Atropellos políticos, empresariales y judiciales contra los periodistas

Opinión

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Hernán Cabrera M.

En los últimos tiempos se ha normalizado una práctica de orden político, judicial y empresarial contra los periodistas. Han sido golpes duros al ejercicio profesional; en contrapartida, ni el entonces “gobierno revolucionario” del MAS ni su poderoso Ministerio de Trabajo hicieron mucho para evitar las vulneraciones a los derechos laborales de los periodistas. Incluso, desde esferas gubernamentales, fueron parte de esas prácticas.

Ni las reacciones vinieron con fuerza, más allá de simples comunicados de apoyo de las asociaciones de periodistas, federaciones y confederaciones de la prensa, que siguen mirando de palco los atropellos físicos, económicos, juicios, agresiones y otros hacia los hombres y mujeres de la prensa boliviana.

Hace años se cerró Página 7 y sus periodistas no han recibido aún el pago de sus beneficios sociales. Antes, se cerró La Razón y exfuncionarios han iniciado juicio a los dueños. Ahora, el cierre del periódico de Cochabamba Opinión, a cuyos trabajadores se les debe diez meses de sueldo y 25 de ellos están en la calle. Sobreviviendo quizás con otros oficios y con seguridad acudirán a las redes sociales que se han convertido en alternativas para generar sus propios emprendimientos periodísticos.

El Día de Santa Cruz también cerró sus ediciones y se trasladó a la plataforma digital. El Deber, hace meses despidió a muchos trabajadores. La mayoría de los otros medios están subsistiendo con sueldos miserables, con pasantes y presiones: “O lo tomas o lo dejas”.

Ni se diga del juicio de Las Londras, cuyos agresores están felices y los periodistas agredidos van en peregrinación buscando justicia. Pero este escandaloso hecho no mereció ni mayor cobertura ni rechazo de los otros gremios, a excepción de la Asociación Nacional de Periodistas que hace un seguimiento. La cobertura de los medios de este hecho es escasa.

Las recientes declaraciones de los candidatos a la segunda vuelta a la gobernación de Santa Cruz: Otto Ritter y JP Velasco, alegremente acusan a los periodistas de estar pagados por el frente contrario y reciben insultos de sus seguidores. Y los que cubren esas conferencias de prensa solo ríen y miran con ojos rabiosos a los acusadores.

Pero ante ello, se permite el desprestigio, la afrenta, la puesta en duda de la credibilidad de la prensa, y de yapa no hay ninguna instancia que salga a cuestionar a esos imberbes candidatos, que creen que con un poco de poder pueden decir los que les dé la gana.

Ni un solo comunicado furibundo o suave de parte de las asociaciones de periodistas, sindicatos, federación de la prensa, colegio de comunicadore y ramas anexas contra estas fáciles acusaciones. ¿Miedo? ¿Complicidades? ¿Cálculos electorales? Quizás esperando el resultado de la segunda vuelta para no pelearse con ninguno de los candidatos.

¡Qué tiempos eran aquellos de verdadera lucha sindical con la Confederación de la Prensa al mando de Remberto Cárdenas, Freddy Morales, o en Santa Cruz con la Federación de Trabajadores de la Prensa bajo el liderazgo de Antonio Miranda, Robert Shock y el asesoramiento de Osman Patzi, proceso al que coadyuvamos de forma intensa en la Secretaria Ejecutiva de la entonces la más importante institución del gremio cruceño.

Ante cada agresión política o empresarial salíamos a las calles, con marchas masivas y bulliciosas; con procesos judiciales a los agresores; con la creación de sindicatos al interior de los medios de comunicación; con intervenciones de la Dirección del Trabajo ante denuncias de despidos o acoso laboral; con la publicación permanente del periódico La voz de los trabajadores de la prensa a través del cual se denunciaba todo atropello hacia los camarógrafos, fotógrafos, editores, reporteros, secretarias, choferes, ayudantes de piso, de cámara, etc.

Por lo menos sentían vergüenza los agresores y tenían que rectificarse en sus decisiones. Pero ahora no hay la mínima presión mediática ante muchos casos de falta de respeto al trabajo periodístico, y eso coadyuva a que cualquier mortal se crea en su derecho de insultar y carajear en las coberturas de la prensa. Los medios de prensa callan muy sospechosamente ante tantos agresores políticos, empresariales, religiosos, cívicos.

Ante esos esfuerzos había una militancia activa de los afiliados que respondían al llamado de sus dirigentes, que no se contentaban solo con comunicados o conferencias de prensa. Sin embargo, hoy se ha perdido esa mística, esa pasión dirigencial y ese alto compromiso al frente de una institución gremial o profesional de la prensa boliviana.

El MAS hace tiempo se apropió de la Confederación de la Prensa y de la actual Federación de Trabajadores de la Prensa de Santa Cruz, a ello se obedece que nunca salieron a las calles o reclamaron por los atropellos en los últimos años del gobierno de Evo Morales y en los cinco años de Luis Arce.

Pero como los periodistas son seres humanos de temple, así como el acero, vienen asumiendo los retos con dignidad y altura, muchos dedicándose a otras actividades que no sean periodísticas; otros han emergido en las redes sociales con sus plataformas digitales de prensa, donde la competencia es intensa, fuerte y a veces desleal, porque algunos espacios se arrodillan ante el poder para conseguir jugosos contratos publicitarios.

Es evidente que son otros tiempos duros, difíciles; pero hay algo esencial que queda y es el motor del periodista: su pertenencia por el periodismo, su amor y pasión por la información y su convicción de que se es periodista para siempre. Y su lucha siempre debe estar llena de convicciones.

“El periodismo no se puede concebir sin un compromiso político. Si no haces periodismo de denuncia o de protesta, no sé lo que estás haciendo”, nos advierte la escritora mexicana, Elena Poniatowska.

Hernán Cabrera es periodista y licenciado en Filosofía.

Las opiniones de nuestros columnistas son exclusiva responsabilidad de los firmantes y no representan la línea editorial del medio ni de la red.

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