La guerra y la actual desensibilización de la humanidad

Opinión

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Rubén Ticona Quisbert

Hace un mes, durante la jornada en la que se produjo el accidente aéreo en la ciudad de El Alto donde se transportaba dinero, observaba un medio de comunicación muy conocido a nivel nacional que realizaba la cobertura del fatal siniestro. Transmitían en vivo, aproximadamente a las 22:30 horas, el informe detallado de fallecidos y heridos brindado por la Ministra de Salud; sin embargo, intempestivamente y sin permitir que terminara de dar los datos sobre el número de heridos y requerimientos médicos, cortaron la transmisión, pasando a emitir imágenes en vivo de enfrentamientos entre la policía y pobladores que deseaban recoger dinero del lugar del siniestro. Inmediatamente me indigné con ese medio, ya que priorizó el conflicto por sobre la información de las personas accidentadas y su estado, datos que habrían permitido a la población actuar brindando alguna ayuda a los heridos.

Con el paso de los días, los medios dieron más cobertura al dinero sustraído y su validez; sobre todo en redes sociales, donde surgió una crítica irracional y racista contra la población de El Alto, generalizándola como gente insensible. ¿En qué lugar quedó el estado de los heridos? Eso pasó a ser información de tercer orden. Al final se decretó duelo por los fallecidos, pero algo me incomodó: tanto la población como los medios habían relegado a las víctimas a un simple número. Hoy nadie se pregunta qué pasó con ellos. Al igual que con los accidentes automovilísticos o los feminicidios, estamos llegando a normalizar las tragedias y, lo que es peor, la muerte por violencia.

Este fenómeno no es solo local, es mundial. Con los conflictos en Ucrania, Gaza, Sudan, Líbano e Irán, la comunidad internacional y la población están mostrando un desinterés preocupante por los civiles fallecidos. En años posteriores a la Segunda Guerra Mundial, estas incursiones militares habrían indignado profundamente a la humanidad. Cabe preguntarse qué cambió en las sociedades para pasar de sentir horror ante el Holocausto a aceptar como normal la muerte de cientos de niñas por un misil en Irán, la hambruna de millones de familias en Gaza, las muertes en Cisjordania o los recientes desplazamientos masivos en el Líbano. ¿Qué está pasando?

EE. UU., una de las naciones más poderosas, roza desde hace años la depresión económica; de no ser por cinco estados clave: California, Nueva York, Texas, Florida y Pensilvania, el país entraría en declive. Sus cartas para salvar la economía son la tecnología (Inteligencia Artificial) y el sector armamentista. Si bien los analistas suelen priorizar el primero, EE. UU. controla actualmente el 42% de las exportaciones globales de armas, un aumento significativo frente al 36% del periodo anterior (SIPRI, 2026). Para el cierre del año fiscal 2025, sus ventas totales sumaron $331,180 millones, un incremento del 4% respecto al 2024 (U.S. Department of State, 2026). Por su parte, Israel alcanzó en 2025 un récord de exportaciones de armas de $15,000 millones, convirtiéndose en el séptimo mayor exportador mundial (Times of Israel, 2026). Este armamento no solo va dirigido a los conflictos bélicos de oriente medio y Ucrania, también van a parar en manos de gobiernos autoritarios o grupos irregulares armados de todo el mundo (Africa).

Los conflictos bélicos actuales benefician directamente a estos actores. Una estrategia evidente ha sido el debilitamiento de la ONU para evitar sanciones e intermediaciones que frenen la escalada de violencia en el mundo. Otra estrategia es el uso de redes sociales para cuestionar información real de agencias confiables mediante generadores de contenido de extrema derecha que difunden fake news. Esto comenzó con la invasión a Ucrania, donde el gobierno ruso difundía videos señalando que las matanzas de civiles eran «actuaciones». Esta táctica fue replicada en Gaza. Una muestra reciente fue la negación del misil que mató a cientos de niñas en una escuela; la IA Grok, de Elon Musk, desvirtuó las imágenes confirmadas por medios como la BBC y Deutsche Welle, generando rechazo internacional por la manipulación de la verdad por parte de los dueños de esta IA.

Los hechos de tragedias; muertes de mujeres y niños son ahora vistas en videos de segundos en redes sociales fácilmente scrolleados, generando una inmutación social. En economía, podemos asociar este fenómeno a la escasez: cuando un bien satura al individuo, deja de ser trascendente. De forma voluntaria o involuntaria, las empresas dueñas del ecosistema digital generan apatía mediante la saturación de horror o la desvirtuación de noticias.

El psicólogo y Teniente Coronel del Ejército de EE.UU. Coronel Dave Grossman, en su libro On Killing (1995), asevera que el ser humano tiene una resistencia innata a quitar la vida a otro de su misma especie. Por ello, los ejércitos modernos utilizan el condicionamiento operante (pavloviano) para superar esta resistencia. Grossman advierte que la sociedad civil está replicando estas técnicas a través de Hollywood y los medios, convirtiendo la violencia en un acto mecánico. Hoy, esto se aplica mediante redes sociales y medios de comunicación de ultraderecha, de ahí el interés de empresarios aliados al poder político por comprar medios de comunicación y entretenimiento masivos como Warner Discovery.

Existen señales claras de que los conflictos no cesarán debido a los millonarios beneficios económicos que conllevan. Siempre asumimos que la guerra es un negocio, pero actualmente EE.UU. se juega su futuro con la industria armamentista y la IA. Lo lamentable es el rastro de familias destruidas y vidas de inocentes que conllevan estos conflictos bélicos. Concluyo esta columna con el número de civiles fallecidos en conflictos armados, registrados desde la invasión Ucrania (2022) hasta el día de hoy:

Gaza (Palestina): 80,692 fallecidos (70% mujeres y niños). (MoH Gaza/ONU, 2026).

Sudán: 150,000 fallecidos. (NYT/CFR, 2026).

Ucrania: 15,172 fallecidos (OHCHR, 2026).

Líbano: 4,990 fallecidos y más de 1 millón de desplazados. (Lebanon MoPH/Arab News, 2026).

Cisjordania: 1,553 fallecidos (OCHA, 2026).

Rubén Ticona Quisbert es economista y defensor ambiental.

Las opiniones de nuestros columnistas son exclusiva responsabilidad de los firmantes y no representan la línea editorial del medio ni de la red.

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