Juntar las aguas: buenas leyes y buena gente

Opinión

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Sonia Montaño V.

A la Jaqui (nombre ficticio) la violó su vecino, con quien ella jugaba desde pequeña y al que sus padres le pedían que la cuide cuando salían. Le llevaba cinco años, la ayudaba con sus tareas y una vez le dio un beso que la puso colorada. El día de la agresión le dijo: “eres mía” y ella sintió tanto asco que pensó: “no soy ni seré de nadie, nunca”. El vecino la atacó mientras sus amigos lo aplaudían; luego todos se dieron a la fuga. Llegó a su casa llorando y su mamá, ya preocupada por la demora, la abrazó, la abrigó y la llevó a la policía mientras escuchaba lo ocurrido.

Allí comenzó un sufrimiento inenarrable. Uno de los policías dormitaba y otro veía el celular, ninguno aplicó el protocolo de atención. “Cuide mejor a su hija”, le dijeron al salir. La maestra a quien Jaqui le contó dos días después le dijo que por suerte estaba viva y que ahora debía prepararse para los exámenes finales. Sus mejores amigas la evitaron por temor a que les pase lo mismo. Tardaron en llegar al SLIM, la abogada estaba ocupada y la mandaron donde otro profesional que comenzó pidiéndoles plata para el pasaje, luego para los investigadores y finalmente para el juez, algo que la familia hizo informada de que los acusados también lo estaban haciendo. Al cabo de un tiempo, desistieron y el caso quedó archivado.

Los delitos sexuales contra la niñez ocurren en la familia o su entorno, la sociedad mira a un costado y la justicia no funciona. Solo el primer semestre de 2025 se registraron 1.211 casos de velación a niños y niñas y 967 casos de estupro. El proyecto de Ley Brisa, responde a un vacío identificado por la CIDH a través de una sentencia que ordena al Estado boliviano a adecuar las normas legales para proteger a la infancia. Dada su importancia debe darse un debate sereno, documentado, que incluya a penalistas, litigantes y activistas.

Lamentablemente, una campaña violenta y mentirosa se opone al proyecto, acusando que si se aprueba los hombres serán perseguidos.y muchas mentiras más. Mariel Paz abogada defensora de derechos ha dado, a mi juicio, la explicación más clara y contundente sobre los orígenes y alcances de la propuesta de ley: https://www.facebook.com/share/v/18N39zVLDj/

Bolivia tiene la oportunidad de adoptar medidas en favor de los niños, niñas y adolescente para protegerlos de la violencia sexual. Para eso se propone la incorporación del tipo penal de violación incestuosa, la eliminación del estupro, y el reconocimiento de la falta de consentimiento de menores de edad, como elemento constitutivo del delito de violación para garantizar el acceso a la justicia; estos son los aspectos más destacados.

Actualmente, el proyecto esta siendo discutido ampliamente y se están planteando modificaciones que —se espera— deriven en una propuesta final. Es de esperar que el proyecto se enriquezca con los aportes de los y las mejores penalistas.

Hay, sin embargo, algunos aspectos relevantes que deben considerarse: el primero y más importante es el relacionado con la crisis del sistema judicial. Mientras este no sea reformado seguiremos acumulando leyes que atienden los casos de delitos sexuales repitiendo las mismas prácticas que relata Jaqui y que dieron lugar a la sentencia. El desistimiento, la corrupción y la ignorancia conspiran contra el acceso a la justicia. De hecho, muchos de los casos podrían resolverse apelando a los acuerdos internacionales firmados por el Estado boliviano y que protegen a mujeres, niñas, niños y adolescentes, pero que permanecen de adorno en la Constitución.

En segundo lugar, es necesario reforzar la formación de jueves, fiscales y policías. El nuevo gobierno haría bien en evaluar lo que se hizo en este ámbito y repensar un nuevo programa de renovación de la formación de operadores de justicia desde los territorios. En particular, la policía debiera dejar de asignar los casos de violencia a los policías sancionados o que no tienen la simpatía de sus jefes. Se dice que esos destinos se viven como castigo. Una policía judicial especializada debiera ser prioridad.

En tercer lugar, tan importante como el acceso a la justicia es la prevención del delito. Por eso, preocupa que en la reforma educativa, la educación sexual no tenga la importancia que se requiere. Las mismas voces antiderechos que se oponen a la Ley Brisa rechazan una educación sexual integral y han llegado a instituciones religiosas, centros culturales, juntas de vecinos, comités cívicos y líderes políticos. Si las niñas y niños aprendieran a leer y sumar al mismo tiempo que a proteger sus cuerpos, en unos años tendríamos menos víctimas y mejores personas.

Juntar las aguas de la excelencia en el Legislativo y lograr la movilización de la sociedad para proteger a nuestras niñas, niños y adolescentes, eso sería muy bueno.

Sonia Montaño Virreira es socióloga jubilada y feminista por convicción.

Las opiniones de nuestros columnistas son exclusiva responsabilidad de los firmantes y no representan la línea editorial del medio ni de la red.

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