A casi siete meses del gobierno de Rodrigo Paz, la Cancillería no tiene embajadores en el mundo. Han sido cesados de sus funciones, al igual que el resto del personal diplomático. Solo queda un funcionario en varias de las legaciones, cuya tarea se reduce a cuidar las oficinas y atender temas administrativos. «A veces se les cruzan algunos fantasmas en las solitarias oficinas», me confirmó un exembajador boliviano.
El argumento oficial: no hay presupuesto. Se estima que hasta fines de año Bolivia continuará sin embajadores debido al largo proceso que significa nombrarlos, lograr que expongan su plan de trabajo y elegirlos en el Senado. Actualmente, solo están funcionando los servicios consulares en el exterior. “La política exterior es fundamental para todo Estado, y la llevan adelante los embajadores bajo directrices de la Cancillería, con muchas responsabilidades”, precisó mi fuente.
La excanciller Karen Longaric denunció en una entrevista con la periodista Maggy Talavera que esto es inadmisible y que tiene un alto costo para la imagen del país. En el exterior se impone la narrativa de analistas y periodistas que dan cuenta de que “Bolivia está en llamas y que todo el movimiento popular, campesino, indígena y obrero se ha levantado contra el gobierno oligarca, vendepatria y de derecha de Rodrigo Paz”.
Este ejército de comunicadores y analistas —que escriben sobre Bolivia desde Buenos Aires, Ciudad de México, Brasilia, Bogotá, Caracas o Moscú— busca la imposición de consignas, dogmas o mantras propios de un pensamiento hegemónico. Difunden masivamente en los medios de comunicación y en las redes sociales lo que ellos consideran «políticamente correcto».
Estas narrativas se alimentan de forma permanente de la confrontación para imponerse y pretender tener la razón con argumentos forzados, sin conocer la compleja realidad de un país plural, diverso y en constante movimiento. Así, han justificado y defendido los más de 48 días de bloqueos digitados por ambiciones personales, los cuales tienen un solo objetivo político: tumbar al presidente Paz y romper con la democracia.
Al dominar el flujo de la información, se aprovechan de la ausencia y la debilidad de un Estado que no cuenta con embajadores para contrarrestar esos discursos que han socavado los más sólidos cimientos de la democracia boliviana y de su imagen internacional.
Estos bloqueos —al igual que los de los cívicos o de cualquier otro sector, y demande lo que demande— son violentos, ilegales y atentan contra los derechos humanos de millones de bolivianos que necesitan trasladarse, alimentarse, cuidar su salud, llegar a sus fuentes laborales y asistir a sus centros educativos. En resumen, atentan contra las mínimas condiciones de desarrollo y del «vivir bien», frasecita usada hasta el hartazgo en los discursos de los autores intelectuales y de esos analistas nacionales e internacionales.
“Los progresistas, los llamados ‘progres’, pueden engañarse cuanto quieran o pueden intentar engañar a los demás, mostrándose como adalides de los pobres, como defensores de los derechos de los trabajadores y como todo lo comunistas que quieran, pero en la práctica no son sino lacayos al servicio del ultracapitalismo financiero mundial, que los está utilizando para alcanzar sus fines. Dicen luchar contra el sistema, cuando ya se han convertido en parte del Sistema”, advierte el historiador y experto en política Marcos López Herrador en su libro Historia de las ideas contemporáneas.
A nivel internacional, Bolivia no tiene voces que contengan estas narrativas, lo que representa un grave error político y estratégico de la Cancillería. El argumento de que no hay presupuesto para cubrir los costos de las embajadas no puede ser un obstáculo para la designación de nuevos representantes. Bolivia está huérfana. No es suficiente buscar pretextos y dejar al Estado boliviano sin voz ni gestiones en el exterior.
Con esos discursos, incluso convencen a los incautos de que estos bloqueos son buenos, justos y que son la expresión de todo un país. Sin embargo, esta es una nación, una República y un Estado cuyos habitantes decidieron vivir en democracia desde el 10 de octubre de 1982, y la hemos defendido por encima de todo interés personal, de grupos sectarios y de intentos de golpes de Estado.
Los gobiernos de Evo Morales y Luis Arce han tenido logros y errores, luces y sombras, aciertos y delitos, avances y retrocesos. Fueron productos de la democracia y, como tal, se deben respetar las reglas democráticas.
En contraste, los analistas internacionales de los bloqueos justifican, argumentan y aplauden a los bloqueadores golpistas, alentando aún más el caos, los destrozos, el descrédito y la renuncia presidencial. Por ejemplo, la delegación argentina autodenominada «Misión de Derechos Humanos», sin comprobar los hechos, ya aseguró que en Bolivia había muertos por parte del gobierno, presos políticos, secuestros y torturas.
Ante la ausencia de embajadores bolivianos en las delegaciones diplomáticas que podrían explicar lo que realmente está sucediendo en el país, y mucho más ahora con la vigencia del estado de excepción, la prensa internacional dará alas a su imaginación para contar otra narrativa. Esto terminará dándole la razón a los bloqueadores, sin tomar en cuenta que había un pueblo bloqueado que pedía a gritos vivir en paz social.
Hernán Cabrera es periodista y licenciado en Filosofía.
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