Democracia, periodismo y derechos humanos

Opinión

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Sumando Voces

Hernán Cabrera M.

Una tríada inseparable, fundamental que se fusionan y se complementan, y precisamente la oportunidad se nos presenta para reflexionar juntos en estos 41 años de vigencia de nuestra democracia, la boliviana, de la que hoy gozan quienes usufructúan el poder, desde cualquier espacio público del Estado en sus tres niveles de gobierno.

Los actuales gobernantes de todos los niveles son los hijos y nietos de la democracia, por lo que les invitamos a leer estas cavilaciones, y son quienes más devotos y respetuosos deberían ser de los derechos humanos y de las libertades del modelo democrático que nos rige desde el 10 de octubre de 1982.

La democracia es todo un sistema administrativo, político y económico que opta un Estado para su desarrollo, bienestar y para afrontar los múltiples problemas en todos los órdenes que se presentan y se avecinen.

El escritor mexicano Octavio Paz, nos dijo que: “Ante todo debe aceptarse que la democracia no es un absoluto ni un proyecto sobre el futuro: es un método de convivencia civilizada”.

Periodismo es una misión para reflejar, informar, esclarecer y denunciar lo que ese Estado democrático hace o deja de hacer, pero teniendo como credo la responsabilidad, la ética y la verdad, ya que su razón de ser es el pueblo, el destinatario final; no es al poder al que deben rendir cuentas los periodistas.

Derechos humanos es todo ese paraguas que nos cobija a todos y todas los que somos parte de ese Estado democrático. Y Bolivia ha optado por ese paraguas, no solo en su Constitución Política del Estado, que consagra más de 150 artículos en materia de derechos humanos, también porque están vigente más de 60 leyes que específicamente garantizan a todos los grupos sociales, indígenas, urbanos, etc el disfrute de sus derechos, además porque el Estado Plurinacional ha suscrito más de 20 convenios o tratados internacionales de derechos humanos.

Así que en materia de derechos humanos los bolivianos no podemos quejarnos, debemos estar felices porque hay todo un sistema jurídico e internacional que nos garantizan cada uno de los derechos humanos: a la vida, salud, libertad, opinión, justicia, agua, circulación, alimentación, educación, a la diversidad sexual, a la familia, a la no discriminación, a la equidad, igualdad, etc, etc.

A 41 años de vida de la democracia, sin duda, hay mucha tarea pendiente en esos dos pilares de la democracia: el periodismo y los derechos humanos. Ojo que la democracia no solo es el sistema político que nos rige y que cada cinco años nos invita a acudir a las urnas para votar por algún candidato. Democracia implica una serie de desafíos que hacen al desarrollo personal y al entorno donde uno se desenvuelve, llámese comunidad, oficina, familia, escuela, universidad. Significa derechos y obligaciones y, a la vez, miedos y esperanzas, incertidumbres y proyectos, pasado, presente e historia. La democracia es también el poder que tienes para ejercer tu libertad, y la libertad de los otros.

¿Queda claro verdad lo que significa y es la democracia? Pues en estos términos, el periodismo tiene la enorme tarea de acompañar el proceso democrático de su país y lo debe hacer con esa poderosa arma que tiene entre sus manos, así como decía Gabriel García Márquez: Esa arma es la información, la cual debe coadyuvar a cambiar algo todos los días”.

Pero algo ha pasado en la prensa boliviana, que ha entrado al juego de la polarización política, así como está el país, además de fragmentado, dividido, enfrentado y violentado. No cabe duda, que el boliviano podrá distinguir que hay la prensa del poder, aquella que repite el guion del poder o los discursos oficiales, o basa su accionar informativo en declaraciones de ministros, viceministros, diputados, alcaldes, gobernadores, dirigentes afines, haciendo relevancia en las declaraciones del Presidente y Vicepresidente de la República.

Y la otra prensa, la que no es el poder, la que se atreve a denunciar irregularidades en la gestión gubernamental, enormes casos de corrupción, encubrimientos a peces gordos del narcotráfico, desfalcos a instituciones del Estado, así como el importante reportaje multimedia: “Ni Bolivia cambió ni Evo cumplió”, de la cual la prensa del poder solo informaba de las aclaraciones y comunicados de los involucrados.

Así están los periodistas en Bolivia, además que sus organizaciones sindicales han sido tomadas y controladas por el MAS.

El periodismo boliviano está en la obligación de mirarse al espejo y definir su disyuntiva: o servir al pueblo y a la verdad, o servir al poder de turno. Claro que en la formación profesional le dan las pautas para su mejor decisión.

¿Y los derechos humanos? Las cifras están en rojo: cada día se violan entre 10 a 14 niñas y adolescentes; cada día se agreden por día a más de 45 mujeres; cada día desaparecen de sus casas entre 5 a 8 adolescentes y mujeres; cada año se cometen más de 120 feminicidios, teniendo Bolivia una de las tasas más altas de asesinatos de mujeres; las cárceles están saturadas y hacinadas; la Madre Tierra viene siendo violada cada día por los explotadores del oro, los avasalladores, los agroindustriales; la impunidad de peces gordos del narcotráfico y de corruptos se campea en gozo y en felicidad por las calles y ciudades del país y la justicia sumida en una profunda crisis de credibilidad; la abismal desigualdad en el sistema de jubilaciones, mientras que los militares perciben pensiones entre Bs. 8.000 a 16.000; cientos de miles de jubilados deben sobrevivir con pensiones entre Bs. 800 a 3.000;  solo por mencionar algunos elementos de la alta vulneración a los derechos humanos de los hombres y mujeres del Estado Plurinacional, quienes no deben pedirle migajas ni regalos al poder, sino que cada uno debemos ejercer y arrancar de las organizaciones estatales, empresariales, nuestros derechos.

El defensor del Pueblo, Rolando Villena, decía: “Este día y cada día es para  demandar, reclamar y exigir  que los derechos dejen de ser enunciados abstractos, ideales etéreos y leyes que no se cumplen  y se tornen en realidades comprensibles, exigibles y practicables”.

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Hernán Cabrera es periodista y Lic. en Filosofía

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