El olor de la ciudad

Opinión

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Sumando Voces

Dino Palacios

«Así como la frase ‘Solo se ve bien con el corazón; lo esencial es invisible a los ojos’ contiene una enorme sabiduría, igual o en mayor grado resulta a primeras incomprensible lo complejo que supone reconocer, por ejemplo, ‘El olor de la vejez’. Las ciudades, los barrios, los vecinos y cada una de las personas que viven en las calles de esta ciudad también tienen olores.

El miércoles pasado, las noticias anunciaron que Doña Anita, creadora del trancapecho y que tenía su puesto en ‘Las Islas’, había fallecido. ‘Las Islas’ emanan un conjunto de sensaciones incomparables y entre ellas, los trancapechos de Doña Anita tenían un lugar. Estos olores no solo rememoran comida, sino amigos, parejas, fiestas o festejos, melodías, colores; es decir, reconstruyen una parte de nuestras historias.

Las sensaciones, que se originan en el cerebro primitivo, también conocido como reptiliano, y luego transcurren hacia el cerebro límbico, denominado cerebro emocional, se expresan a través de emociones como dolor, odio o tristeza. Es importante señalar que las sensaciones difieren de las percepciones, donde el cerebro interpreta estas impresiones de manera distinta. Por eso, no es casual que algunos recuerdos de nuestra vida o de nuestra infancia estén asociados de una manera mucho más intensa a sensaciones. Y que esas sensaciones sean de mayor duración que numerosos recuerdos racionales. De allí que sea más fácil recordar la melodía de la canción que el nombre del compositor o el título de la misma.

Los trancapechos muestran en sus olores, presentación y sabores un poco de lo que es Cochabamba. Así como el sabor del api con pasteles en el mercado, a la ciudad de Oruro o las estrellas del cielo caídas al suelo, si llegas por la noche a la ciudad de la hoyada. Las ciudades tienen un conjunto de sensaciones y, en esa medida, emociones asociadas. Tanto las sensaciones como las emociones de una ciudad se construyen por sus ciudadanos. Comenzando el año del Dragón de Madera, y ahora que se apagan las luces que pintaron la Navidad,  hagamos el esfuerzo para que nuestra ciudad no esté asociada al olor de la quema o al temor de la inseguridad. “Apaga el gris de tu vida y enciende los colores que llevas dentro” decía Picasso y  yo tambien pienso que podemos encender los olores que recuerdan los días mejores.

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Dino Palacios es ciudadano.

Las opiniones de nuestros columnistas son exclusiva responsabilidad de los firmantes y no representan la línea editorial del medio ni de la red.

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