En la era del MAS, las cooperativas mineras aumentaron de 800 a 1.900 y desplazaron al sector privado

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El cooperativismo minero está en su auge. En la era del Movimiento al Socialismo (MAS), este sector ha desplazado del primer lugar a las empresas privadas, ha mantenido en la marginalidad del Estado y ha tomado el control del negocio, particularmente del oro.

El investigador del CEDLA, Alfredo Zaconeta, indicó que entre el 2006 y el 2019, las cooperativas mineras han aumentado de 800 a 1.900, de las cuales, 1.400 son auríferas que, a decir del especialista, es “una cantidad tremenda”.

“Tenemos la réplica del modelo neoliberal porque seguimos dependiendo de la renta, con la diferencia que tienes un sector cooperativo privilegiado fomentado por la política del Gobierno”, dijo el investigador en el programa Hagamos democracia de la red ERBOL, el domingo pasado.

El problema de que el sector cooperativista tenga el control del negocio es que paga una regalía ínfima al Estado, por lo general no respeta normas laborales ni ambientales y utiliza su fuerza social para apoyar o presionar al gobierno de turno.

Hasta hace 15 años, el protagonista del negocio del oro era el sector privado, con unas cinco operaciones, con las que producían 12 toneladas al año. “Estos han sido relegados y los cooperativitas ahora controlan el 99% de la producción, producen 53 toneladas, han quintuplicado la producción, pero no pagan impuestos, solo entregan una regalía ínfima del oro que explotan”, indicó el investigador del CEDLA.

Zaconeta indicó que el 2006, el régimen del MAS apuntaba al fortalecimiento de la minería estatal y la industrialización del sector, sin embargo, los datos muestran que el objetivo no ha sido cumplido.

Ese año, el sector privado controlaba la minería con el 54% del valor de la producción, seguido de las cooperativas con el 45%  y, finalmente, estaba el Estado con el 0,8% de la producción.

A raíz del potenciamiento que le ha dado el Gobierno a los cooperativistas, el 2019 ese sector ya controlaba la minería boliviana con el 57% del valor de la producción, seguido del sector privado con el 20%, mientras que el Estado ocupaba un distante tercer lugar con el 6%.

Otro dato que muestra el poder de este sector es que de cada 10 empleos que genera la actividad minera, nueve son cooperativistas, aunque el empleo suele ser informal y precario.

Y, el objetivo de la industrialización de los minerales, a decir de Zaconeta, también quedó trunco. En Vinto sólo se producen 12 mil toneladas de estaño fundido, en Coro Coro, entre 1.500 a 1.800 toneladas, pese a que la capacidad instalada es para 3.000 toneladas. “Lo demás sigue siendo un factor pendiente, no tenemos industrialización”, dijo el especialista.

Indicó que Huanuni, Vinto y Colquiri están dando pérdidas porque se registra una caída en su producción en los últimos años. “El sector privilegiado ha sido el sector cooperativo”, resume.

En la era del MAS, las cooperativas mineras aumentaron de 800 a 1.900 y desplazaron del primer lugar al sector privado

El cooperativismo minero está en su auge. En la era del Movimiento al Socialismo (MAS), este sector ha desplazado del primer lugar a las empresas privadas, ha mantenido en la marginalidad del Estado y ha tomado el control del negocio, particularmente del oro.

El investigador del CEDLA, Alfredo Zaconeta, indicó que entre el 2006 y el 2019, las cooperativas mineras han aumentado de 800 a 1.900, de las cuales, 1.400 son auríferas que, a decir del especialista, es “una cantidad tremenda”.

“Tenemos la réplica del modelo neoliberal porque seguimos dependiendo de la renta, con la diferencia que tienes un sector cooperativo privilegiado fomentado por la política del Gobierno”, dijo el investigador en el programa Hagamos democracia de la red ERBOL, el domingo pasado.

El problema de que el sector cooperativista tenga el control del negocio es que paga una regalía ínfima al Estado, por lo general no respeta normas laborales ni ambientales y utiliza su fuerza social para apoyar o presionar al gobierno de turno.

Hasta hace 15 años, el protagonista del negocio del oro era el sector privado, con unas cinco operaciones, con las que producían 12 toneladas al año. “Estos han sido relegados y los cooperativitas ahora controlan el 99% de la producción, producen 53 toneladas, han quintuplicado la producción, pero no pagan impuestos, solo entregan una regalía ínfima del oro que explotan”, indicó el investigador del CEDLA.

Zaconeta indicó que el 2006, el régimen del MAS apuntaba al fortalecimiento de la minería estatal y la industrialización del sector, sin embargo, los datos muestran que el objetivo no ha sido cumplido.

Ese año, el sector privado controlaba la minería con el 54% del valor de la producción, seguido de las cooperativas con el 45%  y, finalmente, estaba el Estado con el 0,8% de la producción.

A raíz del potenciamiento que le ha dado el Gobierno a los cooperativistas, el 2019 ese sector ya controlaba la minería boliviana con el 57% del valor de la producción, seguido del sector privado con el 20%, mientras que el Estado ocupaba un distante tercer lugar con el 6%.

Otro dato que muestra el poder de este sector es que de cada 10 empleos que genera la actividad minera, nueve son cooperativistas, aunque el empleo suele ser informal y precario.

Y, el objetivo de la industrialización de los minerales, a decir de Zaconeta, también quedó trunco. En Vinto sólo se producen 12 mil toneladas de estaño fundido, en Coro Coro, entre 1.500 a 1.800 toneladas, pese a que la capacidad instalada es para 3.000 toneladas. “Lo demás sigue siendo un factor pendiente, no tenemos industrialización”, dijo el especialista.

Indicó que Huanuni, Vinto y Colquiri están dando pérdidas porque se registra una caída en su producción en los últimos años. “El sector privilegiado ha sido el sector cooperativo”, resume.

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