“La reforma educativa liberal fue una prioridad estatal que permitió a las mujeres actuar en el ámbito público por primera vez”. Eso dice la historiadora Pilar Mendieta en la introducción a Las Luchas Cotidianas de las Mujeres (2026) el muy interesante libro que reúne tres trabajos que a su vez forman parte de Tejiendo Historias (https://tejiendohistorias.soludemo.com/inicio), uno de los aportes más interesantes sobre el Bicentenario.
La investigación de Lupe Mamani Mamani contiene ya en el título el enfoque del trabajo: Mujeres, madres, esposas y profesoras. El rol de las mujeres según las políticas educativas del período liberal en Bolivia (1809-1920). ¿Cuál era el debate de los liberales sobre la transformación del espacio privado y del espacio público?, se pregunta Mamani formulando una pregunta que responde a lo largo del texto y cuya importancia no podía ser más actual.
La historia es una suerte de retrato en sepia que continua en el presente. Es un recorrido a lo largo de la historia desde la situación de las mujeres en 1900, la formación de las maestras, la educación primaria y secundaria para mujeres, el surgimiento de las normales y la feminización del magisterio. Por sus páginas se pasean nombres de pioneras como María Josefa Mujía y Modesta Sanjinés, cuyos nombres todavía lucen escuelas reconocidas, donde es de esperar que alumnas y docentes sepan honrar su memoria.
La bibliografía citada es, en sí misma, una valiosa fuente de aprendizaje. Citando a varios autores se reconoce el importante esfuerzo de los liberales por la educación de las mujeres. A Ximena Medinacelli (1989) se le atribuye la idea del carácter incipiente y hasta descuidado de la misma. Más aun, como decía María Luisa Talavera se puede ver una paradoja en la que, por un lado, se promueve la educación de las mujeres y, por el otro, se produce la expansión de las haciendas y la afectación de los indígenas.
De esos tiempos data el reconocimiento de los liceos que permitieron el acceso a las universidades de mujeres como Amalia Chopitea, la primera cirujana boliviana. La autora muestra los inicios de la educación técnica e indígena como parte del contexto imprescindible para comprender la importancia del tema estudiado. El debate en torno a la educación de las mujeres estaba relacionado con el laicismo de los liberales. El trabajo es un ejemplo de abordaje crítico que puede iluminar los actuales esfuerzos por reformar la educación.
Bolivia ha cambiado mucho desde entonces, la migración interna, prácticamente, ha despoblado las áreas rurales, la educación se ha universalizado y estamos viviendo una era de cambios tecnológicos que han modificado la manera de aprender y enseñar.
La escuela compite con la nube como espacio de aprendizaje y las cifras sobre los resultados escolares son calamitosas. Las niñas y jóvenes rinden más que los varones, pero ambos están en la escala más baja del rendimiento escolar si los comparamos con nuestros vecinos. Una vez en el mercado laboral, a ambos sexos les espera la precariedad y la inseguridad.
Las mujeres siguen estando presas de las obligaciones domésticas y merodean voces que están socavando sus libertades, amenazando con cortar los derechos, por ejemplo, a vivir una vida libre de violencia. Desde el punto de vista de las ideas, los liberales de hoy comulgan —valga la ironía— más con las ideas clericales en un contexto de avance de las iglesias pentecostales.
La crisis que enfrenta Bolivia como resultado de veinte años de mal gobierno ha tenido en el ámbito educativo uno de los peores resultados. Además de los indicadores mencionados, lo que se ha dañado es el tejido social. La naturalización del abuso en todas sus expresiones requiere que el actual gobierno, con un enfoque de largo plazo, ponga la educación en el centro y promueva un pacto social y político alrededor de los derechos humanos, incluidos los de las mujeres, algo que es tan o más importante que el acuerdo en torno al modelo económico si no quiere que las historiadoras del futuro lo recuerden como un fracaso.
La educación sigue en manos de mujeres que son la mayoría de la comunidad educativa. Por ellas pasa y deberá continuar la construcción de una ciudadanía activa que rompa con algunos de los vicios que se han arraigado especialmente en la dirigencia sindical que tiende a privilegiar las demandas salariales en desmedro del mejoramiento de la calidad educativa.
Son muchas las experiencias innovadoras y comprometidas con el bienestar de las y los alumnos, pero no se conocen estudios que difundan sus resultados. Los cambios educativos que se avecinan deben tener una perspectiva de largo plazo en lo económico, social y en contenidos que nos ayuden a respetar las diferencias sociales, religiosas y de todo tipo. Ni adoctrinamiento político, ni religioso. Educación para la libertad.
Sonia Montaño Virreira es socióloga jubilada y feminista por convicción.
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