El sistema judicial está lejos de asumir procesos de autocrítica y demostrar una voluntad férrea para generar profundas transformaciones en la administración de la justicia plurinacional. Así lo develó la renuncia a la presidencia del Tribunal Supremo de Justicia por parte de Romer Saucedo, quien no admite que la justicia se encuentra en una profunda crisis acosada por la retardación, los sobornos y las presiones. Para él, los culpables de este escenario son el gobierno, los políticos y la sociedad. Así lo da a entender, argumentando que todo su reclamo se basa en contar con más presupuesto operativo, del cual dependerían las reformas judiciales: “No lo toman en cuenta al Órgano Judicial. Entonces, ¿de qué reformas se puede hablar? ¿De qué alivio al Órgano Judicial, cuando ni siquiera les interesa en la aprobación del presupuesto general? Son mentirosos (los del Gobierno nacional), son mentirosos. Usted no puede charlar con los mentirosos», dijo Saucedo en su renuncia mediática.
No ven la viga que tienen en sus propios ojos y solo miran la paja en el ajeno. Así, nada cambia. Saucedo seguirá de presidente del TSJ hasta finales del presente año. De modo que la justicia continuará tal como ha venido desarrollándose a lo largo de muchos años en la Bolivia Plurinacional. El acceso a la justicia está establecido como un derecho humano fundamental, pero al parecer las autoridades esperan que los cambios vengan de afuera, culpando al gobierno, a los políticos y a la sociedad de la profunda crisis que afrontan los juzgados.
El cambio, las transformaciones y las reformas tienen que venir desde la voluntad, la capacidad y la honestidad de magistrados, vocales, jueces, fiscales y tramitadores incrustados en tantas oficinas a lo largo y ancho del país. No esperen que lo haga Harry Potter, Superman o algún juez del Tribunal de La Haya. ¡Ustedes son los primeros responsables de demostrar que sí quieren cambios, y de que los van a generar y llevar adelante para recuperar el nivel de credibilidad y confianza que debe tener la justicia en Bolivia!
Las reformas judiciales no se limitan solo a tener más presupuesto; es algo mucho más estructural. Se han realizado cumbres judiciales, reuniones, asambleas y documentos de propuesta, como el presentado en abril por la Facultad de Ciencias Jurídicas de la UAGRM: “Históricamente, la justicia en el país ha sido objeto de numerosos cuestionamientos debido a la lentitud de los procesos judiciales, la falta de acceso equitativo, la corrupción en diversas instancias y la falta de confianza de la ciudadanía en las instituciones judiciales. Estos problemas afectan no solo la eficacia del sistema judicial, sino también la estabilidad y calidad de la democracia boliviana”, argumenta el documento final de la I Cumbre Departamental de Justicia, Democracia, Estado de Derecho y Libertad.
Ojalá que este documento de 89 páginas —que contiene ponencias, comentarios de instituciones y expertos en Derecho, y recomendaciones clave— haya sido enviado a las autoridades judiciales, políticas y al resto de las universidades. De lo contrario, habrá sido una reunión cafetera como tantas otras, donde la gente reniega, comenta, denuncia, propone y «resuelve» los problemas nacionales e internacionales.
“Todo es plata, y si no pones lo que piden los jueces y fiscales, no se mueve un papel”, me dijo un amigo detenido en Palmasola, uno de los 9.500 que hoy guardan detención preventiva. De ellos, solo el 35 % tiene sentencia; al resto ya se le venció el plazo de la prisión preventiva y llevan meses y años esperando su audiencia final. Esta es una señal clara de la negligencia judicial.
Además de esta realidad, son muchas otras las situaciones cuestionadas a jueces y fiscales: el incumplimiento de las órdenes de aprehensión de Evo Morales, quien pasea su impunidad por el Chapare; la otorgación de detenciones domiciliarias a quienes tienen poder económico o político —como el caso del exjuez Zeballos, dueño de las 32 maletas llenas de dólares, o el exdiputado Mamani, acusado de ser uno de los artífices de los violentos bloqueos contra la democracia, quien se defenderá desde su casa—; la fuga de Nemesia Achacollo, ahora con refugio político en Brasil; y ni se diga de tantos otros hechos de violaciones a menores y abusos sexuales cuyos autores son liberados, los cuales viene denunciando de forma permanente en sus redes sociales la abogada Selva Camacho.
El abogado Alejandro Colanzi precisó que la impunidad es una cuestión de relaciones de poder, en la que están involucrados jueces y fiscales, además del acusado que sigue moviendo sus influencias al más alto nivel. Por ello, queda impune.
La renuncia de Saucedo ha generado un torrente de opiniones a favor y en contra, pero la mayoría lo apunta como uno de los actores que puso trabas a las reformas judiciales. José Martí, escritor y periodista cubano, decía: “A la bestia hay que combatirla desde adentro”, y se fue a los Estados Unidos a luchar por sus ideales. Pues eso hay que hacer cuando uno tiene un cargo importante: ser valiente, íntegro y romper con los miedos y las trabas que se puedan encontrar en el camino, con el claro objetivo de recuperar la justicia como derecho humano y no como un recurso inhumano.
“Se argumenta que las altas autoridades son elegidas precisamente para pilotar las tormentas, negociar salidas viables y buscar soluciones creativas, y no para dimitir ante los primeros obstáculos insalvables. Esta prematura acefalía no hace más que profundizar la inestabilidad institucional y alimentar las pugnas de poder internas dentro del tribunal”, precisó el abogado Jesús Amali Sandoval.
Por su parte, el exfiscal del Distrito de Santa Cruz, Jaime Soliz, fue duro al calificar la postura: “La renuncia es política”. Sostuvo que Saucedo es joven y no puede cansarse, sino que debe «morir peleando» para que mejore la justicia, añadiendo que con su dimisión demuestra que no pudo controlar la crisis interna del Poder Judicial.
«La justicia es el derecho de los poderosos», advirtió hace siglos el filósofo griego Platón. En la Bolivia plurinacional cobra plena vigencia ese apunte: la justicia plurinacional muerde al que anda descalzo.
Hernán Cabrera es periodista y licenciado en Filosofía.
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