Ritualidades de la muerte

Opinión

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Daniela Leytón Michovich

Columna de Daniela Leytón

Sobrevolar La Paz desde el teleférico equivale a recorrer un cementerio multidimensional. La sangre sacrificial de octubre que persiste en la memoria de El Alto dialoga con cada construcción que sabemos, alberga un sullu oculto. El sacrificio y la muerte, los bombos, platillos y morenada intocable coexisten con llantos abandonados que atestiguan impunidad concertada en cuartos oscuros.

Entre las ritualidades mortuorias, destaca la asfixia estratégica de la ciudad. El agresor se delata en el goce de administrar la agonía, sabiendo que controla el impulso vital del que considera su enemigo. Se reviste de omnipotencia al decidir cuándo inicia y cesa el sofoco, transformándose en un demiurgo perverso.

Quemas de leña y neumáticos, pedradas en los parabrisas, demarcan los territorios del nuevo orden. El castigo, el linchamiento que viene acompañado de la risa burlona, regula rutas y horarios, deshumaniza a quienes osan transitar: ancianas, estudiantes o mujeres embarazadas que suplican o gritan por libre tránsito. Los que ejercen el poder administran entonces el tiempo, el derecho al trabajo, el libre tránsito y la salud de la población como dispositivo de tortura.

La ritualidad de la muerte, también dispone de cuerpos de niñas indígenas empobrecidas mientras goza de impunidad. Fosas comunes y ejércitos irregulares encubren bajo falsas consignas de lucha el ego del victimario. ¿Qué menor entonces se atrevería a denunciar cuando tiene en la sien un arma que amenaza su vida, la de sus seres queridos, la de los hijos engendrados por el violentador?

La necropolítica viste a la ciudad, mientras sobre un telón andrajoso se proyectan las peleas ridículas entre los egos de uno y de otro. En la más excelsa estupidez, los agresores intentan tapar el sol con un dedo: el hambre, las filas, los elefantes gigantes de apellido BOL y mil abusos MAS.

El agresor necesita su ofrenda, tiene hambre de sacrificio, quiere un sullu para enterrar y esta vez, el sullu, tiene nombre de país.

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Daniela Leytón Michovich es psicóloga política y cientista social

Las opiniones de nuestros columnistas son exclusiva responsabilidad de los firmantes y no representan la línea editorial del medio ni de la red.

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