El “Catoblepas” devora a Bolivia

Opinión

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Sumando Voces


Roberto Méndez


La naturalización del crimen organizado vinculado con el narcotráfico, la podredumbre política en el principal partido del país y el nomeimportismo de la oposición; la corrupción generalizada en todos los niveles de gobierno, la falsa narrativa de terrorismo de Estado expresada en los barrotes que soportan opositores políticos con narrativas de supuestos golpes de Estado, el envenenamiento con mercurio de nuestros indígenas, el avasallamiento impune de tierras por parte de encapuchados armados y la cada vez limitada libertad de expresión, dibujan a Bolivia, al inicio de este 2024 como el Catoblepas, un extraño animal de la mitología que termina devorándose a si mismo.
El Catoblepas (del griego (katablép), “mirar hacia abajo”). Es una criatura legendaria de Etiopía, un país sin litoral del continente africano, descrita por primera vez por el militar y escritor romano del Siglo I, Plinio el Viejo y más tarde por el también romano, Claudio Eliano. Lo dibujan con un cuerpo de búfalo y cabeza de cerdo con su espalda cubierta de escamas que lo protegen, Y los historiadores dicen que su cabeza siempre mira hacia abajo y su mirada o su respiración podían convertir a la gente en piedra o matarlas por su aliento venenoso porque se alimentan de plantas con esas características.
Y es que por mas optimistas que intentemos ser, la realidad es que nos estamos devorando entre todos y la ausencia del Estado como elemento ordenador se hace cada vez mas evidente, por la desinstitucionalización que estamos experimentando desde el mismo Organo Ejecutivo que se ha dedicado a organizar pequeñas guerritas para destruir a sus opositores y por eso tiene entre rejas al gobernador de Santa Cruz, Luis Fernando Camacho; a la expresidente Jeanine Añez, al dirigente cívico potosino Marco Antonio Pumari, al cocalero de los Yungas, Cesar Apaza.
Y pobre quien intente desafiar al gobierno de tendencia socialista desde hace 16 años, porque pueden acabar como el ex director del Fondo Indígena, Marco Antonio Aramayo con mas de 80 procesos judiciales en su contra y muerto entre rejas. Y todo por haber denunciando un desfalco de alrededor de 100 millones de bolivianos.
Después hemos perdido credibilidad en altos magistrados de la justicia que al cerrar su gestión de 6 años, seguramente obedeciendo oscuras intenciones de prorrogarse en sus mandatos, acaban de inhabilitar la candidatura del expresidente Evo Morales, haciéndolo beber de su propio veneno.
Pero también tenemos una Policía que lejos de resguardar a la sociedad, como dice la Constitución, en tiempos de conflictos ha disparado contra ciudadanos de a pie, hasta provocarles pérdida de sus ojos en dos ocasiones o contra periodistas que realizaban la cobertura; pero que se hacen los vista gorda con un grupo armado de encapuchados que el 28 de octubre del 2021 secuestraron y torturaron a seis periodistas y 4 policías y que no obstante de amenazar de muerte a empresarios y hacer alarde que están armados hasta los dientes, pasean impunemente llamando a la prensa para hacer declaraciones. Y en fin, Defensoría del Pueblo, Procuraduría, Tribunal Electoral, entre otros, nadie se salva.
Tenemos una libertad de expresión amenazada tras el cierre de los periódicos Página 7 de La Paz y la compra de las acciones del periódico Los Tiempos por empresarios vinculados al gobierno socialista.
El panorama es desalentador pues nos hemos farreado 15 mil millones de dólares de nuestras reservas internacionales y hemos aumentado nuestras deudas. A septiembre del 2023 la externa llegaba a $us 13.408 millones y la interna a $us. 18.407 millones , según la Fundación Jubileo.
La venta de las 23 millones de toneladas de litio y de las 40 mil millones de reservas de Hierro del Mutún pueden ser nuestra salvación siempre y cuando podamos realizar buenos negocios. De lo contrario podemos sucumbir como el Catoblepas que muere comiendo sus propias entrañas y saboreando su propio corazón.

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Roberto Méndez es periodista.

Las opiniones de nuestros columnistas son exclusiva responsabilidad de los firmantes y no representan la línea editorial del medio ni de la red.

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