Huayña Pasto Grande busca llegar a 100.000 árboles para enfrentar la falta de agua y los efectos de “Súper Niño”

Desarrollo

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Yenny Escalante

A la izq. Edgar Mamani. Foto composición: Yenny Escalante

A la izq. Edgar Mamani. Foto composición: Yenny Escalante

La microcuenca Huayña Pasto Grande, en el municipio de Soracachi, Oruro, busca ampliar de 40.000 a 100.000 plantines forestados en los próximos seis o siete años como parte de una estrategia comunitaria para enfrentar la disminución del agua, prevenir los efectos del fenómeno conocido como “Súper Niño” y proteger sus fuentes de vida. La organización también alerta sobre el avance de la minería y sus posibles impactos en el agua, el suelo y el aire de las comunidades.

“Si quieren agua, tienen que forestar; si quieren lluvia, tienen que forestar”, cuenta a Sumando Voces Edgar Mamani, vicepresidente de la Organización Regional Productiva Agrícola Microcuenca (ORPAN) Huayña Pasto Grande, al explicar una apuesta que empezó a tomar forma hace varios años y que hoy involucra a las siete comunidades de la microcuenca.

La organización agrupa a 153 familias, mientras que el último censo registró 1.567 habitantes en la microcuenca. Una parte importante de la población depende de la agricultura, principalmente de la producción de zanahoria, cebolla, lechuga, habas, tubérculos y cereales.

De tener agua en abundancia a buscar cómo conservarla

El cambio que más preocupa a los habitantes es visible en el territorio. Según Mamani, años atrás el agua corría de manera constante por el río, incluso en cantidades que terminaban desperdiciándose. Hoy, esa disponibilidad ya no existe. “Teníamos agua constante, en demasía, corría por el río, estaba así, se echaba a perder, pero hoy día ya no existe esa agua”, relata.

Frente a esa situación, las comunidades optaron por combinar forestación con técnicas de cosecha de agua, entre ellas la construcción de atajados, la captación de humedad atmosférica y prácticas ancestrales de siembra y crianza del agua.

El proceso comenzó a mostrar resultados en los árboles plantados entre 2018 y 2020. Algunos pinos ya alcanzan entre cinco y seis metros y requieren podas de formación para orientar su crecimiento. La experiencia también les permitió identificar qué especies se adaptan mejor a cada zona.

Este año, alrededor del 30% de las acacias producidas en el vivero se perdió debido a las heladas, mientras otras especies resistieron mejor. La organización considera estas experiencias parte del aprendizaje para mejorar sus futuras plantaciones. “No vamos a desmoralizarnos (por los errores), sostiene Mamani.

Actualmente, Huayña Pasto Grande cuenta con unas 40.000 plantas forestadas y se ha fijado como meta alcanzar las 100.000. Para ello, la organización produce sus propios plantines en un vivero forestal y mantiene espacios de semisombra e invernadero.

La forestación se realiza de acuerdo con las características de cada zona. Entre las especies que manejan están el olmo, pino, eucalipto, queñua, kiswara, molle y acacia. La experiencia les enseñó que no todas sobreviven de la misma manera en las zonas altas: mientras algunas especies se estancan, otras logran desarrollarse.

El objetivo no es únicamente recuperar áreas verdes, pues para los productores, los árboles forman parte de una estrategia para sostener el agua y la producción agrícola en una zona donde las condiciones climáticas son cada vez más inciertas.

Prepararse antes de que falte el agua

La preocupación aumenta ante los pronósticos que, según la organización, anticipan un periodo con poca lluvia. Por eso, el 30 de agosto tienen previsto realizar un taller sobre el fenómeno de “El Súper Niño” y la cosecha de agua, con el propósito de preparar a la población antes de que la falta de agua afecte a la producción.

La propuesta incluye reducir la cantidad de cultivos a lo estrictamente necesario, mejorar el uso del agua y recurrir al riego tecnificado. La mayoría de los productores ya utiliza sistemas de aspersión, goteo y otros mecanismos para optimizar el recurso. “Si está a nuestro alcance hacer algo, lo vamos a hacer”, afirma Edgar Mamani al referirse a la preparación frente a la posible escasez.

La ora amenaza: el avance de la minería

Mientras las comunidades buscan conservar el agua, también observan el crecimiento de la actividad minera en la zona. Mamani señala que actualmente existen entre ocho y nueve socavones y operaciones a cielo abierto dedicadas a la extracción de un complejo polimetálico que incluye plomo, zinc, cobre, además de plata y oro.

La preocupación se concentra principalmente en las comunidades ubicadas aguas abajo, donde, según el dirigente, una eventual contaminación podría afectar el agua y el suelo. En otras zonas, el impacto podría estar relacionado con el polvo y el viento. Entre las comunidades que identifica como potencialmente afectadas menciona Huayña Pasto Chico, Rancho y Umajalzo.

Mamani aclara que su posición no es contraria a la minería, sino a la contaminación y al incumplimiento de las normas. “No estoy en contra de la minería, pero estoy en contra de la contaminación y el incumplimiento de las leyes. Si hay una minería responsable, saludable, no habría problemas”, sostiene.

Cuando el «recurso semilla» se convierte en trabajo comunitario

Parte de estas acciones se realizan con recursos pequeños. Un fondo de alrededor de 4.000 dólares del Fondo de Pequeños Proyectos (FPP) permitió apoyar iniciativas como el cercado de dos vertederos de basura, pero la comunidad complementa esos recursos con materiales locales y mano de obra. “Solos no podemos, pero cuando hay algún apoyo, sobre eso nosotros ponemos el esfuerzo también”, explica Mamani.

Ese esfuerzo empieza a generar nuevas oportunidades. El vivero ya produce plantines que son adquiridos por organizaciones y comunidades vecinas, mientras otras localidades comienzan a solicitar asesoramiento para replicar la experiencia.

En Huayña Pasto Grande, la meta de llegar a 100.000 árboles todavía está lejos, también persisten la incertidumbre por el agua, el avance de la minería y los efectos del clima, pero en medio de esas dificultades, los habitantes han decidido actuar sobre aquello que sí pueden controlar: plantar, cosechar agua, cuidar las fuentes y aprender de cada árbol que logra sobrevivir.

Porque para ellos, cada plantín no representa solamente un árbol más en el paisaje. Es una apuesta por que el agua vuelva a quedarse en la tierra y por que las familias que viven de ella puedan seguir produciendo.

Campaña de limpieza de plásticos

La defensa de la microcuenca también se expresa en acciones cotidianas. Una alianza entre el centro de salud, unidades educativas y ORPAN Huayña Pasto Grande impulsa campañas de limpieza tres veces al año.

Los dirigentes advierten que el viento arrastra bolsas, botellas y otros residuos hasta las fuentes de agua y los bosquecillos recién plantados, donde los plásticos pueden dificultar el crecimiento de los árboles. Los ríos y riachuelos también acumulan residuos.

La organización busca que estas jornadas dejen de ser actividades aisladas y se conviertan en un hábito comunitario. Para ello, también gestiona una ordenanza municipal que permita respaldar las acciones de limpieza y exigir su cumplimiento.

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