Turismo interno sin conciencia: feriados y basura

Opinión

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Rubén Ticona Quisbert

Recuerdo cuando era un adolescente en los años 90; un fin de semana animé a mi grupo de amigos a salir al municipio rural de Achocalla. En esos años, el lugar estaba poco poblado y presentaba una mayor cobertura vegetal. Lo más atractivo de aquel municipio es la laguna natural y, sobre todo, su cercanía a la ciudad de La Paz. Buscando un lugar apropiado donde armar la tienda de campaña, observé que no existía espacio que no presentara basura. Enfadado, encontré un lugar de mi agrado y les pedí a los chicos que me ayudaran a recoger los desechos. Sin preocuparnos por la hora, se nos había ido la tarde limpiando. Recuerdo que, mientras lo hacíamos, una niña frente a nosotros tiró su envoltura de helado ante la presencia de su madre. Era notorio que la familia estaba de paseo y provenía de la ciudad. Me aguanté la recriminación y continué con el trabajo. Al final, terminamos volviendo a la ciudad con una cantidad considerable de bolsas de basura.

En la actualidad, es fácil intuir la presencia de población urbana por el rastro de desperdicios que dejan en el área rural. No hay viaje a Copacabana donde no se observe a familias enteras comiendo o preparando su alimento a orillas del lago, dejando kilos de basura en el medio ambiente. Entre estos restos podemos hallar cantidades exorbitantes de pañales de bebé, botellas de vidrio rotas, envases plásticos de gaseosa, platos desechables y bolsas. La misma imagen se repite en los destinos de turismo interno en toda Bolivia; la ausencia de cultura medioambiental en nuestra población es preocupante. En algunos casos, ni los municipios se hacen cargo de manera efectiva estos residuos, por la falta de recursos y personal. En el caso de Copacabana, esta basura va a parar a las profundidades del Lago Titicaca, sumándose a los desagües de aguas servidas de las ciudades de El Alto y Viacha. Cuando viajé por primera vez a Pando y me animé a navegar el hermoso río Tahuamanu en el municipio de Porvenir, la imagen fue la misma: ver cómo botellas de plástico flotaban en el río junto a bolsas de nailon y grupos de tortugas, fue deprimente.

Es un fenómeno observado en varios países en vías de desarrollo con urbanización acelerada y brechas educativas. En Latinoamérica, países como Perú, México y Colombia enfrentan retos similares en sus zonas rurales. Existe un caso alarmante en la India, donde el río Ganges, considerado sagrado por los hindúes, es también uno de los más contaminados. Se identificó que el 52% de los desechos en sus orillas son envases y embalajes, seguidos por fragmentos plásticos y colillas de cigarro. La actitud de los hindúes frente a su río sagrado debe ser tomada como advertencia. Si bien la falta de educación en el manejo de residuos es una característica de países en vías de desarrollo, la actitud de la población es lamentable debido al desinterés que muestra en el cuidado del entorno.

Existe, además, una sobrecarga de pequeñas agencias de turismo local que ofrecen caminatas a nevados o áreas protegidas, pero que no tienen la mínima responsabilidad de mantener limpios esos espacios tras las visitas. Mucha gente de las ciudades percibe el «campo» como un espacio ajeno o un «vertedero infinito». Existe una falta de empatía ambiental hacia la fauna local (como aves y peces), ya que no ven las consecuencias inmediatas de que un animal ingiera microplásticos o vidrio. Comúnmente los animales silvestres confunden los residuos con comida, lo que provoca muertes por obstrucción intestinal o intoxicación química.

La población usualmente echa la culpa de los males de Bolivia a los políticos, pero no toma en cuenta que en nuestras manos está algo muy importante: el cuidado del medio ambiente y de los ecosistemas. Esperamos que los trabajadores municipales de limpieza recojan lo que botamos en la calle, justificándonos muchas veces en el pago mensual que realizamos por el servicio. Escapamos de la ciudad buscando tranquilidad y naturaleza, pero solo dejamos caos y suciedad. Los bolivianos no nos hacemos responsables de nuestras acciones; buscamos responsables o culpables, ignorando que la solución a muchos de nuestros problemas está en nuestras manos.

Actualmente, el grado de contaminación del Lago Titicaca es alarmante, al igual que el de otros ríos y lagos del país. Si bien como sociedad tenemos la obligación de reclamar a las autoridades un mayor control de las actividades mineras y un mejor tratamiento de residuos y aguas servidas, como población debemos poner de nuestra parte en el cuidado y mantenimiento de un medio ambiente limpio y sano.

Rubén Ticona Quisbert es economista y defensor ambiental.

Las opiniones de nuestros columnistas son exclusiva responsabilidad de los firmantes y no representan la línea editorial del medio ni de la red.

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