William Condori, bombero voluntario de Riberalta. Foto: Sumando Voces
Cada temporada seca, William Yassin Condori Fernández sabe que llegará el momento de volver al monte para enfrentar el fuego. Tiene 35 años, es bombero voluntario en Riberalta y, aunque no recibe un salario por esta labor, continúa preparándose junto a otros 14 voluntarios para responder a los incendios forestales que cada año afectan a la Amazonía.
“Si no lo hacemos nosotros, ¿quién más lo va a hacer?”, dice William a Sumando Voces al explicar por qué decidió dedicar parte de su tiempo a una actividad que implica riesgos y que, en muchas ocasiones, se realiza con recursos limitados.
Forma parte de los Bomberos Voluntarios de Riberalta desde hace tres años, pero su relación con las emergencias comenzó mucho antes. Lleva más de 15 años en el Grupo SAR-FAB Riberalta, donde aprendió técnicas de rescate y atención de emergencias.
Para él, ser voluntario significa asumir una responsabilidad incluso cuando no existen las condiciones ideales. El grupo de bomberos al que pertenece no tiene un lugar fijo para reunirse ni cuenta con un vehículo propio para trasladarse de manera inmediata hacia las emergencias.
Aun así, los 15 voluntarios mantienen sus entrenamientos y realizan prácticas para refrescar conocimientos, utilizar herramientas y prepararse para actuar cuando llegue una llamada de auxilio. “Con lo poco que tenemos”, señala William, realizan estas actividades para mantener su capacidad de respuesta.

Los incendios forestales son una de las principales emergencias que enfrentan en Riberalta y la provincia Vaca Díez. Según William, la mayoría comienza con quemas realizadas para habilitar terrenos destinados a la agricultura. “Quizás el 1 o 2% de los incendios sean accidentales, pero el 95% son totalmente provocados”, afirma.
El problema comienza cuando una quema pierde el control. El fuego puede avanzar hacia zonas de bosque denso y de difícil acceso, lo que retrasa la llegada de los equipos de emergencia y permite que las llamas continúen expandiéndose.
William recuerda especialmente los incendios de 2024, cuando numerosos voluntarios se sumaron a las tareas de sofocación y mitigación del fuego en diferentes regiones del país. Pero las llamas no son la única amenaza, ya que el humo también llega hasta las ciudades y comunidades, afectando la salud de la población, especialmente de niños, mujeres embarazadas y personas adultas mayores.
Por eso, mientras espera que esta temporada no vuelva a repetir los incendios de años anteriores, William continúa entrenando. Sabe que el fuego puede aparecer en cualquier momento y que, cuando eso ocurra, habrá personas esperando una respuesta. “Voluntario es el que menos recibe, pero es el que más hace muchas veces”, afirma.
Y mientras las condiciones para enfrentar los incendios siguen siendo limitadas, William y sus compañeros se preparan con lo que tienen: capacitación, experiencia y la decisión de acudir cuando alguien necesite ayuda.





