Mileivadas

Opinión

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Carlos Derpic

El presidente argentino Javier Milei se ha caracterizado por sus declaraciones estridentes, plagadas de menosprecio e insultos a sus adversarios y, no pocas veces, de verdaderos exabruptos y barbaridades. Esto podría dar lugar a que en Argentina se publique alguna obrita como la que hace varios años atrás se publicó en Bolivia, bajo el título de “Evadas” sobre las desopilantes frases del expresidente Evo Morales.

El lunes 23 de marzo, en medio de acusaciones serias de corrupción a su jefe de Gabinete Manuel Adorni, y del caso $Libra que lo involucra cada día más, lanzó unos mensajes calificados de enigmáticos por los diarios que lo apoyan. El primero de ellos, referido a la traición, decía: “La traición nunca viene del enemigo… sino de alguien que supo ganarse tu confianza”. Ante la repercusión que tuvo tal posteo, volvió a enviar otro mensaje: “Veo algunos periodistas —o personas que dicen ejercer el periodismo— alterados por un reposteo mío en Instagram sobre la traición. Dejen de elucubrar fantasías. Si quieren una pista vayan a buscar a la que se cree que es ‘Sigfrida’ (KAOS). CIAO!” ¿A quién se refería? Sólo él lo sabe.

A ello se suma el comunicado de su gobierno hecho público ayer, 24 de marzo, por el 50º aniversario del golpe de Estado que llevó al poder al temible trío Videla—Massera—Agosti, restaurando la teoría de los dos demonios y pretendiendo eximir de culpa a quienes instauraron el terrorismo de Estado desde 1976 en adelante.

Lo cierto es que los exabruptos mileístas (¿o milenianos?) ya son moneda corriente, y se producen ahora que el diario Infobae acaba de publicar una noticia que da cuenta que, desde el comienzo del mandato de Javier Milei, cerraron unas 22.608 empresas, un 4,4% del total, retroceso que profundiza una tendencia negativa que, según un informe de la consultora Fundar, es comparable en magnitud al desplome registrado durante la pandemia y marca la peor contracción en los primeros 25 meses de gestión para un gobierno desde 2003.

El pasado lunes 16 de marzo, en ocasión de un evento de la Bolsa de Comercio celebrada en Córdoba, Milei volvió a las andadas, atacando al ambientalismo cuando dijo: “(…) no sea cosa de que, con esto de cuidar a la Tierra, con el ambientalismo idiota (..) hay que destruir al ser humano porque rompe el planeta. Y ¿Para qué está?, digo ¿Para qué nos dio el Creador el planeta, para qué? ¿Para contemplarlo? (…)”, agregando luego que, de lo que se trata, es de romper la Tierra, reventarla. Dijo todo esto (y varias cosas más), mientras impulsa la derogación de la Ley de Glaciares, que prohíbe actividades mineras en la zona periglaciar argentina.

Los intelectuales Maristella Svampa y Enrique Viale criticaron a Milei por sus dichos, señalando que su visión es “creacionista—antropocéntrica—destructiva” que está lejos de ser la única mirada dentro del cristianismo, incluso si nos remitimos a tiempos lejanos. “El ejemplo de Francisco de Asís es el que inmediatamente salta a la vista, pues proponía la humildad y la empatía para con los más pobres y vulnerables, y la humildad del ser humano en relación con las otras especies”, afirmaron.

Más allá de esto, y para confirmar que, como en todo, hay varias visiones del mundo, conviene hacer referencia al filósofo brasileño Ailton Krenak, primer indígena que, en abril de 2024, fue incorporado como miembro de la Academia Brasileña de las Letras.  Autor de tres libros muy importantes (“Ideas para postergar el fin del mundo”, “La vida no es útil” y “Futuro ancestral”) sostiene que “Si hay un futuro que imaginar, es ancestral, pues ya está presente en el aquí y ahora y en lo que existe a nuestro alrededor, en los ríos, las montañas y los árboles que son nuestros parientes”, para añadir: “La idea de futuro ancestral reivindica que cualquier proyección de futuro debe partir de presentes habitables. Para ello es necesario articular relaciones interespecíficas y vincularnos con el planeta desde el respeto y el reconocimiento”. El autor insiste en que solo habrá mañana si aprendemos a cuidar el lugar que estamos pisando hoy.

El chamán y filósofo brasileño Davi Kopenawa Yanomami y el antropólogo francés nacido en Marruecos Bruce Albert han publicado una formidable obra, “La caída del cielo”, publicada originalmente en francés y traducida a la fecha al castellano, inglés, italiano y portugués, que es considerada como uno de los principales libros amerindios producido mediante el uso de la escritura alfabética.

Está dividido en tres partes, cada una con ocho capítulos cronológicos y temáticos: I. Devenir otro; II. El humo metálico; y III. La caída de cielo. El primero se centra en la formación y experiencia chamánica de Kopenawa; el segundo sobre las consecuencias de la invasión de los garimpeiros, o mineros de oro en Brasil; y el tercero sobre su liderazgo en Brasil e internacionalmente en nombre de la supervivencia, el bienestar y los derechos de los yanomamis. Es otra visión del mundo, que respeta a la Gaia, la Pachamama, la Madre Tierra.

Leonardo Boff y el papa Francisco (“Laudato Si”) son también ejemplo de quienes piensan (y viven) que hay que respetar al planeta, a sus habitantes y, particularmente, a los más pobres.

En medio de tanta oscuridad, el astrónomo Matthew Middleton decía: «Así que sí, en principio, la luz dura para siempre», es decir, la luz no tiene fecha de caducidad. Si viajara por el espacio vacío, seguiría brillando para siempre. Y aunque interactuara con algo, no sería destruida, solo se convertiría en una forma diferente de energía.

De modo que, a confiar en que la luz prevalecerá por encima de las tinieblas.

Carlos Derpic es abogado

Las opiniones de nuestros columnistas son exclusiva responsabilidad de los firmantes y no representan la línea editorial del medio ni de la red.

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