la selva amazónica porque entiende que su salvación es también la salvación del planeta. Según estudios especializados, el 20% de la Amazonía ya se ha destruido de manera irreversible, pero aún queda la posibilidad de salvar el otro 80%, y es ahí donde apuntan las metas que, por su ambición, podrían ser calificadas de utópicas; sin embargo, la emergencia climática y el punto de no retorno donde se encuentra la Amazonía requieren de una acción decidida de los estados y de la sociedad civil.

Las voces de la Amazonía se han expresado fuerte y claro en Rurrenabaque y San Buenaventura, ahora queda pendiente que los estados, los gobiernos y los presidentes las escuchen porque, de otra manera, se habrá perdido la oportunidad de garantizar agua, lluvias y equilibro climático para todos y todas.

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