¿Estamos viendo la misma película?

Opinión

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Carlos Hugo Molina

El teatro griego, en su expresión más sublime, logró que una misma situación, dependiendo de la máscara (personalidad) que se ponía el actor, fuera una tragedia, un drama o una comedia. Repasemos algunas escenas desde el buen genio y la ternura.

Cuando se produjo la debacle electoral del MAS en las últimas elecciones nacionales, incluida la desaparición de su sigla, hubo un momento de incertidumbre por la victoria, aún de los victoriosos. No podía ser cierto lo que se estaba produciendo pues sumando la representación parlamentaria de las tres fuerzas ganadoras, alcanzaban más de 2/3 en el parlamento de quienes se decían demócratas y contrarios al partido de Evo Morales. El análisis elemental señalaba qué, teniendo las tres fuerzas orígenes ideológicos comunes por haber sido parte de gobiernos aliados, y los tres líderes, haber trabajado juntos, el resultado podría ser efectivamente auspicioso.

Lograr 2/3 en el parlamento significaba la posibilidad de desentrabar cualquier dificultad leguleya y enfrentar el cambio democrático de manera radical. Ingenuamente se pensó que, entre Rodrigo, Tuto y Samuel podían darle la esperanza razonable al pueblo boliviano de un cambio necesario. No insistiré sobre las consecuencias de un desencuentro cuyas razones tendrán que ser explicadas a la Historia en algún momento, más allá de justificativos y pretextos.

Siguió en esta mezcla de sainete y parodia, que el elegido vicepresidente, a la usanza mesiánica boliviana, se atribuyó la victoria por el supuesto origen popular de su historia. Pasado unos capítulos, de haber sido cierto aquello, los candidatos propuestos en las elecciones regionales del llamado Capitán Lara, tendrían que haber ganado a donde fueron propuestos, pero la realidad demostró que no era así; mientras, escucharemos los próximos cuatro años y medio al vicepresidente del presidente Rodrigo Paz quejarse de la traición recibida de su compañero de fórmula y del pueblo que no le había sido fiel.

No ha sido distinto lo ocurrido con el enjuiciado por estupro y preso en el Chapare. Sin el poder autoritario y los recursos en las manos, con un rosario de desencuentros con sus delfines, otrora alineados, obedientes y disciplinados, se ratificó la traición de sus ahijados y su derrota nacional, quedando como autoridad sólo en el departamento de Cochabamba. La realidad es muy cruda cuando hay que enfrentarse a 20 años de una narrativa de opulencia y dispendio que hoy se expresa en fracaso económico.

No ha sido distinto el resultado en la Democracia Cristiana, sigla carente de contenido y de los principios de un desconocido llamado Jacques Maritain que no sirve ni para referencia. En el intento de lograr salvar algo del aparato político, indujeron con seña y perversidad a Rodrigo a lanzarse a proponer candidatos cuyos resultados conocemos.

El relato de estos capítulos, sirven para revisar el futuro, carente de aparatos políticos, lleno de Reinos de Taifa y aprendices de brujo, que, sin embargo, son nuestras autoridades y expresan la realidad de la política boliviana. Mientras algunos siguen discurseando como si las elecciones no hubiesen terminado, la sociedad vestida con su mejor ironía y expresándose con mordacidad en algunos casos, nos recuerda en los tiktoks que sigue viviendo, que le busca solución a la crisis y que no espera mucho de un Estado que puede declararse en quiebra en cualquier momento, que ha dejado de cumplir muchas de sus responsabilidades básica y no sabe que tiene 7.777 kilómetros de fronteras sin control, a pesar de la ayuda de Chile que ha cavado algunas zanjitas.

Frente a eso, la narrativa propone cuatro (4) certezas argumentales. Aquí no hay Plan B, y le corresponde al gobierno del presidente Paz Pereira llevarnos a la otra orilla haciendo lo que tenga que hacer en esta labor casi pastoral de sembrar esperanzas en púlpitos de feligreses sordos. La segunda es que lo mejor que puede hacer el vicepresidente Lara es guardar un respetuoso silencio frente a la crisis y esperar el 2030 para ver que le aconsejan sus asesores; estamos comprobando que cuando no habla y viaja en representación de un gobierno con el que tiene que negociar todo el tiempo el pago de sus sueldos y la gasolina para sus vehículos, hay una suerte de tranquilidad. Tercero, sigamos compartiendo argumentos comprensibles y sistematizados en el oficio de taladrar la roca de la irracionalidad humana en favor del Turismo, mientras, en medio de la crisis económica, hay quienes siguen planteando el bloqueo como instrumento de desarrollo. Si no hay bloqueos podrá haber inversión, producción, comercio y trabajo para todos y dejaremos de ser un territorio sospechoso encerrado en aventuras extremas que sólo los valientes quieren visitar. O los más canallas. Y cuarto, todos tenemos que hacer las cosas de una manera distinta, para que esto no sea una “Crónica de una muerte anunciada”, en cuya primera página ya sabemos el desenlace.

Amén.

Carlos Hugo Molina es director de innovación del CEPAD.

Las opiniones de nuestros columnistas son exclusiva responsabilidad de los firmantes y no representan la línea editorial del medio ni de la red.

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