Cuando acabamos de cerrar uno de los ciclos electorales más intensos y complejos de nuestra historia reciente, nos percatamos que en menos de tres años vivimos elecciones judiciales, generales y subnacionales en medio de una crisis política profunda –con graves cuestionamientos a las instituciones– y con una ciudadanía cada vez más desconfiada, pero también más vigilante y exigente respecto a la democracia.
Y ahora que las elecciones ya han terminado y que, en teoría, no tendremos nuevos procesos nacionales o subnacionales durante algunos años, surge una pregunta importante: ¿qué pasa con la observación electoral cuando no hay elecciones?
La respuesta es clara: no desaparece. O, al menos, no debería hacerlo. Durante mucho tiempo se pensó en la observación electoral como una tarea limitada al día de la votación, con observadores entrando a los recintos, verificando mesas, observando actas y acompañando el conteo. Esa labor sigue siendo fundamental, pero la realidad actual nos obliga a mirar más allá.
Hoy los riesgos para la democracia no aparecen solamente el día de la elección. Se incuban antes en la debilidad de los partidos políticos, en la desinformación, en la falta de transparencia, en la pérdida de confianza pública y en el progresivo deterioro de las instituciones. Bolivia vive precisamente ese momento.
Después de casi dos décadas, hoy emerge un escenario mucho más fragmentado, competitivo y, al mismo tiempo, más frágil. Las subnacionales nos han dejado señales muy claras sobre esto: organizaciones políticas coyunturales, alianzas improvisadas, estructuras débiles, liderazgos excesivamente personalistas y campañas con poca discusión programática.
Para las últimas elecciones, muchos partidos aparecieron únicamente para competir y luego desaparecieron, mientras que otros funcionaron más como vehículos electorales que como organizaciones con vida interna, formación política o capacidad de representación social.
En este contexto, la observación electoral puede y debe evolucionar para contribuir al fortalecimiento democrático desde una mirada técnica, ciudadana e independiente. La experiencia reciente de la observación electoral en Bolivia demuestra que eso es posible.
En las elecciones generales de 2025, por ejemplo, la observación (de la Fundación Jubileo) ya no se limitó a acompañar la jornada de votación; también hizo seguimiento a la desinformación en redes sociales, al funcionamiento institucional de los tribunales electorales, a la capacitación de jurados, a la conflictividad y a los riesgos que podían afectar la integridad del proceso. Ese es el camino.
La observación electoral no debería activarse solamente cuando se convoca a elecciones, ya que los periodos entre elecciones son, probablemente, el momento más importante para fortalecer la democracia.
Es en los próximos años que Bolivia necesita discutir cómo fortalecer el sistema de partidos políticos; cómo garantizar democracia interna real y no solamente formal; cómo evitar que las organizaciones políticas se conviertan en estructuras vacías sin vida orgánica ni propuestas; cómo mejorar la transparencia, la rendición de cuentas y la participación de jóvenes y mujeres.
Y, en ese proceso, la observación electoral puede aportar mucho. Puede generar información independiente sobre la calidad democrática de las organizaciones políticas. Puede promover estándares mínimos de transparencia y democracia interna. Puede acompañar técnicamente iniciativas del Órgano Electoral destinadas a fortalecer el sistema de partidos. Puede contribuir a construir una ciudadanía más informada y más crítica frente a la desinformación y el discurso polarizante.
Y, sobre todo, puede ayudar a fortalecer la confianza pública.
Porque la democracia no se deteriora solamente cuando se manipulan resultados electorales; también se debilita cuando la ciudadanía deja de creer en las instituciones, cuando siente que los partidos no la representan y cuando la política se reduce a la confrontación, al miedo o la improvisación. Bolivia tiene hoy una oportunidad importante. El ciclo electoral terminó y, precisamente por eso, existe un espacio para pensar reformas con menos presión política y con una mirada más estructural
Sería un error esperar hasta la próxima elección para volver a hablar de democracia. Es ahora, entre elecciones, en estos periodos silenciosos, donde debemos cuidarla. La observación electoral tiene la evidencia y la posibilidad de aportar mucho en este camino.
Sandra Verduguez es comunicadora social, integrante de Observación Ciudadana de la Democracia (OCD).
Las opiniones de nuestros columnistas son exclusiva responsabilidad de los firmantes y no representan la línea editorial del medio ni de la red.





