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Decálogo del periodista en tiempos confusos

Opinión

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13 de julio, 2026

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Hernán Cabrera M.

Definitivamente, el periodismo debe aprovechar los actuales riesgos y desafíos para erigirse como el faro, el pilar y la herramienta poderosa de servir a la verdad y al pueblo.

A nivel mundial, el oficio periodístico está permanentemente acosado por el poder de turno, para el cual no hay más razones y verdades que lo que ellos mismos hacen o difunden. A Trump no le gustan los periodistas que lo cuestionen. Milei ve a los trabajadores de la prensa como el mal de la sociedad. Petro no tiene piedad para criticar al periodismo independiente. Sheinbaum, en sus «mañanitas» mexicanas, no admite preguntas punzantes; es un monólogo presidencial. Bukele no quiere periodistas que denuncien violaciones a los derechos humanos.

En Bolivia, el gobierno ya empezó con la línea de ver al periodista como el enemigo de su gestión, tal como lo hizo en su momento el expresidente Evo Morales. Un pretendido juicio de una funcionaria del Estado al medio de comunicación DTV, por supuesto acoso y violencia mediática, fue rechazado recientemente por la Fiscalía. Este proceso tenía el claro objetivo de generar miedo en los periodistas que se están atreviendo a desnudar actos de corrupción, tráfico de influencias, contratos lesivos al Estado, uso de bienes estatales para fines personales y familiares y, obviamente, silenciar a todos aquellos que denuncien al poder.

Otro riesgo para el periodismo es el proyecto de Ley de Acceso a la Información Pública que, aunque tuvo un rápido avance para su aprobación, atenta contra los mandatos constitucionales referidos a la libertad de prensa y las garantías para los periodistas. Este proyecto fue rechazado de forma contundente por las organizaciones de la prensa.

Precisamente ante este escenario, sumado a los tentáculos de las redes sociales que generan, producen y difunden un bombardeo diario de noticias falsas, manipuladas y construidas que favorecen la incertidumbre, el odio y las violencias, el periodismo tiene una enorme y valiosa oportunidad de no caer en ese ruedo y constituirse en un salvavidas de la sociedad. Para ello, hay que asumir varios retos y volver a la raíz de lo que es, lo que hace y para qué sirve el periodismo, ya sea en Bolivia, Colombia, México, Estados Unidos, Brasil u otros países.

Varios periodistas se han lanzado a generar sus propios espacios virtuales y plataformas de noticias y análisis para ofrecer a la sociedad alternativas frente a otros grupos de prensa que usan este noble oficio para la confrontación, los falsos debates y el beneficio económico. Es el «periodismo del like«, que tiene en los influencers el mejor ejemplo del enorme alcance que posee el medio, pero deshumanizándolo y contaminándolo con el circo, las mentiras y el show.

Sin embargo, tal como se plantea en la formación profesional y desde sus orígenes, el periodismo tiene principios, valores y una dirección claros. El periodista está presente en ese proceso y su tarea no debe reducirse a ser solo un receptor y transcriptor de las declaraciones de los protagonistas; su trabajo lo obliga a tomar posiciones objetivas y a comprometerse con la verdad, la ética y la libertad. El periodismo no es cualquier trabajo: es una misión.

El periodista español Juan Luis Cebrián plantea que los periodistas han de contar los hechos tal como sucedieron; no deben manipular los datos ni resaltarlos a su conveniencia. Tienen que ser rigurosos en la verificación, exhaustivos en las pruebas y puntillosos en los matices. La invitación queda abierta para ser “críticos, discutidores, polémicos y brillantes sin que la pasión por las palabras les aleje de la primera pasión por la verdad, sino sirviéndose de aquellas para iluminar con mejor y mayor luz a esta última”.

De modo que, gracias a esta plataforma que nos permite escribir y opinar de forma libre y responsable, me permito plantear un decálogo de vida y de ejercicio del periodismo, fruto de la praxis de más de treinta años de oficio:

  1. La primera obligación del periodismo es la verdad.
  2. Su primera lealtad es hacia los ciudadanos.
  3. Su esencia es la disciplina de la verificación.
  4. Sus profesionales deben ser independientes de los hechos y de las personas sobre las que informan.
  5. Debe servir como un vigilante independiente del poder y guardar distancia de todo poder.
  6. Debe otorgar tribuna a las críticas públicas y al compromiso.
  7. Ha de esforzarse en hacer de lo importante algo interesante y oportuno.
  8. Debe seguir las noticias de forma a la vez exhaustiva y proporcionada.
  9. Sus profesionales deben tener derecho a ejercer lo que les dicta su conciencia.
  10. Asumir posiciones críticas y defender siempre la justicia, la libertad, la igualdad, la fraternidad, la dignidad, la vida y la ética.

En Bolivia, cuya Constitución Política del Estado garantiza en sus artículos 106 y 107 el derecho a la información, a la comunicación, a la libertad de expresión, a la opinión y a la libertad de prensa, es obligación del poder de turno no atentar contra esas libertades ni contra el oficio de los hombres y mujeres que, con sus errores y logros, luchan día a día para ganar la batalla de la credibilidad…

“…para que su mensaje llegue con la contundencia de la verdad, y con la sabiduría de la prudencia, la caridad y el amor al prójimo. Para que sea un periodista orientador de conciencia hacia el bien común y a la paz de la comunidad y que sea capaz de dejar de lado su interés personal en cada acción comunicativa”, nos recomienda el periodista argentino Ricardo E. Trotti.

Hernán Cabrera es periodista y licenciado en Filosofía.

Las opiniones de nuestros columnistas son exclusiva responsabilidad de los firmantes y no representan la línea editorial del medio ni de la red.

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