Los debates, grandes ausentes en la cita con la democracia

Opinión

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Hernán Cabrera M.

Lo que menos hubo, a menos de 14 días de las elecciones municipales y departamentales, ha sido la realización de espacios de debates serios, democráticos, responsables y amplios.

Ni las juntas vecinales, ni el comité cívico, ni las organizaciones periodísticas, ni el Tribunal Supremo Electoral ni sus departamentales, ni la Iglesia Católica, ni las iglesias evangélicas o mormonas, ni los colegios profesionales, ni las asociaciones de comerciantes, ni las fraternidades de brujos y magos, ni las instituciones empresariales han demostrado la capacidad y la voluntad de organizar, convocar y realizar debates democráticos con el ramillete de candidatos a las alcaldías y gobernaciones del Estado Plurinacional.

Era necesario, importante, urgente y oportuno que los candidatos —que han arengado slogans coloridos, programas de gestión espectaculares y han aparecido maquillados en cuanto espacio público se los convocó— hubieran hecho, al menos, el mínimo esfuerzo de pedir y exigir la concreción de debates políticos que le den riqueza, fortaleza y dinámica al proceso electoral. Porque lo que más debe influir entre los votantes es una información de calidad, no insultos, descalificaciones, noticias falsas ni agresiones verbales.

Fidel Flores, periodista cruceño que vive desde hace muchos años en la Ciudad de México, donde es requerido por sus análisis en medios de ese país, apunta algo importante ante la pregunta: ¿Por qué no hay debates democráticos en Bolivia?
“No hay voluntad política en ninguno de los actores sociales (autoridad electoral, candidatos y ciudadanía). La prensa tradicional respalda a candidatos que representan sus intereses y los beneficiarán posterior a la elección”.

El contexto anterior, sumado a la ignorancia simulada —en unos— y a la ignorancia auténtica —en otros—, además de la falta de principios y la ausencia de ética política, representan una combinación perfecta para que el sistema político boliviano, “fallido” por las causas anteriores, se reproduzca —lamentablemente—.

Javier Montellanos, ingeniero, apunta: “¿Cómo va a haber debate serio si no hay candidatos serios?”. Hay candidatos serios para el Concejo Municipal y la Asamblea Legislativa Departamental, pero ellos no son convocados a las entrevistas de las cadenas de TV; vende más el más bullicioso, el más escandaloso, el más estrambólico.

Esos candidatos, que tienen sus sellos particulares y se han puesto cierto traje de político, se han paseado felices por cuantos programas periodísticos se los invitó. Han disfrutado de la magia de las redes sociales para mostrarse bailando, comiendo, cantando, tiktokeando y, obviamente, han dicho lo que han querido. Pero no se han enfrentado entre ellos en una mesa para debatir, dialogar y confrontar ideas sobre el presente y el futuro de cada región y de cada departamento.

En el caso de la ciudad de Santa Cruz de la Sierra y del departamento cruceño, solo hemos observado slogans electorales: “Santa Cruz, la Dubái sudamericana”, “La hora de Santa Cruz”, “Primero Santa Cruz”, “Todos somos Santa Cruz”, “Todo para Santa Cruz”, para no seguir contando. Es decir, no han develado a profundidad cómo van a concretar esos ambiciosos planes para este pedazo del territorio nacional y convertirlo en un espacio geográfico con liderazgo político de proyección nacional.

Son tantas las preguntas que deberían contestar los más de diez candidatos al municipio más rico del país y los once candidatos a la Gobernación del departamento que llaman el motor de la economía nacional, el modelo cruceño exitoso.

¿Qué ciudad quieren construir, desarrollar y proyectar? Y para los candidatos a la Gobernación: ¿qué planes coherentes tienen para lanzar al departamento de Santa Cruz hacia un liderazgo político con proyección nacional? ¿Se sienten capacitados y con el liderazgo suficiente para construir una nueva ruta de desarrollo humano, económico y social que favorezca a los habitantes de Santa Cruz?

Lo que sí hemos visto ha sido un ramillete de candidatos tiktokeros, bailadores, charlatanes y demagógicos que creen que, con promesas fantasiosas, guerras sucias, bailes, poses y maquillajes, están generando programas integrales para Santa Cruz. De yapa, un alcalde preso en Palmasola. Un gobernador en la oscuridad del estadio Tahuichi Aguilera.

Rumbo al 22 de marzo, hasta ahora: cero debates, cero discusiones de ideas y programas. Pero nos han inundado con de todo un poco y estamos navegando entre memes, dibujos de la IA, videos de bailes, noticias falsas y hechos manipulados.

La lucha por el poder no es a plan de TikTok y payasadas, como lo están haciendo varios de los postulantes. Es con debates, con capacidad, liderazgo, empatía y con sudar la gota gorda del pueblo. Tantos problemas que tiene el departamento y las ciudades que no hay tiempo para guerras sucias ni entuertos. Los candidatos no tienen derecho a equivocarse.

Claro que lo importante y lo ideal era ni guerra sucia, ni poses, ni violencias, ni superficialidades. Los candidatos deben estar a la altura de los cambios que Santa Cruz requiere con urgencia, pero con propuestas y debates, con liderazgo fuerte y capacidad en la gestión pública.

Las elecciones son vitales para tu ciudad, tu departamento, tu bienestar y tu desarrollo. No son un carnaval, ni competencias de karaoke o deportivas, ni festival de TikTok. Los candidatos no son payasos, ni mercaderes, ni sacasuertes, ni cirqueros de barrio.

Hernán Cabrera es periodista y licenciado en Filosofía.

Las opiniones de nuestros columnistas son exclusiva responsabilidad de los firmantes y no representan la línea editorial del medio ni de la red.

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