¿Paz por impunidad? Un trueque desigual

Opinión

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Sonia Montaño V.

Hoy se cumplen más de cincuenta días de encierro. ¿Cuántos bloqueos se necesitan para dialogar? La pregunta es tan absurda como la que se refiere a los muertos. ¿Cuántos muertos se necesitan para que un gobierno se caiga?

Mientras los bloqueos tienden a disminuir —eran cien y ahora menos cincuenta— el gobierno parece animarse y hasta entusiasmarse al abrazar a quienes hasta hace pocos días lo querían fuera. Y mientras no haya ningún muerto por culpa de los “uniformados”, los otros muertos, los enfermos, los que sufren hambre, son solo daños colaterales.

El vomitivo espectáculo de ver a Argollo vociferar en la tribuna donde lo acogió el gobierno para exigir nada menos que la liberación de los vándalos como condición para dialogar nos está anticipando la cadena de simulacros a la que, parece, nos debemos acostumbrar: Bloqueo-feriado-más bloqueo-dialoguemos. Una versión criolla del mito de Sísifo.

Han dicho los golpistas que el ministro Lupo ha echado leña al fuego porque ha osado decir algo tan neoliberal y reaccionario como que la ley debe cumplirse. En estas casi ocho semanas de bloqueos antidemocráticos hemos sufrido más que durante la pandemia cuando se podía burlar los encierros.

El uso de una ambulancia por el gobernador de Cochabamba para ir a farrear con el innombrable en el Chapare eso sí es propio de los peores neoliberales. Sobre la inmundicia heredada del masismo se acumulan más daños materiales y emocionales.

La reforma de la justicia está bloqueada y la COB —resucitada por el gobierno pero aún en grave estado de intoxicación— tuvo la osadía de pedir la presencia de un fiscal como garante del diálogo o más bien de la “no persecución penal y la no judicialización de la protesta”. Es más, el fiscal, como buen masista, tuvo el descaro de aceptar. ¿Acaso no queríamos reconstruir el Estado de derecho?

Nada es lo que parece. El “diálogo” ha sido hasta ahora un intercambio entre «un traidor» (así lo califican los argollos al presidente ) y los «narcoterroristas» (así los llamó el presidente). Traidor es una palabra masista, narcoterrorista un aporte trumpista.

Los millones de afectados que reaccionan y se defienden con sus propias manos son solo un telón de fondo para los bandos en conflicto. Todos se sienten traicionados. Las “bases” porque votaron por Paz y no les cumplió; los Tupac, por Argollo que dizque negocia prebendas; Argollo, por las COD departamentales que quieren desbloquear; los transportistas, que ya tienen muertos. Todos somos víctimas incluido el gobierno que saldrá muy magullado. No se si el presidente debe ir a terapia intensiva o probar un diván, pero no debe renunciar.

¿Podremos reconciliarnos? No, mientras la doble moral nos lleve a juzgar al adversario convertido en enemigo, con varas hechas a medida. A Paz le piden cumplir una palabra que no sabemos cuáll fue. Lo que sí sabemos es que ganó las elecciones limpiamente.

¿Por qué no acusan a Evo Morales de traición? No les había prometido vivir bien? No les había prometido no mentir, no robar, no ser flojo? ¿Por qué exigen que no se privaticen las empresas quebradas y no dicen nada del hijito de Arce Catacora que expropió YPFB y se volvió ricachón en dos por tres?

Y es que además de los numerosos daños económicos, sociales e institucionales, hoy tenemos una radiografía que muestra lo acostumbradas que estamos a vivir en un país donde las normas y leyes se aplican dependiendo de quiénes están involucrados. Se rasgan las vestiduras cuando el antipático de Marco Rubio defiende al gobierno elegido democráticamente, pero aplauden al aun mas antipático presidente Petro que al igual que los argentinitos expulsados se emocionan con el levantamiento de los indígenas a quienes ni conocen ni entienden. Exigen respeto a sus derechos humanos, pero callan y sonríen cuando sus correligionarios amenazan con regar los caminos de cadáveres.

Finalmente, lo que aquí ya es un exotismo: las secuelas sobre la salud mental ¿Cómo se sentirán los camioneros que han visto morir a sus compañeros sin poder auxiliarlos? ¿Cómo se sienten las mujeres que tuvieron el valor de expulsar a los bloqueadores? El temor a las represalias por haber pedido respeto las perseguirá si ven en la calle a los dirigentes que negocian impunidad .Andaremos viendo visiones, buscando ajayus, hablando solas, agarradas de nuestra bolsita, riéndonos a carcajadas sin motivo aparente. A los bloqueadores los invadirá la paranoia que ya lleva a Morales a actuar como un pepino al terminar el carnaval mientras suplica que Paz renuncie.

El diálogo está abierto, la negociación aún no se cierra: abrazos y no balazos como decía el mexicano. Odio y resentimiento reprimidos dentro de las familias, los barrios y las comunidades. Una fisura que nos acompañará por mucho tiempo: creernos víctimas siendo victimarios, mientras unos hacen como que gobiernan y otros como que dialogan a sabiendas de que es un cambalache.

Sonia Montaño Virreira es socióloga jubilada y feminista por convicción.

Las opiniones de nuestros columnistas son exclusiva responsabilidad de los firmantes y no representan la línea editorial del medio ni de la red.

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