Laudate Deum

Opinión

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Sumando Voces

Carlos Derpic

El 24 de mayo de 2015 vio la luz la encíclica Laudato Si (Alabado sea), sobre el cuidado de la casa, del papa Francisco, un documento que engrosó la Doctrina Social de la Iglesia que, desde el 15 de mayo de 1891, en que se emitió la Rerum Novarum (De las cosas nuevas) del papa León XIII, ha expresado la siempre esperada opinión de la Iglesia sobre “la cuestión social”, a despecho de sus detractores del ultraliberalismo y el marxismo trasnochados. La pertinencia de los documentos que la conforman está fuera de toda discusión y su permanente actualización a los problemas de las distintas épocas en que se emiten, la colocan a la vanguardia de diferentes temáticas.

Laudato Si, se ha caracterizado por varias cosas que no son menores: un enfoque no solo de ecología ambiental, sino de ecología integral, que entiende que la Tierra es un ser vivo, que todo en el planeta (y en el universo) está interrelacionado y que no solamente incluye los seres materiales, sino también a los seres humanos y, en particular, a los más pobres, que son los que más sufren (y sufrirán) las consecuencias del maltrato al que los poderosos del mundo someten a nuestro planeta.

Por otro lado, algo muy importante, el texto de la encíclica se inscribe dentro de la colegialidad, en tanto en cuanto toma en cuenta las contribuciones de decenas de conferencias episcopales del mundo entero, incluida la boliviana. Acoge también las contribuciones de otros pensadores, como los católicos Pierre Teilhard de Chardin, Romano Guardini, Dante Alighieri, su maestro argentino Juan Carlos Scannone, el protestante Paul Ricoeur y el musulmán sufí Ali Al-Khawwas, lo que muestra un espíritu ecuménico no muy frecuente. El papa no escribe en calidad de maestro y doctor, sino como un Pastor preocupado por el destino de nuestra casa común.

Pues bien, ocho años después de Laudato Si, que se inspiró en San Francisco de Asís, precisamente el 4 de octubre de 2023, día dedicado a este notable santo, el papa Francisco ha emitido la exhortación apostólica Laudate Deum (Alaben a Dios), en la cual comienza señalando que, ocho años después de la encíclica, advierte que no tenemos reacciones suficientes mientras el mundo que nos acoge se va desmoronando y quizás acercándose a un punto de quiebre. Dice que más allá de esta posibilidad, es indudable que el impacto del cambio climático perjudicará de modo creciente las vidas y las familias de muchas personas y que sentiremos sus efectos en los ámbitos de la salud, las fuentes de trabajo, el acceso a los recursos, la vivienda, las migraciones forzadas, etc.

Siguiendo la línea de la colegialidad, Francisco recoge las opiniones de los obispos norteamericanos, que afirmaron que “nuestro cuidado mutuo y nuestro cuidado de la tierra están íntimamente unidos. El cambio climático es uno de los principales desafíos a los que se enfrentan la sociedad y la comunidad mundial. Los efectos del cambio climático son soportados por las personas más vulnerables, ya sea en casa o en todo el mundo”; también las opiniones de los obispos latinoamericanos que en el Sínodo para la Amazonia manifestaron que “Los atentados contra la naturaleza tienen consecuencias contra la vida de los pueblos”; y las de los obispos africanos que dijeron, con toda claridad, que el cambio climático pone de manifiesto “un impactante ejemplo de pecado estructural”.

Apelando nuevamente al método “ver – juzgar – actuar”, pasa repaso a la crisis climática global, con sus resistencias y confusiones, las causas humanas (negadas sin fundamento por muchos) y los daños y riesgos que se presentan. Critica el paradigma tecnocrático invitando a pensar sobre nuestro uso del poder y planteando la necesidad clamorosa de un aguijón ético. Repasa la debilidad de la política internacional en la materia y hace una revisión de los avances y fracasos de las conferencias sobre el clima, para centrarse luego en la COP 28 que se celebrará en Dubai. Concluye con una referencia a las motivaciones espirituales que deben guiar el accionar de los católicos y de todos los hombres y mujeres de buena voluntad en el tema.

La palabra del papa ha encontrado eco en los obispos bolivianos. El último domingo, el obispo de El Alto, Giovani Arana, hizo un llamado a las autoridades para atender a los migrantes, la crisis climática con medidas efectivas y a los más pobres y vulnerables que son atropellados en sus derechos, pero sin maquillar las estadísticas. Y el arzobispo de Santa Cruz, René Leigue, también el último domingo, convocó a los ciudadanos a hacerse cargo de la defensa del medioambiente ante la inacción de las autoridades.

El papa y los obispos llegan a nosotros con palabras proféticas. Estamos convocados a defender la naturaleza, la madre Tierra, nuestra casa común. Por el bien de todos.

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Carlos Derpic es abogado

Las opiniones de nuestros columnistas son exclusiva responsabilidad de los firmantes y no representan la línea editorial del medio ni de la red.

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