Arbolitos dichosos

Opinión

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Sumando Voces

Dino Palacios

«Nuestro árbol de Navidad es el más alto de Bolivia», afirman algunos alcaldes. Pareciera que esa es la competencia actual más importante entre los gobiernos municipales de ciudades del país. No dudo que Freud explicaría la competencia de los árboles asociada con la figura paterna de autoridad castradora. Y lo del «tamaño» más grande del árbol, asociado indefectiblemente a la envidia fálica.

Mi abuelita se sublevaba con eso de los árboles de Navidad; me decía que eso no es nuestro, es ajeno, es importado. Y por eso, en mis pesebres infantiles, influenciados por la corriente de los árboles, Santa Claus y la nevada de Navidad, pusimos un cactus completamente adornado, que a nuestra manera era nuestro «árbol» navideño. Hoy reflexionando sobre el tema, creo que lo que doblegó y terminó convenciendo a mi abuela fue la multitud de adornos que se podían colocar para adornar el arbolito.

No soy católico, y tanto el adviento como las Navidades no son fiestas para mí, mucho menos desde que no tengo niños pequeños en mis círculos cercanos. Soy respetuoso, sin embargo, de esas fiestas y de la tradición que las celebra. Y sobre todo, trato de sacarle provecho, acentuando los sentidos y significados que tienen detrás estos festejos.

La preparación para la venida del Salvador y su nacimiento. Momentos en que la familia se reúne y se une. Días en que se comparten sonrisas, abrazos, buenos deseos. Situaciones en las que nos olvidamos de rencores, malos humores y envidias, y enviamos buenas vibras a todos. En todos los casos, son situaciones que no podrían ser sino recibidas con una sonrisa y con el mejor ánimo.

Lo de los regalos navideños son distorsiones de la verdadera fiesta, exactamente igual que el tamaño del árbol o la cantidad de foquitos que le pongo. Ojalá nuestros alcaldes y alcaldesas se detuvieran a ingeniar cómo unir a la gente, cómo sumar esfuerzos para que todos podamos vivir un poquito mejor. Celebraciones no basadas en «sunchu luminarias» sino en valores auténticos cultivados en la vida ciudadana.

Si el árbol es de 30 o 40 metros, en los hechos no representan ninguna diferencia; ojalá las autoridades municipales, en lugar de quedarse en lo fácil, ingeniaran formas más auténticas de vivir y sentir la Navidad.

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Dino Palacios es ciudadano.

Las opiniones de nuestros columnistas son exclusiva responsabilidad de los firmantes y no representan la línea editorial del medio ni de la red.

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