El sostén invisible de Bolivia: las mujeres cubren el 80% de los cuidados que el Estado descuida

Derechos Humanos

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Yenny Escalante

Mujeres. Foto: ERBOL

En un contexto de crisis económica, laboral y ambiental, que la vida siga adelante cada día en Bolivia es un acto que recae desproporcionadamente en el trabajo no remunerado y autogestionado de las mujeres. Durante un reciente diálogo impulsado por CEDLA, expertas en sociología, economía y ecofeminismo advirtieron que el país atraviesa una «hipertrofia» de la responsabilidad familiar y comunitaria, debido a que el Estado y el sector privado aportan soluciones precarias o insuficientes para el cuidado de la población.

«Cerca del 80% de la gestión de necesidades y trabajo en Bolivia se da bajo formas autogestadas, un espacio donde se encuentra más del 80% de las mujeres trabajadoras», expuso la economista y socióloga Ivonne Farah. Este fenómeno es descrito por la investigadora como un «arte de resistencia» que permite recrear la vida ante la ausencia de políticas de bienestar.

Esto significa que ante la falta de condiciones para el desarrollo (por ejemplo, guarderías públicas, centros de salud eficientes o servicios básicos) son ellas quienes estiran sus jornadas y se las arreglan solas, lo que evita que la sociedad no colapse.

Farah señaló que el llamado «diamante del cuidado» (Estado, mercado, familia y comunidad) está desbalanceado, obligando a las familias a asumir roles que deberían ser públicos.

La problemática se ve agravada por lo que las expertas denominan el «extractivismo del cuidado», que se refiere a la explotación intensiva de los cuerpos y tiempos de las mujeres, especialmente en el ámbito rural donde deben suplir el trabajo productivo ante la ausencia de los hombres y de servicios básicos.

En ese sentido, la psicóloga social Elizabeth Peredo vinculó la crisis de los cuidados con la justicia climática. La especialista señaló que desastres ambientales, como los incendios forestales en la Amazonía y Chiquitanía, provocan desplazamientos forzosos que «desterritorializan» los cuidados, rompiendo los vínculos vitales que sostienen tanto a las comunidades como a la naturaleza.

«No es lo mismo vivir esa problemática desde un lugar en las ciudades o desde una posición de poder o privilegio, que vivir desde esa frontera del despojo donde las familias son mucho más vulnerables o más afectadas», sostuvo Peredo.

La especialista destacó las experiencias de sectores que viven en precariedad como las trabajadoras asalariadas del hogar y las mujeres en la construcción.

La investigadora y docente universitaria Marianela Díaz enfatizó la necesidad de «territorializar» y «corporizar» los cuidados, señalando que la conquista de espacios públicos por parte de las mujeres no ha eliminado la subvaloración de sus tareas domésticas. Incluso en trabajos nocturnos de limpieza municipal, el peso emocional y físico de los cuidados sigue recayendo exclusivamente en las trabajadoras.

Hacia un nuevo pacto social

Como salida a esta crisis, las especialistas proponen des-feminizar el cuidado y transitar hacia un modelo que lo reconozca como un «bien común» y un trabajo socialmente remunerado.

Entre las propuestas clave para la acción política figuran:

  • Nuevo pacto fiscal: Transferencia de recursos a niveles municipales para financiar y retribuir el trabajo de cuidado gestionado colectivamente.
  • Institucionalización: Implementar políticas de conciliación entre el estudio y el cuidado en universidades públicas y programas específicos en todos los niveles del gobierno.
  • Visión feminista: Superar la mirada de «equidad de género» para adoptar una democracia profunda basada en la sostenibilidad de la vida y la justicia ambiental.

El diálogo concluyó con un llamado a politizar el cuidado para enfrentar la precarización estructural y construir estrategias de «reexistencia» frente al modelo extractivista actual.

Aquí puede ver el video completo:

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