No necesitas ser experto en derechos ambientales, ni especialista académico, ni enviado internacional para sentir y angustiarte por lo que el ser humano está haciendo contra la Madre Tierra y sus seres vivos. Solo un ciudadano con sentido común, preocupado por alertar de la forma irresponsable y abusiva con la que estamos actuando hacia la naturaleza, que nos pasará factura, y bien cara.
En la inauguración de la Cumbre de la Tierra, en septiembre de 2002, realizada en Johannesburgo, el presidente de Francia, Jacques Chirac, lanzó una seria advertencia: “Se nos está quemando la casa y miramos hacia otro lado”. ¿Qué hicimos estos últimos años?
Una sentencia lapidaria que los gobernantes, los que dominan el mundo con sus grandes empresas y los ciudadanos de a pie no tomarían muy en cuenta, y la casa se seguía quemando cada día que pasaba en el planeta Tierra. Una humanidad que, si bien sobrevivió a tantas calamidades en cada época histórica, como pandemias, guerras, catástrofes, matanzas, genocidios, ahora se encuentra ante el reto más difícil de afrontar, porque se trata de generar, proteger, construir y expandir la vida no solo del ser humano, sino de todos los seres vivos de la Pachamama, Gaya o Madre Tierra. “Dentro de los 4.000 millones de años de historia de la vida sobre nuestro planeta, dentro de los 4 millones de años de historia de la familia humana, hay una sola generaci6n privilegiada que podrá vivir este momento único de transición: la nuestra”, nos alienta el científico Carl Sagan.
En Bolivia, desde hace muchos años venimos mirando para el otro lado o hacia cualquier otro lado, pero sin tomar conciencia de que tenemos que cuidar la Tierra y sus recursos naturales. Cuando ocurre algún hecho de la naturaleza, como lluvias permanentes, terremotos, deslizamientos de ríos y cuencas, incendios forestales, sin pensar un segundo, se dice que son “desastres naturales” y se acusa a la Madre Tierra de asesina, malvada, destructora y de no respetar la vida de los seres humanos. Así también lo repiten las cadenas de TV y periodistas que no tienen una mínima formación en temas ambientales y derechos de la Madre Tierra.
Un momentito: no son desastres naturales. Revisen el diccionario o, por lo menos, lean el libro de Rachel Carson, Primavera silenciosa: “El más alarmante de todos los atentados del hombre contra su circunstancia es la contaminación del aire, la tierra, los ríos y el mar con peligrosas y hasta letales materias”. Libro que se publicó en 1962 y que recibió la oposición de ciertos grupos y de quienes depredan y contaminan el medio ambiente.
La casa grande se está quemando por causa de la ambición desmedida del ser humano, por su afán imperioso de generar riquezas explotando los recursos del agua, ripio, arenas, minerales, bosques que, sabiamente, están en el lugar donde deben estar y cumplen con una función ancestral que los dioses de todas las religiones, o el Hacedor del Universo, les asignaron en sus respectivos lugares y con roles específicos. Cada ser vivo de la naturaleza tiene su responsabilidad para darle equilibrio y más vida a todo su entorno y a la humanidad en su conjunto. “Los juncos se han marchitado en el lago y ningún pájaro canta”, nos dijo el poeta inglés John Keats.
Pero cuando la mano del hombre, de forma caprichosa e irresponsable, cambia los cursos y las ubicaciones de esos elementos o los destruye, produce efectos mortales que luego se vuelven en su contra, ocasionando así lo que hoy estamos observando: inundaciones, ripios que cambian sus cursos, mazamorras que van destruyendo a su paso sembradíos, casas, caminos y, lo más grave, vidas humanas. Ahí están los ejemplos de la mano destructora del humano: la desgracia de Samaipata, El Torno, río Grande en Abapó, Yapacaní, Tipuani, los incendios forestales permanentes y otros tantos hechos como producto de los desmontes, la extracción de áridos, arena, ripio, que transformaron el espacio natural y el curso normal de cuencas y ríos que, al ser explotados de forma inmisericorde, buscaron otras salidas y así provocaron grandes titulares de prensa.
“El príncipe de las letras bolivianas”, Gabriel René Moreno, decía de la gente de las tierras bajas: “Son hermosos como el sol y la luna”. Pero, a este paso vertiginoso del desarrollo salvaje, no quedará nada de esa hermosura en los valles, parques, cuencas y lagunas que aún nos quedan en el departamento más extenso, variado y rico del Estado boliviano.
Y ese “río de pie”, que proclamaba el poeta Raúl Otero Reiche, está quedando en basurales y riadas de troncos, lodo, generando destrucciones que luego lamentan quienes propiciaron los desvíos, desmontes, quemas de árboles y las extracciones de los elementos que le dan equilibrio y armonía a cada río del planeta y de Santa Cruz.
“Soy pesimista respecto al género humano porque es demasiado ingenioso para su propio bien. Nuestra aproximación a la naturaleza consiste en derrotarla hasta la sumisión. Encontraríamos mejor oportunidad de sobrevivir si nos acomodáramos a este planeta y lo consideráramos con aprecio, en vez de hacerlo de manera escéptica y dictatorial”, sentencia con la que el escritor y ensayista estadounidense E. B. White puso el dedo en la llaga.
Al ritmo que la humanidad y sus gobernantes, en lo político y económico, van dinamizando las actividades, se perfila un escenario complicado y difícil, para no ser tan alarmista y hablar de un futuro dantesco o infernal. Pero eso sí: de continuar a este ritmo descontrolado, ambicioso y desmedido, así como decía el Tambor Vargas en su diario de la independencia: “Moriremos si somos zonzos”, podríamos advertir: “moriremos si somos zonzos en no respetar y proteger a la Madre Tierra y sus seres vivos”.
Esa Madre cada día es violada, explotada, incendiada… pero el violador, el explotador, el incendiario sigue en sus fechorías y goza de prestigio social y, en muchos casos, es autoridad ambiental, impune.
¡Qué paradojas de un Estado que tiene varias leyes ambientales, Ley de la Madre Tierra, la Autoridad Plurinacional de la Madre Tierra y discursos que hacen llorar al proclamarse defensores, amadores y protectores de esa Madre! Como diría cierto personaje en campaña: al carajo.
“Dentro de los 4.000 millones de años de historia de la vida sobre nuestro planeta, dentro de los 4 millones de años de historia de la familia humana, hay una sola generaci6n privilegiada que podrá vivir este momento único de transición: la nuestra”, nos alienta Carl Sagan.
Hernán Cabrera es periodista y licenciado en Filosofía.
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