La Bibi

Opinión

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Sonia Montaño V.

Hoy quería hablar solo de la Bibi, que es como se conoce a la esposa del presidente Paz, luego de que tuvo el atrevimiento de llevar chucherías para las y los niños de la comunidad indígena Ese Ejja de Eyiyoquibo como una forma de lavar su cara luego de los audios con Cerimedo, el asesor presidencial hoy preso en Chonchocoro, y en los que hay indicios de un papel menos caritativo. En esos audios ambos reparten pegas, beneficios y se muestran como dueños de vidas y haciendas.

Pero la verdad es que hablar de ella sin referirse al contexto puede parecer una anomalía si fuéramos un país normal, pero no lo somos. Hace tiempo que hemos normalizado la impostura, la chabacanería y la corrupción. Las mentiras son el pan de cada día y la sensación de que los gobernantes nos tratan como levudas y levudos ocupa varias capas geológicas, por llamar de alguna manera a esa mezcla de arribismo y miedo que sostiene a una parte de la sociedad.

El alud de noticias en desarrollo vinculadas supuestamente a casos de corrupción parece imparable. Que Cerimedo, el mentiroso más famoso del mundo MAGA, no era parte del gobierno; que según la Nadia él es un pragmático que se vende al mejor postor, pero ella es una luchadora por los derechos humanos y hasta una pacificadora ; que nada menos que el presidente del Tribunal Supremo de Justicia, Romer Saucedo, se ha fugado porque lo tienen identificado como parte de la banda del exfiscal Mariaca y que se vio obligado a huir porque quieren «armarle un caso”; que Laura Rojas no sabe lo que trajo en las maletas: son solo algunos ejemplos. En fin, que a pesar de todo no somos ni Nicaragua ni Haití ni Venezuela y, por tanto, la prensa internacional no nos da bola.

Volviendo a la visita de la Bibi a la nación Ese Ejja, las redes ya le dieron su merecido, pero han sido los dirigentes de la comunidad quienes reaccionaron con indignación y rechazo hacia sus regalos, calificando la ayuda como insuficiente y un intento de «endulzarlos» para acallar sus demandas.

Los pueblos indígenas son víctimas de la depredación desde el tiempo en que gobernaba el MAS; existen numerosos estudios que dan cuenta de los estragos causados por la minería en sus territorios. Una investigación que se presentó a principios de julio —a cargo de la Red Internacional de Eliminación de Contaminantes (IPEN por sus siglas en inglés) y del Instituto de Investigaciones en Biodiversidad (BRI) realizada en comunidades de Bolivia, Brasil, Venezuela y Colombia—, concluye que 60 de 64 mujeres están expuestas al mercurio en niveles muy elevados debido al hábito de consumo de pescado contaminado por la acción de la minería ilegal.

A la Bibi no le importó la dramática situación de esas familias. Hizo una pausa, se vistió y se fue a mostrar su facha a la revista Elle donde está lo que de verdad le importa: ser la mejor vestida entre las viejas que acudieron a la Cumbre Iberoamericana. Por un minuto me imaginé que podía hablarle a la oreja de su marido y pedirle que no apoye la ley minera, explicarle que el proyecto de código minero que están por aprobar favorecerá contratos de explotación mediante procedimientos administrativos sin pasar por la Asamblea Legislativa Plurinacional.

La diputada Cecilia Requena, experta en asuntos ambientales, también alertó que la propuesta abre la posibilidad de desarrollar operaciones en áreas protegidas y zonas forestales. “Lo que está haciendo este proyecto de ley es consolidar el saqueo, no solo ecológico, sino económico de nuestro país”, dijo.

Rápido entendí que era pedir peras al olmo y recordé que ya tuvimos a una Yolanda Prada de Banzer que ni era tan primera ni tan dama. La frivolidad de la Bibi recuerda el papel de esa también intrusa en el poder. El propio Hugo Banzer reconoció en entrevistas que Prada no cumplía un rol netamente pasivo; desde su juventud como dactilógrafa en las escuelas militares hasta el ejercicio del poder, ella participaba activamente revisando, copiando y estructurando sus planes y directrices de mando. Las dos parecen mandonas. Nada nuevo bajo el sol pues.

La Bibi además de ser amiga del Cerimedo compartía con él su condición de impunidad. Ninguno tiene contrato ni rinde cuentas a pesar de que se ocupan u ocupaban de asuntos de Estado como el alejamiento del comandante de la Policía para no hablar de los indicios de corrupción que si no son investigados quedarán como pequeñas manchas, errores, no delitos.

Hoy día se cumple un año de gobierno. ¡Qué tristeza! Un año que muestra el envejecimiento prematuro de un gobierno que ha mentido sin medida ni clemencia. Sería bueno que luego del largo viaje, además de traer espejitos, decidan hablar sobre los nexos con los casos de corrupción y abuso de poder que los salpican y que alimentan el desengaño.

Sonia Montaño Virreira es socióloga jubilada y feminista por convicción.

Las opiniones de nuestros columnistas son exclusiva responsabilidad de los firmantes y no representan la línea editorial del medio ni de la red.

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