Elefantes blancos

Opinión

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Rodolfo Huallpa

Se define como “Elefante Blanco” a una posesión u obra que es inútil o molesta, especialmente una que es cara de mantener o difícil de eliminar. En la cultura hin-dú, los elefantes albinos son símbolo del poder real, así como de prestigio. Se cree que la expresión Elefante Blanco viene de una historia según la cual los reyes de Siam (hoy Tailandia), tenían la costumbre de regalar elefantes blancos a los corte-sanos que les disgustaban, con el fin de arruinarlos por su alto mantenimiento, gran tamaño y altos costos. En esta medida los animales se convertían en grandes molestias para sus dueños y su costo era muy alto comparado con los beneficios que les traía tenerlo.

El término elefante blanco tiene un nuevo significado en la sociedad actual. Y es que debido a lo costoso que es mantener un elefante blanco y los muchos cuida-dos que precisa, el término se emplea para hacer alusión a algo que es espectacu-lar y prestigioso pero que causa más problemas de lo que puede costar. En ese sentido, un “Elefante Blanco” es una obra pública de construcción, mantenimiento o instalación de un bien inmueble que tiene un impacto negativo para la comuni-dad debido a que ha sido abandonada o está inconclusa, sus costos superan los beneficios de su funcionamiento, no es utilizada, o su uso es diferente para aquel que fue creada; por lo tanto, se considera elefante blanco: una obra sin finalizar abandonada, una obra finalizada abandonada, una obra utilizada con fines dife-rentes al que fue construida o que es poco utilizada.

Los casos más emblemáticos en el pais, el aeropuerto de Chimoré en Cochabam-ba, el museo de Orinoca en Oruro, el aeropuerto de Copacabana en La Paz. En muchísimos municipios rurales los cientos de campos deportivos (hasta estadios de gran capacidad como en el Valle de Concepción en Tarija o el del Chapare) tin-glados, y mercados… Obras, en muchos casos suntuosas y caras para la situación de una comunidad pero escasamente útiles.

Son obras que proceden de afanes prebendalistas, clientelistas, o que tienen de transfondo el negociado a costa de los recursos de todos los bolivianos y que son manejados por las autoridadades públicas de turno, en muchos casos con la anuencia de autoridades locales y líderes de las comunidades.

En Bolivia tales obras ya forman parte de una especie de cultura política arraigada, sustentada en los afanes de enriquecimiento ilícito de sus promotores o impulso-res.

¡¡Cuánta falta hace en el país una verdadera revolución moral, ética, cultural y de-mocrática!!

Eduardo Mendoza Fernández
Director Regional Fundación ACLO Chaco

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