Tengo la buena costumbre de escuchar los monólogos de la escritora colombiana Carolina Sanín, a quien a menudo considero una fuente de inspiración. Después de varios días del escándalo Beller–Cerimedo durante los cuales escuché decenas de relatos, hipótesis, conjeturas, acusaciones y opiniones quedé en un estado de perplejidad inusual. ¿Estamos ante una catástrofe o ante una tragedia?
Mi autora reflexionó a propósito de los terremotos en Colombia y yo tomé prestadas algunas de sus ideas para preguntarme sobre nuestro terremoto político. ¿Estamos ante una tragedia resultado de un cambio de carácter, una decisión soberbia del personaje? El concepto viene del ámbito literario y teatral donde los personajes enfrentan un destino adverso o irreparable guiado por pasiones o decisiones humanas.
“Las tragedias suceden porque se busca evitar la tragedia” dice Sanín. Eso es lo que estamos viendo: una tragedia en varios actos originada en las malas decisiones del Presidente Paz que ha optado por no decir nada inclusive cuando habla.
La catástrofe es cuando todo se da la vuelta, todo es irrecuperable, todo está patas arriba. Eso es lo que estamos viviendo desde que el régimen masista logró domesticarnos naturalizando la corrupción, el abuso y la injusticia. Paz que parecía el “menos pior” de los candidatos nos está mostrando en poco tiempo que son harina del mismo costal. Paz ganó porque había un hartazgo con el MAS y aun ahora la mayoría no quiere volver atrás. Ese estado de ánimo puede alentar nuevos octubres, pero es seguro que sin remover las raíces profundas del autoritarismo y la corrupción, quedaremos donde mismo.
Voy a abordar las señales de la catástrofe que se refieren al papel de algunas mujeres en nuestra vida política. No de cualquier mujer. Y de la manera como el machismo subyace a las relaciones familiares y políticas. El caso Beller–Cerimedo tiene la misma trama que el caso Morales–Zapata: hombre poderoso, mujer ambiciosa, sexo–hijo, dinero, mucho dinero. Los objetos sexuales de los poderosos pueden demoler más que un bloqueo de cincuenta días, y un celular en sus manos puede ser mas letal que las balas disparadas por unos michi sicarios.
Bolivia Verifica ha publicado una biografía de Nadia Beller https://boliviaverifica.bo/quien-es-nadia-beller…/ que incluye entrevistas con dos personajes mediáticos muy representativos del machismo dentro del ecosistema comunicacional. Carlos Valverde y Agustín Zambrana la entrevistaron cuando ella ya estaba fuera del MAS y relata con pelos y señales su papel de doble agente entre Camacho y Álvaro García Linera. La condescendencia con la que Valverde le pregunta: «¿eres tan mala como dicen que eres?» para concluir su diálogo afirmando: “No habías sido tan mala” es una muestra de cómo se doblan ante una mujer inteligente.
Su actual abogado Jerjes Justiniano, quien presumía de ser el gestor de la pacificación en el gobierno de Jeanine Añez en 2019, es ninguneado cuando ella desmiente que él haya sido el negociador con los mal llamados movimientos sociales. “Tenía que ir al cumpleaños de su hija” y no estuvo en la reunión –cuenta– lo que para Valverde es motivo de burla. Justiniano figura como alguien que buscaba indulgencias con ave marías ajenas. El Lineras, según la acusadora, tampoco le dio importancia al movimiento de las pititas a pesar de que ella se lo advirtió.
De Cerimedo se ha dicho de todo, desde que es un capo hasta un inútil con suerte. Un exvocero de Morales lo ha descrito como una especie de Don Corleone para, de paso, decir que uno como Cerimedo no hubo en el MAS. Me pregunto qué fue un tal Quintana que buscaba hormonas amazónicas mientras fabricaba acusaciones falsas contra los opositores. ¿Qué fueron los Lineras siendo el matemático sin título amigo y consejero de Beller, quien súbitamente se había dado “de cuenta” que Morales era un abusador y más aún, el perpetrador de un fraude?
Cerimedo está hecho a medida de la clase política boliviana, se cuela en las fotos VIP, mandonea a ministros y policías, es inescrupuloso y ahora nos dicen que no tenía contrato. No olvidemos que el “señor Cerimedo” vendió dos veces el mismo apartamento en Argentina Lo curioso es que este bandido al que ahora todos niegan supo ganarse el amor de los Paz y de la Beller, quien tampoco tenía contrato. Cerimedo fue de mascota a las reuniones del Escudo de las Américas donde seguramente seguía sumando contactos para presumir un prestigio que no tenía. Y ella, la “mala”, mientras tanto le grababa todas sus maldades, incluido un embarazo que da cuenta de otra tontería machista como es no usar condón. ¿Se embarazó sin querer queriendo? ¿O era él quien quería someterla? En suma, el caso Beller–Cerimedo ha destapado las cloacas sentimentales de la clase política que se exhibe impúdicamente ante una sociedad enterrada bajo los escombros de la decencia y las buenas costumbres.
Sonia Montaño Virreira es socióloga jubilada y feminista por convicción.
Las opiniones de nuestros columnistas son exclusiva responsabilidad de los firmantes y no representan la línea editorial del medio ni de la red.





