Palmasola: una marcha por la dignidad humana

Reportajes, Derechos Humanos

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Sumando Voces

Por: J. Alex Bernabé Colque
Fotografías: Jose Mario Ulloa, vicepresidente de la Asociación Transcender

El viernes 31 de julio se realizó la tercera Marcha del Orgullo LGBTIQ+ en el Centro Penitenciario de Palmasola, en Santa Cruz de la Sierra, Bolivia.

Los preparativos

Desde las primeras horas de la mañana, el grupo de WhatsApp «Marcha de las Diversidades Sexuales Palmasola» no dejaba de recibir mensajes: «Sean puntuales», «Debemos entrar en grupo», «Ya estoy en la micra». Minutos después aparecían otros: «Llegaré más tarde porque iré a comprar frutas» o «Ya ingresaremos», acompañado de una fotografía desde la puerta del penal. Detrás de esos mensajes había más de dos meses de trabajo colectivo para coordinar la actividad, reunir ropa, alimentos, productos de higiene e insumos de limpieza, además de gestionar el ingreso con la Dirección de Régimen Penitenciario y la Dirección de Seguridad Penitenciaria.

Mientras tanto, en el acceso principal de Palmasola se descargaban los víveres y materiales de limpieza que Noe y José Mario habían gestionado y trasladado en una camioneta. Frente a la entrada, las artistas drag compartían el entusiasmo y los nervios propios de una presentación diferente. Antes de la marcha, serían las encargadas de abrir el programa artístico. Algunas, como Adri Kardash, transmitían serenidad y dominio del escenario, aunque confesaban que, por dentro, también sentían nervios.

A pocos metros, integrantes de la Asociación de Mujeres Transexuales y Transgénero de Santa Cruz aguardaban su ingreso junto a las donaciones que habían reunido gracias al compromiso y la solidaridad de distintas personas. Abi, reconocible por sus inseparables gafas negras, iba de un lado a otro afinando los últimos detalles con la comprometida psicóloga del centro penitenciario para facilitar el ingreso del grupo.

También llegaron las y los Promotores Educadores Pares (PEP) de la Fundación Igualdad LGBT, quienes, además de participar en la marcha, colaboraron con el traslado de los insumos. A ellos se sumaron las y los promotores de ASUNCAMI, ambas organizaciones comunitarias que implementan estrategias de prevención del VIH con el apoyo del Fondo Mundial para poblaciones en situación de vulnerabilidad en Bolivia. También estaba presente Nueva Generación Jóvenes Unidos por la Amistad y la Salud (NG JUPLAS), representada por su referente, conocido como Pelusa. El propietario de la discoteca Queen también acompañó la jornada, reafirmando el respaldo que, desde hace varios años, brinda a las actividades impulsadas por los movimientos LGBTIQ+ en Santa Cruz. Además, se sumó Rubén Martínez Dalmau ex diputado, docente y académico de la universidad de Valencia – España.

Más que una suma de organizaciones, aquella mañana reunía una red de personas comprometidas con un mismo propósito: acompañar a las personas LGBTIQ+ privadas de libertad y recordarles que, fuera de los muros de la cárcel, existen amigas/os al grado de familia que siguen construyendo vínculos de solidaridad, cuidado y defensa de sus derechos.

Contexto de la población LGBTIQ+ privada de libertad

Todas, todos y todes estaba -mos- allí con un propósito común: hacer sentir a las personas LGBTIQ+ privadas de libertad que no estaban solas, que fuera de los muros de la cárcel existían personas y organizaciones dispuestas a acompañarlas, escucharlas y defender sus derechos.

Esta presencia cobraba aún más sentido si se considera el contexto que enfrentan las personas LGBTIQ+ en los centros penitenciarios. La Comisión Interamericana de Derechos Humanos (CIDH), en su informe Violencia contra Personas Lesbianas, Gays, Bisexuales, Trans e Intersex en América Latina (2015), advierte: “…las personas LGBT se encuentran en el último escalafón de la jerarquía informal que se genera en los centros de detención, lo que da a lugar a una discriminación doble o triple, y se encuentran sometidas de manera desproporcionada a actos de torturas y otras formas de malos tratos” (CIDH 2015 p. 107). Asimismo “las personas LGBT privadas de su libertad enfrentan un riesgo mayor de violencia sexual –incluido un riesgo más alto de múltiples agresiones sexuales – y otros actos de violencia y discriminación, a manos de otras personas privadas de libertad o del personal de seguridad” (CIDH 2015 p. 108)

En Bolivia, esta realidad también ha sido reconocida por la justicia constitucional. La Sentencia Constitucional Plurinacional SCP 0003/2020-S4, de 9 de enero, otorgó tutela a una persona LGBT privada de libertad en Palmasola ante la vulneración de sus derechos fundamentales. En su fundamentación, la sentencia retoma el criterio de la CIDH, que exhorta a los Estados miembros de la OEA a adoptar medidas urgentes y efectivas para garantizar la vida, la seguridad, la integridad personal y el trato digno de las personas LGBT en los centros de detención.

Con ese contexto presente, iniciamos el ingreso al penal. Tras presentar nuestros documentos de identidad y verificar la lista previamente autorizada, el personal policial estampó en nuestros antebrazos los sellos de ingreso. Para trasladar los insumos más pesados se contrató a dos carretilleros, mientras cargábamos el resto de las bolsas con alimentos, productos de higiene y materiales de apoyo.

La primera parada fue el PC2, el pabellón destinado a las mujeres privadas de libertad. Allí entregamos parte de las donaciones, entre ellas productos de limpieza y alimentos no perecederos, como azúcar y fideos. Luego continuamos el recorrido hacia el PC4, donde se desarrollaría el acto central y la tercera Marcha del Orgullo LGBTIQ+ en Palmasola.

La llegada al PC4 y el recorrido

El PC4, Régimen Abierto, es prácticamente una pequeña ciudadela dentro de Palmasola. Cuando digo que allí hay de todo, realmente es así: pequeños mercados de comida, tiendas de abarrotes, talleres de artesanía, restaurantes, negocios, iglesias, canchas deportivas, espacios de recreación, una biblioteca, zapaterías y una diversidad “tiendas de barrio”. Entre los pasillos circulan personas vendiendo refrescos, jugos, golosinas y otros productos para generar algún ingreso económico. En los segundos pisos se encuentran las viviendas, conocidas como catreras, cuya ubicación y condiciones también reflejan las desigualdades económicas existentes entre las personas privadas de libertad.

De acuerdo con el Censo Carcelario 2025 de la Dirección Departamental de Régimen Penitenciario de Santa Cruz, Palmasola alberga aproximadamente nueve mil personas privadas de libertad, de las cuales 5.885 se encuentran en el PC4. El mismo informe identifica a cerca de 128 personas que se reconocen como parte de la población LGBTIQ+.

Hace más de cinco años, gracias a la organización de las propias personas LGBTIQ+ privadas de libertad y al acompañamiento de instituciones de derechos humanos, se consolidó la catrera LGBT+, un espacio destinado a quienes tienen diversa orientación sexual, identidad o expresión de género. Su creación respondió a una necesidad urgente: contar con un lugar más seguro para vivir frente a las situaciones de violencia, discriminación y abuso que históricamente enfrentaban dentro del penal. Más que un espacio físico, la catrera representa una conquista colectiva construida desde la organización y la persistencia.

Las marchas

Las marchas del Orgullo LGBTIQ+ trascienden la ocupación del espacio público. Son expresiones de protesta, memoria, celebración y reivindicación de derechos. En ellas conviven los colores, las performances drag, la música, los vestuarios y la creatividad con la denuncia de las violencias y la afirmación de que todas las personas tienen derecho a vivir su orientación sexual, identidad y expresión de género con libertad y dignidad. Son espacios donde la vergüenza cede paso al orgullo y donde el ejercicio del libre desarrollo de la personalidad se hace visible.

El libro Memorias Colectivas (2012), en el capítulo «Marchas de las Diversidades Sexuales y de Género en Bolivia», recuerda que:

«La misma necesidad de hacerse visibles; de hacer evidente lo oculto y manifiesto lo innombrable, era una motivación esencial para organizar un primer acto masivo de visibilidad pública.» P. 220.

La publicación también recuerda que la primera marcha del país se realizó en Santa Cruz, el 27 de junio del año 2000, bajo el lema: «Para que tú y yo nos reconozcamos en la diferencia».

Al llegar al ingreso del PC4 volvimos a entregar y esta vez se quedaron con nuestros documentos de identidad y recibimos un segundo sello en el antebrazo. Apenas cruzamos la puerta, un grupo de personas GBT privadas de libertad nos esperaba para darnos la bienvenida. Pelusa, integrante de NG JUPLAS, fue recibido con abrazos efusivos y, mientras saludaba a antiguos conocidos, entregó una bolsa con ropa recolectada que un amigo lo tomó por sorpresa, al que no veía desde hacía mucho tiempo.

Ingresamos en grupo junto a las artistas drag. Entre sonrisas y burlas comenzaron a escucharse expresiones de afecto como «mi amor» o voces que llamaban por su nombre a compañeros que acudían a recibirnos. También percibimos miradas de curiosidad, sorpresa y expectativa de quienes observaban la actividad que estaba por comenzar.

Nos instalamos en una de las canchas techadas, donde un escenario de cemento con parlantes sería el centro de la jornada. Las y los Promotores Educadores Pares (PEP) comenzaron a inflar globos para formar una gran bandera arcoíris, mientras Oscar, Luis y otras personas voluntarias organizaban la decoración. Paralelamente, Noe, José Mario y la psicóloga Rubí afinaban los detalles del programa y gestionaban la participación de personas LGBTIQ+ provenientes de otros pabellones.

Durante la espera conversamos con algunas personas privadas de libertad provenientes de distintas provincias. Nos hablaron de procesos judiciales marcados por la incertidumbre, del escaso acceso a la defensa pública y de abogados que, tras prometer acompañamiento, desaparecieron del proceso. También coincidieron en que la vida dentro del penal reproduce profundas desigualdades. Como resumió uno de ellos: «Si afuera la sociedad ya es jerárquica, aquí adentro esas diferencias se sienten mucho más.»

Las cifras respaldan esa percepción. El mismo Censo Carcelario señala que alrededor de 1.800 personas privadas de libertad desconocen el estado de sus procesos judiciales y que menos de la mitad cuenta con representación legal.

Junto a Marc, Jorge y otros voluntarios recorrimos parte del PC4 guiados por uno de los integrantes de la población LGBTIQ+ privado de libertad. Visitamos la carpintería, el sector de artesanías y, finalmente, la catrera LGBT+. Con evidente orgullo nos mostró el área de aseo, recientemente remodelada. El ambiente estaba impecablemente limpio; los sanitarios, urinarios y duchas funcionaban correctamente, una realidad muy distinta a la de años atrás, cuando las instalaciones eran precarias y los desagües apenas servían. Aquellas mejoras no fueron al azar, sino del esfuerzo organizativo y de las constantes gestiones impulsadas por las propias personas LGBTIQ+ privadas de libertad.

Mientras tanto, Uli, voluntario de la Fundación Igualdad LGBT, distribuía las frutas que había llevado para compartir. Las artistas drag aprovechaban los últimos minutos para retocar el maquillaje, acomodar las pestañas y ajustar sus vestuarios. A un costado del escenario, los globos ya dibujaban los colores del arcoíris. Poco a poco se organizaron las sillas para las autoridades de Régimen Penitenciario y las instituciones de derechos humanos, mientras las personas privadas de libertad y el resto de voluntarias y voluntarios comenzaban a ocupar el espacio. Cada vez más internos se acercaban alrededor del escenario, expectantes por el inicio de una jornada que, por unas horas, transformaría la rutina del encierro en un espacio de encuentro, reconocimiento y celebración de la diversidad.

El escenario y las presentaciones

Con la conducción de Gerardo, director de la Fundación Igualdad LGBT, y Kerana, presidenta de la Asociación de Mujeres Transexuales y Transgénero de Santa Cruz, comenzó el acto central. Ambos dieron la bienvenida a las personas presentes y destacaron, con visible emoción, la realización de la tercera Marcha del Orgullo LGBTIQ+ en un centro penitenciario, una iniciativa que continúa siendo inédita en Bolivia.

Las primeras intervenciones correspondieron, como era justo, a las propias personas LGBTIQ+ privadas de libertad. Carlos, un hombre trans que coordina las actividades en el PC2, agradeció la presencia de las instituciones y organizaciones que acompañaban la jornada, recordando la importancia de sentirse escuchados y respaldados. Luego tomó la palabra Jhasmany, representante de la población GBT del PC4, quien reafirmó el compromiso de continuar fortaleciendo la organización y el apoyo mutuo dentro del penal.

José Mario y Abi también compartieron unas palabras. Aunque el cansancio de semanas de preparación era evidente, predominaba la satisfacción de haber convertido el esfuerzo colectivo en una realidad. Ambos agradecieron el respaldo de las organizaciones y de las personas que hicieron posible la actividad mediante donaciones, voluntariado y acompañamiento.

La primera presentación artística estuvo a cargo de Chittra, quien rindió homenaje a Isabel Pantoja con la interpretación de Así fue. A través del lip sync, los movimientos de sus manos, los giros y la expresividad corporal transformaron el escenario en un espacio donde el arte se convirtió en una forma de encuentro y libertad.

Después intervino el director de Seguridad Penitenciaria, cuyas palabras despertaron un prolongado aplauso entre las personas asistentes. Una de sus frases resumió el espíritu de la jornada: «Puede ser que estén privados de libertad, pero no se les puede privar de la felicidad.» Posteriormente, el director de Régimen Penitenciario también dirigió un mensaje de aliento y reconocimiento a la actividad.

La siguiente presentación estuvo a cargo de Abantika. Entre los nervios propios del momento, incluso fue anunciada por lxs conductores como La Diabla, lo que provocó sonrisas entre quienes se encontraban cerca del escenario. Vestida con gafas oscuras y una capucha que acentuaba el misterio de su personaje, apareció lentamente desde un costado del escenario. Al sonar los primeros acordes de Como una Kardashian, de Fariana, la cancha se llenó de silbidos, aplausos y gritos de entusiasmo. Su interpretación confirmó que el arte también puede abrir espacios de reconocimiento y alegría en medio del encierro.

En representación de la Defensoría del Pueblo, la delegada Sheila Gómez recordó el compromiso institucional de acompañar y atender las demandas de las personas privadas de libertad, reafirmando la importancia de garantizar el ejercicio efectivo de sus derechos.

Mientras tanto, Kerana y Gerardo mantenían viva la energía del público. Entre comentarios espontáneos, bromas y complicidad con las personas asistentes, lograron que el ambiente se llenara de cercanía y participación. Para ese momento, la cancha estaba completamente ocupada y muchas personas observaban de pie alrededor del escenario.

Uno de los momentos más emotivos llegó con la presentación de Adri Kardash, quien interpretó Que hablen de mí, de Layah Noir. Vestía un elegante traje negro, guantes largos rojos y una rosa que adornaba su cabello. La interpretación, acompañada de una impecable sincronización de lip sync, transmitía un mensaje de dignidad, resistencia y orgullo. Frases como «No le debo explicaciones a quien nunca estuvo ahí» o «Si eso rompe sus esquemas o incomoda su moral, que revisen sus cadenas. Yo rompí las mías ya» resonaron con fuerza entre las personas presentes. Al finalizar, el escenario fue envuelto por una ovación de aplausos, silbidos y expresiones de reconocimiento.

Para Noe, integrante de Transcender y uno de los coorganizadores de la actividad, el significado de la marcha trascendía el evento mismo:

«En un contexto marcado por la discriminación y la exclusión, la marcha se convirtió en un acto de resistencia, cuidado colectivo y reivindicación de la dignidad. Al finalizar, prevaleció la satisfacción de haber fortalecido la esperanza, el orgullo y el compromiso con los derechos de las personas LGBT+ en situación de encierro. Gracias al apoyo de organizaciones aliadas y personas solidarias, se reunieron medicamentos, alimentos, ropa e insumos destinados a responder a las necesidades de la población LGBT+ privada de libertad.»

Cuando llegó mi turno de intervenir, recordé que la Constitución Política del Estado reconoce la igualdad y protege la dignidad de todas las personas. Sin embargo, señalé que expresiones despectivas como «maricón», «fresco» o «maraco» continúan reproduciendo discriminación y violencia cotidiana. También destaqué que, si bien Bolivia cuenta con un Protocolo de Atención Integral para Personas LGBTIQ+ Privadas de Libertad, su implementación requiere un compromiso compartido: las personas privadas de libertad deben conocer sus derechos, las demás personas respetarlos y las autoridades garantizar su cumplimiento.

La jornada continuó con la interpretación de una animada cumbia chicha de Amaral, por parte de uno de los compañeros privados de libertad. Sus pasos de baile, el cabello suelto y las gafas oscuras evocaban la época dorada de la cumbia boliviana, despertando sonrisas y aplausos entre el público. Posteriormente intervinieron el administrador de la discoteca Queen y un docente de la Universidad de Valencia, quien expresó su compromiso de acompañar, junto a la Fundación Igualdad LGBT, la implementación del protocolo de atención integral para personas LGBTIQ+ y personas con VIH privadas de libertad.

El cierre artístico estuvo a cargo de Yoselin, quien interpretó un taquirari que llenó el ambiente de música y permitió enlazar la celebración con el siguiente momento de la jornada: la marcha.

Antes de iniciar el recorrido, las y los conductores organizaron la columna. Al frente caminaron las autoridades de Régimen Penitenciario, Seguridad Penitenciaria, la Defensoría del Pueblo y la Asamblea Permanente de Derechos Humanos. Detrás se ubicaron las personas LGBTIQ+ privadas de libertad, seguidas por las y los voluntarios y, finalmente, todas las personas que decidieron sumarse al recorrido.

Con pancartas en las manos y algunos folletos informativos, dimos una vuelta alrededor de la cancha de tierra. Más que un recorrido simbólico, aquella caminata representó un acto de reconocimiento, visibilidad y afirmación de la dignidad de las personas LGBTIQ+ privadas de libertad.

Este ejercicio de visibilidad encuentra respaldo en el Protocolo de Atención Integral para Personas LGBTIQ+ Privadas de Libertad, aprobado mediante la Resolución Administrativa N.º 076/2021 de la Dirección General de Régimen Penitenciario, que establece lineamientos para garantizar un trato digno durante el ingreso, permanencia y salida de las personas con diversa orientación sexual, identidad y expresión de género, así como el respeto a sus visitas y vínculos afectivos en condiciones de igualdad, conforme a la Ley N.º 2298.

La familiaridad

Más allá de la marcha, uno de los aspectos más significativos de la jornada fueron los vínculos afectivos y las redes de cuidado que se fortalecieron entre quienes participaron. La solidaridad, la compañía y la resiliencia no surgieron de manera espontánea; son el resultado de lazos comunitarios construidos a lo largo del tiempo entre personas que comparten experiencias de discriminación, resistencia y búsqueda de una vida digna.

La tercera Marcha del Orgullo LGBTIQ+ en Palmasola es una expresión de esas redes. Impulsada principalmente por las propias personas LGBTIQ+ privadas de libertad, con el acompañamiento de organizaciones sociales, instituciones públicas y personas voluntarias, la iniciativa demuestra que, incluso en un contexto de encierro, es posible construir comunidad, generar espacios de apoyo mutuo y reafirmar la dignidad humana.

Esta realidad fue reconocida por la Corte Interamericana de Derechos Humanos. En el caso Leonela Zelaya y otros vs. Honduras (2025), el Tribunal señaló que muchas personas trans mantienen vínculos débiles o inexistentes con sus familias biológicas debido al rechazo y la expulsión de sus hogares. Frente a ello, desarrollan redes de apoyo, solidaridad y cuidado basadas en relaciones socioafectivas, más que en vínculos de parentesco.

En el mismo caso, el juez Ricardo C. Pérez Manrique de la Corte IDH, en su voto razonado, profundiza esta idea al referirse a las familias elegidas. Señala que, ante la exclusión familiar, muchas personas LGBTIQ+ construyen relaciones de amistad, afecto y cuidado que cumplen las funciones propias de una familia. Estas redes no solo ofrecen acompañamiento emocional, sino también protección, pertenencia y la posibilidad de afrontar colectivamente las adversidades.

La jornada vivida en Palmasola fue, precisamente, una manifestación de esas familias elegidas. Durante algunas horas, los muros del penal dejaron de representar únicamente el encierro para convertirse en un espacio de encuentro, reconocimiento y esperanza. Los abrazos, las donaciones, las presentaciones artísticas, las palabras de aliento y la presencia de organizaciones e instituciones transmitieron un mensaje claro: ninguna persona está sola.

Más que una marcha, fue una oportunidad para reafirmar que la orientación sexual, la identidad y la expresión de género son manifestaciones legítimas de la diversidad humana y que todas las personas, incluso aquellas privadas de libertad, tienen derecho a vivir con dignidad, igualdad y respeto. También fue una muestra de que las transformaciones son posibles cuando el trabajo comunitario, las instituciones y las propias personas LGBTIQ+ articulan esfuerzos para construir espacios de cuidado, reconocimiento y ejercicio efectivo de los derechos humanos.

Santa Cruz, 2 de agosto de 2026.

NdE: Los rostros de las y los privados de libertad fueron difuminados para proteger su identidad.

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